Ser puente, camino y esperanza
Sucumbíos estuvo de fiesta este fin de semana. Daban nombres a un puente, una avenida y un monumento: el de monseñor Gonzalo López. ¡Hay muertos que se resisten a morir! Y Gonzalo es uno de ellos. Hasta dicen que ya hay obispos que felicitaron a la Federación de Mujeres de Sucumbíos y estuvieron presentes. La Iglesia está en crisis; Jesucristo no. Y Gonzalo era de los que siguen y proclaman a Jesucristo.
El puente y la avenida monseñor Gonzalo López Marañón abren camino hacia el corazón de la Amazonía. ¿Quién más que Gonzalo fue puente? Para abrir esta provincia al resto del país, para hacer conciencia de la importancia de la selva amazónica que es mucho más que el petróleo que nos regala, para defender los 5 pueblos originarios que la habitan con sus costumbres y sabidurías, para preparar la paz entre los pueblos hermanos y los países vecinos, para construir una Iglesia desde los laicos y los ministerios, una Iglesia comprometida con los problemas de la gente…
El monumento quiere recordar la herencia que sembró la congregación de los Carmelitos durante muchos decenios y que Gonzalo llevó a su cumbre, fiel al testimonio de monseñor Leonidas Proaño: la Iglesia de los pobres en Ecuador. El monumento está en un gran redondel: quiere recordar las vivencias alegres y dolorosas de varias generaciones que decidieron vivir su fe con los pies en la tierra, las manos unidas y hombros con hombros, iguales por su dignidad y su bautismo. Los símbolos surgidos del cemento y del hierro quieren perennizar un camino que se abrió en la selva y en los corazones por creer en la fraternidad, el compartir, la organización, la defensa de los derechos humanos, la fe liberadora de Jesús de Nazaret.
Puente, camino y esperanza: esa es la triple herencia que nos deja Gonzalo… mientras otros, tanto en la Iglesia como en la sociedad quieren construir muros, poner barreras y dictar normas intocables. Anticipando al papa Francisco, Gonzalo nos dice que más vale apostar por la misericordia que por las condenas, avanzar juntos en vez de añorar el pasado o imponerlo contra vientos y mareas, luchar decididos porque nada es imposible cuando estamos en el horizonte del Reino inaugurado por Jesús.
Gonzalo es la voz que no se apaga ni después que se lo desalojara de su casa y de su pueblo: su voz es la voz de los pobres y de los pueblos silenciados. Expulsado y calumniado por sus propios hermanos obispos, su nombre se alza más allá de sus perversas maniobras que no logran “tapar el sol con un dedo”. Gonzalo deja sembradas organizaciones fuertes de mujeres, de indígenas, de jóvenes, de ambientalistas, de ciudadanos de pie, de líderes incorruptibles, de sacerdotes felices… ¡Bendita envidia de los que solo protegen sus intereses mezquinos y su vanagloria pasajera, arropándose de autoridad y santidad!
Puente, camino y esperanza: es sobre todo el mensaje de un pueblo, el pueblo de los pobres de Sucumbíos, que quiere seguir digno, valiente y fraterno porque su pastor les confirmó en sus valores, su coraje y su fe. ¡Gonzalo amigo, eres vivo para varias lunas: gracias Sucumbíos! (O)
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