La importancia de Lucy
El 24 de noviembre de 1974 se descubrió en Etiopía un conjunto de 52 huesos fósiles de un homínido, es decir un primate parecido al hombre moderno, que vivió hace 3,2 millones de años, tenía 20 años de edad, medía 1,10 metros, pesaba 20 kg en vida, tenía un cráneo menor al tamaño de un chimpancé, habría tenido hijos (por análisis de su pelvis) y, lo más importante, caminó erguido sobre sus pies, como se deduce de la forma de sus huesos. Se le llamó Lucy en homenaje a la canción de The Beatles y conmemoramos el aniversario 41 del fascinante hallazgo.
Para la ciencia evolutiva, el descubrimiento de Lucy (Australopithecus afarencis) es trascendental porque representa el paso del ‘mono al hombre’, y podría ser algo similar al eslabón perdido en el árbol genealógico de la evolución humana, completando lo que sabemos de nuestros antepasados primates.
Los restos paleoantropológicos son claves para explicar la evolución humana, lo que se llama proceso de hominización, y que ahora lo entendemos como un transcurrir largo, progresivo, complejo y parsimonioso. Lucy representa la evidencia de que procesos humanos como el caminar sobre los pies y armar la anatomía humana actual fueron producto de cambios adaptativos y por selección natural, que poco a poco se fijaron en los genes hasta producir nuevas especies más evolucionadas que las anteriores.
Lucy es nuestra antepasada, pertenece al grupo homínido junto con todos los otros importantes restos que evidencian el origen del hombre. Pero de estos antepasados nos alejamos y pertenecemos a un género con una sola especie: homo sapiens. Como especie, Lucy desapareció, pero como evidencia evolutiva, es uno de los más antiguos antepasados encontrados.
Los estudios genéticos en los restos fósiles dan cuenta también de la evolutiva antropogénica. El ADN de los homínidos es muy similar; existen pequeñas diferencias (hasta de un 3%) entre los diversos integrantes de este grupo biológico, pero son precisamente las particularidades del ADN de cada especie las que las hacen singulares, incluida la más desarrollada, el homo sapiens.
Conjuntamente, los datos paleoantropológicos y genéticos modernos sustentan la evolución humana en la teoría sintética de la evolución. Entendemos las semejanzas anatómicas y genéticas y podemos evidenciar también sus intrincadas diferencias. Todas las especies del planeta compartimos el mismo ADN en expresiones más o menos complejas y todas somos parientes de genes. Lucy conmemora nuestro origen primate por su parecido físico. (O)
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