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El Telégrafo
Bernardo Sandoval Córdova

Efectos de la reforma universitaria

14 de octubre de 2018

Con alarde se promocionó que la Revolución Ciudadana cambiaría para siempre y, para bien, la educación universitaria en Ecuador. En 2008, en Puembo, el expresidente Rafael Correa se reunió con autoridades universitarias para informar que, para la reforma del sistema, sería tomada en cuenta la opinión de las universidades, incluso en los  diversos aspectos de la Ley Orgánica de Educación Superior.  ¡Falso! Esta terrible ley fue construida  sin participación de las instituciones de educación superior.

Fue creada bajo los preceptos de establecer el control absoluto de las universidades y de imponer castigos desproporcionados para estas como instituciones y para sus autoridades. El principio de la autonomía universitaria fue violado a pesar de que reiteradamente se ha recurrido a la mentirosa muletilla de la “autonomía responsable”.

Escandalosamente esta Ley Orgánica de Educación Superior fue aprobada por escasísimo margen y expedida el 12 de octubre de 2010. Este fue otro episodio bochornoso de la Asamblea correísta en la que no se discutían las leyes ni sus artículos, sino solamente se votaba por informes. Las universidades públicas fueron mal atendidas por el Estado y se crearon varias universidades “emblemáticas”, una de ellas “Yachay”, llamada a constituirse en el núcleo de un “Silicon Valley” criollo. Cuánto despilfarro!  

Con la visión del control absoluto, la Universidad Estatal de Guayaquil fue intervenida, como  lo fue también la Universidad Nacional de Loja.  En ambas pululan los conflictos.  La intervención en la U. de Guayaquil no ha impedido la perpetuación de sus inveterados problemas.  La actitud de las nuevas autoridades de la Senescyt, CES y del Caces -ex Ceaaces-, ha sido amable, de ponderación y de propensión al diálogo que ha sido bien recibido por la comunidad de universidades.

Con este buen talante se ha invitado a la U. de Guayaquil, por parte de la doctora Catalina Vélez, Presidenta del CES, a que sea la propia universidad la que, en el marco de su autonomía y respetando la Ley, salga de su atolladero a través de convocar a elecciones para Rector. La Universidad Estatal de Guayaquil deberá demostrar madurez para que las terribles historias de los años setenta, aquellas historias de los Atala y otros grupos, solo sean malos recuerdos. (O)

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