El buen periodismo escrito y gráfico se desmarca del morbo

- 11 de noviembre de 2018 - 00:00

Si bien la caricatura periodística utiliza la exageración o la deformación de algún personaje público o de un hecho con el fin   de ridiculizarlo, criticarlo, censurarlo o enaltecerlo, debe tratar de no caer en el morbo, la vulgaridad o emitir un mensaje con tinte machista.

La caricatura periodística -según los entendidos- se la plasma o crea con el propósito de expresar una crítica o un punto de vista sobre algo o alguien, de manera sucinta.

Y es que la caricatura, como género artístico, debe ser un retrato inteligente de la realidad, o la representación humorística que exagera los rasgos de algo o alguien, la vestimenta o los aspectos de comportamiento o modalidades de un personaje, pero no morboso, para no producir un efecto contrario en el lector: que en vez de llamar su atención, despierte su malestar.

Los elementos de la caricatura son: el personaje; gestos y expresiones; metáfora visual; el ambiente que abarca lugar, contexto o entorno en el que se desarrolla la historia; plano; color; lenguaje verbal y mensajes.

Con esos elementos se logra la caricatura, donde los personajes son, por lo general, personalidades conocidas: políticos, empresarios, artistas y deportistas. En otros casos se emplea a personajes anónimos, como vecinos o empleados públicos. También existen caricaturas sin personajes, donde, en cambio, se utilizan objetos, como tapas de periódicos.

Vale remarcar también que la caricatura periodística puede contener solamente  imágenes o incluir textos y diálogos muy breves.

Este género ayuda a interpretar los hechos o hacer una divertida crítica, con ironía o sarcasmo, pero debemos insistir en que tiene que guardar respeto al lector, y evitar el uso, por ejemplo, de frases morbosas como las que se publicaron en la página 10 del martes (Ideas & Debates). En la caricatura que hace alusión a los equipos punteros del campeonato nacional de fútbol: Macará, Barcelona y Emelec. Se pone como que

uno de los personajes le reclama al otro: “¡Oye, deja de resoplarme en la nuca!”, mientras que otro le contesta: “¡El que resopla soy yo...!”.

Lectores dijeron a esta columna que eso, incluso, se presta a interpretaciones de tipo machista.

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Defensoría de las Audiencias, artículo 73 de la Ley de Comunicación.

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