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Carol Murillo Ruiz

Lo que le falta a Quito

01 de agosto de 2016 00:00

Quito es una ciudad maravillosa por sus distintos flancos. Pocas urbes hay que se puedan explicar/conocer con un recorrido de sus cercanísimos puntos cardinales. Un relato turístico cualquiera escogerá entre literatura, crónica, arquitectura, periodismo o leyendas de distinto sabor que circulan, sobre todo, en el Centro Histórico.

La ciudad despliega una historia exuberante de personajes, hitos, corrientes políticas, usos religiosos, melindres aristocráticos, traumas de chullas y variadas expresiones de la fábula del bien y del mal que envuelve a las comarcas que tienen alma. Quito también ha sido -y es- la capital política del panfleto verbal y/o los golpes de Estado reales o ficticios.

El paso de los años curtió sus decisiones públicas. Sin embargo, un sector disperso en la ciudad, más por reflejo condicionado que por compenetración con valores pasados, se aferra a una visión noble de tutela y progreso. Tal fue la elección del actual Alcalde de Quito, que no sabe dónde está el gallo de la Catedral, pero acoge sin ambages los rezagos del credo colonial...

Por contraste, en octubre, en Quito se realizará Hábitat III, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible.

Delinear una agenda urbana en tiempos de cambio climático y emergencias naturales es obvio y urgente. Las ciudades devinieron en espacios sociales conflictivos y la dinámica urbana ha subsumido, sin piedad, el tejido vital y existencial de sus habitantes. Y digo habitantes adrede, porque habitar no es lo mismo que vivir en condiciones ajenas y a veces contrarias a la herencia cultural de pueblos que poco a poco se fueron urbanizando en lo material, pero no en lo social. Semejante contradicción ha hecho de nuestras ciudades -no solo de Quito- territorios donde la evolución urbana acarrea desajustes sociales irreversibles y ese nuevo ser social parece sucumbir -ayer y hoy- a la disciplina de su reciente localización. En fin, Hábitat III tratará la complejidad de habitar y vivir la ciudad en el siglo XXI.

Pensaba en esto mientras veía, al pasar, cómo se están acondicionando las instalaciones de la Casa de la Cultura Benjamín Carrión para la Conferencia Mundial Hábitat III. ¿Por qué Quito no tiene un recinto especial para eventos de este nivel? ¿Por qué la modernización que ha vivido la ciudad no consideró la construcción de un auditorio nacional que sirva de escenario para todo tipo de programas locales o internacionales? ¿O un recinto ferial con diversas instalaciones y auditorios a escala para la difusión de coloquios culturales, literarios, académicos, científicos o económicos?

Estamos a las puertas de la próxima Feria del Libro 2016 y volvemos a tener aprietos por la falta de un recinto ferial que ofrezca a los organizadores y la ciudadanía un espacio adecuado para la exposición de libros, diálogos con los autores invitados, movilidad de los visitantes y un largo etcétera.

Quito es una ciudad que ha caminado siglos y ha dado saltos en muchos aspectos. Hoy es imperativo diseñar una agenda urbana y social, y, también, sitios apropiados para conocer una de las obras humanas que más placer otorgan: el libro. (O)

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