Ecuador / Martes, 17 Marzo 2026

Plan de lectura José de la Cuadra

Solemos afirmar que la sociedad ecuatoriana no ha desarrollado el hábito de la lectura. La realidad parece contradecir esta afirmación: las personas con las que nos topamos están escribiendo o leyendo todo el tiempo mensajes de texto, Twitter o avisos publicitarios en sus teléfonos celulares. En la vida cotidiana, todo lo que nos rodea está impregnado de números y palabras, ellas están en las señaléticas, en las vallas, las aplicaciones de nuestros ordenadores y en general en toda nuestra selva artificial. El capitalismo en toda su complejidad no pudiera operar si la mayoría de los consumidores no leyera etiquetas.

Es obvio sin embargo, que los textos masivos y comunes que leemos y asimilamos con relativa facilidad tienen una estructura gramatical y una característica comunicativa: son cortos, construidos con un diccionario reducido, acompañados generalmente con imágenes que promueven la vagancia interpretativa acrítica. Muchos mensajes siguen las formas imperativas y prometedoras de los eslóganes, respondiendo a un sistema que requiere acción productiva y persuasión consumista, ligado a un mundo cognitivo económico instrumental.

A pesar de que la gente lee y escribe más que antes, contradictoriamente las cifras de la mayoría de países latinoamericanos revelan que ha disminuido la capacidad analítica. Extrañamente los profesores universitarios constatamos que nuestros alumnos parecen haber reducido el universo del lenguaje, no manejan sinónimos, no decodifican las ideas de oraciones largas con complementos, y presentan serias dificultades para parafrasear, resumir e interpretar, capacidades que en cambio, de algún modo, fueron desarrolladas por el sistema educativo que sembró la revolución laica.

Hasta la generación de los 60, casi todos los niños y niñas que asistíamos a las precarias escuelas de entonces sabíamos resumir y hacer cuadros sinópticos a partir de un ejercicio conceptual básico. Aunque distinguíamos muy bien la descripción de la “realidad”, teníamos a la vez una relación cercana con la metáfora literaria. El ‘copy’ de entonces consistía en transcribir manualmente el texto de un libro, lo que obligaba a ejercer toda una operación cognitiva neurológica, que de paso permitía la interiorización de la sintaxis y  la ortografía. El libro impreso era entonces un objeto muy preciado, un contenedor de arte, sabiduría y conocimiento, que en sí mismo permitía una experiencia sensorial y cognitiva distinta a la que se produce cuando se usan dispositivos electrónicos.

El problema no radicaría entonces en la falta per se de lectura como una acción particular, sino en un desajuste sistémico, reflejo de un cambio civilizatorio en el que se están transformando los hábitos y sustancialmente la función, utilidad, estructura del lenguaje y formas de mediación con la realidad. El predominio de un pensamiento instrumental acrítico, ligado a una sociedad fundamentalmente operativa, sería el centro de la cuestión. Cuando una sociedad no interactúa críticamente con la realidad, tiene menos posibilidades de cohesionarse, crear y resolver problemas concretos.  

En el contexto citado, el Plan de lectura es una gran iniciativa del gobierno del presidente Lenín Moreno que puede constituirse en el  fundamento de una revolución educativa cualitativa, bajo el faro de la literatura y del gran José de la Cuadra (1903 – 1941), superando por supuesto las anomalías por las cuales Michel Foucault desarrolló la analogía entre fábrica, escuela y prisión. (O)   

En redes
Ocultar
Contenido externo patrocinado
Ultima Hora
Ocultar
Con la destrucción de esta pista, las FF.AA. buscan reducir las capacidades logísticas del crimen organizado.

El Bloque de Seguridad, con apoyo de la Fuerza Aérea, ejecutó una operación para inhabilitar una pista clandestina utilizada por el narcotráfico. La intervención realizada el 16 de marzo de 2026, incluyó maquinaria pesada y explosivos controlados.
Más noticias
Ocultar
La Refinería de Esmeraldas es la única planta industrial del país que produce asfalto.

La Refinería de Esmeraldas, la más grande del país, comenzó a retomar sus operaciones de forma progresiva desde el 16 de marzo de 2026, tras el siniestro registrado el 1 de marzo. Petroecuador informó que la reactivación sigue el cronograma técnico previsto.