Máxima, la indígena iletrada que le ganó a una multinacional

- 28 de Abril de 2016 - 00:00
Máxima Acuña de Chaupe , en el centro, junto a su familia, sufrió abusos legales y maltrato físico y sicológico durante 4 años. Hoy es un símbolo de lucha en el mundo.
Ilustración hecha con foto de los guardianes del agua

La mayor riqueza de esta mujer, oriunda de la sierra norte de Perú, es una manada de ovejas y el agua de una laguna.

Aquí el famoso cliché bíblico de la lucha entre David y Goliat se ajusta perfectamente. Pero además, esta historia, la de la familia cajamarqueña Chaupe Acuña, parece salida de las teorías de la conspiración.

Una multinacional de la explotación de recursos naturales se convierte en ‘víctima’ de una ‘perversa’ familia de indígenas del páramo peruano. Nativos cuya mayor riqueza son una manada de ovejas y una parte del agua de una pequeña laguna, la que utilizan para beber.

Efectivamente, la vida de Máxima Acuña de Chaupe cambió radicalmente de la noche a la mañana. En una entrevista con la revista digital La Mula, Acuña cuenta que un día, después de permanecer 3 meses enferma en casa de unos familiares, regresó a su rancho en Tragadero Grande y se encontró con que por su terreno pasaba una carretera. Su tío, quien le cuidaba la casa, le explicó que habían construido la vía trabajadores de la minera Yanacocha, subsidiaria de la multinacional estadounidense Newmont Mining Corporation.

Máxima se movilizó entonces hasta Cajamarca a las oficinas de la minera para reclamar por la arbitrariedad y se encontró con una sorpresa mayor: las tierras que compró en 1994 con todos los trámites de ley y donde había construido su familia ya no le pertenecían. El ingeniero que la atendió incluso le advirtió que debía desalojar. Era 2010 y así empezó el drama legal y el maltrato físico y sicológico en contra de la familia Chaupe Acuña.

Yanacocha inició una acción legal por usurpación de tierras en contra de la familia. Su abogada, Mirtha Vásquez, cuenta que el juicio estuvo cargado de abusos e ilegalidades. Vásquez defendió a la familia indígena con aportes solidarios, porque los Chaupe Acuña -a 4.000 metros sobre el nivel del mar- tienen que, como ellos mismo dicen, “arañar la tierra para conseguir su comida diaria”. En el litigio, que duró 4 años, sucedió de todo. Yanacocha no solamente que es subsidiaria de la transnacional Newmont Mining Corporation sino que además tenía el apoyo de sectores del Estado peruano. Máxima Acuña cuenta, por ejemplo, cómo un juez de la provincia de Celedín, sin ninguna prueba que demostrara que ella había vendido sus tierras, sentenció a favor de la minera.

La orden del juez no solo indicaba que la familia debía abandonar su tierra sino que además condenaba a 2 años de cárcel a 4 miembros de la familia Chaupe Acuña por usurpación agravada y a pagar una indemnización de 2.500 dólares a la multinacional. En medio del conflicto, Máxima cuenta a la revista La Mula lo devastada que se sentía, pero tan pronto salió la sentencia del juez puso una apelación que no sirvió de nada, ya que el abuso de autoridad se intensificó.

En agosto de 2011, 200 policías y trabajadores de la minera, sin ninguna orden en firme, invadieron su propiedad y derrumbaron su casa, incluso golpearon a ella y a su hija hasta hacerlas perder el conocimiento. “No tengo dinero, no tengo fuerzas”, dijo entonces Acuña. Sin embargo, imbuida de fortaleza y con organizaciones de derechos humanos y ambientalistas apoyándola, se volvió a levantar y esta vez trasladó su lucha a Cajamarca, a la corte de apelaciones, la que finalmente emitió una sentencia (17/diciembre/2014) que revierte lo actuado por el juez de Celedín.

El triunfo legal de Máxima Acuña, una indígena que no sabe ni leer ni escribir, pero con conciencia de sus derechos, es calificado en Perú y el mundo como el triunfo de David sobre Goliat. Desde entonces Acuña no ha dejado de recibir premios. En 2014 fue elegida como La Defensora del Año por la Unión Latinoamericana de Mujeres.

En 2016 obtuvo el Premio Goldman Edward Loure, por su logro en la titulación de tierras, el mismo premio que recibió Bertha Cáceres, de Honduras, quien en marzo fue asesinada. Acuña no se considera defensora de nada, tampoco cree que sea activista, ella solo quiere que la dejen vivir tranquila en sus tierras. (I)