Los eufemismos son formas políticamente correctas de decir cosas que dichas con franqueza, sonarían demasiado feas. Son una herramienta recurrente del discurso político y, por supuesto, de los medios de comunicación. La mayoría de ellos han sido importados; en particular durante la era neoliberal, que se construyó, en gran parte, sobre la base seudo-técnica de eufemismos blandidos por tecnócratas egresados de Boston y Chicago. Así, el despido masivo de trabajadores llevaba el nombre de “flexibilización laboral”. Y ser flexible era bueno. La destrucción y privatización del aparato estatal se llamó “ajuste estructural”. Y “ajustar” y “estructurar” sonaba serio. Había “libre mercado”. Y la libertad, anhelada por todos, se contraponía fácilmente a los barrotes opresivos de las “barreras arancelarias”.
“Los eufemismos son formas políticamente correctas de decir cosas... demasiado feas...”
Los eufemismos también jugaron un papel importante en la crisis que vivimos hoy. Los paquetes de préstamos hipotecarios “subprime” (“subprime” quiere decir “menos que óptimo”) no eran más que paquetes de deudas incobrables: plata prestada a clientes sin posibilidad de pagar casas en mal estado. Pero, en Wall Street, se unieron miles de deudas de ese tipo en paquetes multimillonarios, revendidos luego en bolsas de Londres o Tokio. Y los paquetes tenían nombres buenos, admiten los cómicos británicos Bird y Fortune. Se llamaban los “vehículos de inversiones estructuradas”, lo que suena mejor que “paquetes de deudas incobrables”. De hecho, el famoso banco Bear Sterns tenía dos paquetes con nombres aún mejores: el “fondo de estrategias de crédito estructurado de alto grado” y el “fondo de apalancamiento mejorado de crédito estructurado de alto grado”. Bird y Fortune se admiran de lo original: “Está la palabra “alto”. “Alto” es bueno, mejor que “bajo”. Y “estructurado”. Muy bueno… Está la palabra “mejorado”. Me encanta “mejorado”. Compraría cualquier cosa que diga “mejorado”. La burbuja, no obstante, reventó, y ni la obscena inyección de $3.2 mil millones a uno de los paquetes pudo salvarlo.
Si los eufemismos se redujeran al tecnicismo de la mañosería especulativa, quizás no serían tan graves. Pero los eufemismos lo permean todo. Cuando el ejército de EE.UU. masacra a mujeres y niños en una aldea del Medio Oriente, los medios hablan de “daño colateral”. Cuando en Irak, se desata una verdadera guerra civil, hablan de “violencia sectaria”, dando a entender que son incidentes aislados.
La tragedia de los “falsos positivos” en Colombia es otro eufemismo. Se trata de una práctica antigua, producto de presiones provenientes desde arriba, de alimentar los medios con imágenes de guerrilleros muertos en combate. Esto se logra disfrazando a campesinos u opositores, sin ningún vínculo con la guerrilla, con uniformes de las FARC, y ejecutarlos extrajudicialmente para dar la impresión de “terroristas abatidos”: claro… “falsos positivos”. ¡Al perro, perro! En Colombia hay genocidio y en Wall Street una manada de incompetentes. No caigamos en eufemismos que manejados por medios comprometidos con el verdadero poder ablandan los crímenes de los poderosos.