Domingo, 08 Octubre 2017 00:00 Séptimo día

Sociedad

Algunos bebés fallecen mientras duermen, sin una causa aparente

Algunos bebés fallecen mientras duermen, sin una causa aparente
Foto: Internet

Se lo conoce como el síndrome de la muerte súbita del lactante y sucede con pequeños que gozan aparentemente de buena salud.

Redacción Séptimo Día

Uno de los miedos que tiene todo padre y madre a la hora de acostar a su recién nacido para que duerma es que este muera por alguna negligencia. No hay cuidados que estén de más u horas sin dormir para vigilar su descanso. Y es que llegar a la cuna y ver a un hijo muerto es una de las experiencias más desgarradoras y traumáticas.

Pero, a pesar de las medidas de seguridad que se toman, muchos infantes mueren sin ninguna razón aparente.

A esta realidad se la conoce como síndrome de la muerte súbita del lactante (SMSL). Las causas aún son un enigma para los médicos, pues se considera que entre 60% y 80% de estas muertes permanecen con autopsia negativa.  

La Asociación Española de Pediatría (AEP) define este síndrome como la muerte súbita de un niño de menos de un año de edad, que ocurre aparentemente durante el sueño y que permanece sin explicación después de la realización de una minuciosa investigación post mortem, que incluye la práctica de la autopsia, examen del lugar del fallecimiento y revisión de la historia clínica.

Este síndrome es más común en bebés de entre 2 a 4 meses de nacido.

Según la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP por sus siglas en inglés), en ese país cada año más de 3.500 bebés mueren a causa de este síndrome, por asfixia o estrangulamiento.

Existe varios estudios en los que se relaciona el SMSL a diversas causas, como a la postura en que duerme el bebé, al excesivo arropamiento al dormir, al sobrecalentamiento del ambiente, al hábito de fumar de la madre antes y después del parto, al hecho de compartir la cama con un adulto, entre otras hipótesis.

Por ejemplo, algunas investigaciones aseguran que la causa de la muerte súbita podría ser porque el bebé tiene anomalías al nacer, lo cual lo deja vulnerable a un fallecimiento natural. Otro enfoque relaciona la muerte con un déficit congénito o adquirido que impide el reconocimiento de patógenos, elementos que producen enfermedades o propician su desarrollo.

Según la AEP, recientes análisis demuestran que un porcentaje de muertes atribuidas al síndrome y que habían sido etiquetadas como inexplicables, fue debido realmente a trastornos genéticos relacionados con mutaciones en los genes involucrados en el transporte del calcio a nivel cardíaco.

Esta entidad asegura que la primera causa de este síndrome en niños y jóvenes es cardiovascular. Aunque las causas para el SMSL aún son un misterio, la AEP divide los factores de riesgo en 2 categorías: factores intrínsecos y extrínsecos.

Los primeros se refieren a factores genéticos, polimorfismos o ambientales que afectan la susceptibilidad del bebé, como la raza afroamericana, sexo masculino, la prematuridad y la exposición materna prenatal al tabaco o al alcohol.

Los factores de riesgo extrínsecos son de estrés físico, incluyen la posición para dormir boca abajo/lateral,  boca abajo, cabeza cubierta, dormir en un colchón de adultos o sofá, ropa de cama blanda, colecho y signos de infección del tracto respiratorio superior. El tabaquismo materno también puede considerarse como un factor de riesgo externo, sobre todo si se acompaña de colecho.

Pero también existen factores de riesgo con influencia prenatal, como son que la madre haya sido fumadora durante el embarazo, un control prenatal inadecuado, abuso de heroína, cocaína y otras drogas, que la madre sea multípara, que ha tenido varios partos, con intervalo de embarazos menor a un año, abuso de alcohol durante la gestación, obesidad materna, madre adolescente y anemia materna.

Para detectar una posible causa del SMSL es fundamental el trabajo en equipo en el que deben intervenir forenses, patólogos, cardiólogos, pediatras, microbiólogos, investigadores básicos y especialistas en metabolopatías; el objetivo es obtener un correcto diagnóstico de la causa última de la muerte y evitar nuevas muertes súbitas en las familias ya afectadas.

Aunque ninguna hipótesis es una explicación concluyente para todos los casos, uno de los avances más significativos que han realizado las investigaciones sobre las causas del síndrome es la posición prono, o boca abajo, del bebé al dormir.

Según Rocío Herrera, pediatra neonatóloga, cuando el niño duerme boca abajo tiene una respiración baja, ingreso de oxígeno bajo, eliminación de dióxido pequeño pero que a su vez lo vuelve a respirar, e impide que el bebé tenga mayor acción a una respuesta.

“Los recién nacido tiene una respuesta nula al presentarse un cuadro de apnea, que es una parada respiratoria, o a una bradicardia, que es cuando el corazón tiene latidos bajos, y se quedan completamente dormidos”, explica Herrera.    

Según la AEP, existen estudios en los que la falta de respuesta a la asfixia del bebé que duerme boca abajo también tendría una relación directa a una disfunción del sistema nervioso central y particularmente del nervioso autónomo.

La explicación es la siguiente, el sistema serotoninérgico, un neurotransmisor, juega un papel fundamental en la coordinación de la respiración, la sensibilidad al dióxido de carbono (CO2), así como en la temperatura corporal, el manejo de la tensión arterial y en la función autonómica. Cuando los niños duermen boca abajo o tienen el rostro tapado por la ropa de cama vuelven a respirar el dióxido de carbono que han exhalado.

El aumento del dióxido de carbono estimula los centros de respiración y el despertar en el cerebro. De ahí que un bebé normal se despertará, se dará la vuelta y comenzará a respirar más rápido cuando los niveles de dióxido de carbono aumenten. En los lactantes que sufren anomalías en el sistema serotoninérgico sus reflejos respiratorios para despertarse podrían verse afectados.

Otro efecto de dormir boca abajo sería la temperatura. La parte más caliente de los niños es el abdomen y, según Herrera, al dormir en esa posición el bebé no tiene la posibilidad de eliminar su calor.   

En los años noventa, las investigaciones comprobaron que la disminución de la prevalencia de dormir boca abajo disminuía la incidencia de muerte súbita. Según varios estudios -dice Herrera- la postura boca arriba ha disminuido en un 50% el SMSL.  

En esta posición, el bebé tiene mayor amplitud para oxigenar, el abdomen intercambia calor y le da mayor visibilidad a los padres para observar el rostro del menor. “El riesgo es, sobre todo en los seis primeros meses porque aún no se mueven, se los coloca en una posición y ellos se quedan así. Necesitan un control, ellos tienen la respiración muy baja y se debe estar pendiente”, dice la pediatra.

Para evitar la muerte súbita del bebé, además de la posición boca arriba, la AAP recomienda que el infante duerma en la misma habitación de los padres, pero en su cuna o en un moisés, nunca en una superficie blanda y en un espacio libre de juguetes o almohadas. Esto disminuiría el riesgo en un 50%.

Según la AEP, ante estas evidencias, a principios de los noventa se pusieron en marcha campañas de prevención nacionales e internacionales recomendando la posición supina, boca arriba. Desde entonces se estima que la incidencia ha descendido por debajo del 50%, de 1,2 por 1.000 nacidos en 1992 a 0,55 por cada 1.000 nacidos vivos en el 2006 en España.

Pero poner boca a bajo al bebé también trae sus beneficios, aunque hay que hacerlo cuando el bebé esté despierto y con vigilancia de un adulto. Por ejemplo, les ayuda a fortalecer los músculos del cuello y de los hombros, a que levante su cabeza, entre otros. “Cada posición tiene sus riesgos. Boca arriba impide la muerte súbita del bebé pero podría aplanar los huesos del cráneo ”, dice Herrera.  Este efecto secundario se lo denomina plagiocefalia. Esto sucede porque el cráneo del bebé es muy blando y  puede darse un leve achatamiento de un sector de la cabeza. Según Unicef, esto se resuelve espontáneamente y no afecta el desarrollo del niño.

Asimismo, muchos padres acostumbran a poner a los bebés de lado, pero ellos podrían moverse y quedar boca abajo, también es un riesgo. Herrera recomienda que si el infante va a dormir de lado, se estire el brazo que da al colchón para que le impida moverse. (I)

La Academia Estadounidense de Pediatría aconseja no usar monitores o dispositivos, como cojines para posicionar al bebé, promocionados para reducir el riesgo del SMSL. Foto: Internet

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Simples cuidados a la hora de dormir previenen la muerte del recién nacido

Para evitar este síndrome, Unicef publicó una serie de recomendaciones. En cuanto a la cuna, se aconseja que esté libre de almohadas, almohadones, ropa enrollada, muñecos y juguetes. El colchón debe ser firme y estar cubierto exclusivamente por una sábana fina.

El bebé debe quedar con sus brazos fuera de las sábanas y frazadas, así se evita que se deslice por debajo de la ropa de cama y duerma con la cabeza cubierta. Si hace mucho frío, es preferible ponerle al bebé más ropa y no recargarlo con mantas.

Se debe evitar el calor ambiental intenso y el exceso de abrigo del niño para que no se sofoque. Si el ambiente es frío, lo recomendable sería colocarle un gorro para impedir la pérdida de calor corporal.

En el caso de regurgitaciones, se sugiere que la cabeza esté elevada. (I)

Las estaciones frías del año, infecciones virales respiratorias o gastrointestinales, bajo peso al nacer y alimentación con fórmula también son considerados factores de riesgo. Foto: Internet

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