Adicción sexual ¿Problema o promiscuidad?

- 09 de julio de 2017 - 00:00
Foto: Internet

La sociedad los encasilla como ninfómanas o sátiros, pero detrás existe la falta de afecto o un trastorno químico del cerebro.

Alexis P. estuvo cerca de 22 años sumergido en el mundo de la adicción al sexo, alcohol y las drogas. Para él, tener muchas mujeres y serle infiel a aquella que tenía en su casa era algo normal, pues fue lo que vio en su hogar desde niño.

A los 13 años, en un viaje que hizo desde Quito hacia Santo Domingo, con todos sus compañeros de aula, lo primero que hizo fue visitar un ‘chongo’ o prostíbulo que, en ese tiempo, quedaban al filo de la carretera.

Él no sabía qué tenía que hacer ni qué era lo que iba a pasar. Dice que allí perdió la virginidad, al igual que sus compañeros. “Fue algo forzado, horrible”.

Al rememorar este episodio de su vida lo compara con la novela de Gabriel García Márquez, La cándida Eréndira y su abuela desalmada, donde la muchacha, al quedar sin padres, era vendida por su pariente a uno y otro hombre. Eso fue precisamente lo que vio aquella noche en la que su paseo de fin de año lectivo se convirtió en una entrega sexual a cambio de unos cuantos sucres, con una trabajadora sexual, en cuyo cuarto hicieron fila varios camioneros para también poseerla.

“En ese momento descubro que la manera de recibir algo de ese amor afectivo que no tenía en mi hogar (con sus padres) era teniendo relaciones con cualquier mujer; esa fue la base de tanta promiscuidad”.

Así pasaron los años, más de 2 décadas, en los que Alexis trabajaba de lunes a viernes con afán, pero llegado el último día laboral se juntaba con sus amigos, iba en busca de unos cuantos gramos de cocaína, le sumaba alcohol y cerraba la ‘faena’ con visitas a los prostíbulos hasta la madrugada. 

Confiesa que al estar siempre en contacto con prostitutas llegó al punto de suplicarles que le dijeran que lo amaban, aunque estaba consciente de que eso no era real, ya que solo se trataba de pagar por un placer carnal momentáneo.

“Yo entendía que esa era la manera más normal y correcta de vivir, que no estaba haciendo nada malo, que como hombre, en una sociedad machista, podía acostarme con la mujer que me diera la gana y no tenía por qué serle fiel a mi pareja”.

Sin buscar una excusa, resalta: “La sociedad machista y sin valores en la que vivimos te dice que mientras más relaciones tengas, eres un mejor hombre. Y eso es una equivocación”.

Reitera que el rechazo paterno y la falta de atención y afecto materno lo llevaron a buscar cariño en otros lugares, encontrándolo en los amigos y en el sexo.

Sin embargo, reconoce el sufrimiento que tuvo, pues de tantas relaciones sexuales ese vacío afectivo que tenía se ahondaba más en su ser.

“Quedé con el corazón completamente destrozado; además de haber engañado a muchas féminas solo para poder acostarme con ellas”.

Alexis salió de ese tormentoso estilo de vida que llevaba cuando leyó la Biblia, entonces entendió que Dios creó la intimidad sexual, al igual que el matrimonio,  y que solo Él podía llenar ese vacío que dejaron sus padres.

Ahora es un hombre renovado, que vive en comunión con una sola mujer, con quien, según su relato, disfruta a plenitud de su intimidad sexual, con la consigna de ser fiel.

La adicción al sexo que experimentó Alexis es una de las dependencias menos conocidas y visibles, ya que quienes la padecen la mantienen oculta y la disimulan. Hay estimaciones de que hasta el 6% de la población mundial la tiene y solo el 2% de los afectados son mujeres.

¿Cómo se los conoce?

En 1990, una de las estrellas de Hollywood, Michael Douglas, llamó la atención cuando trascendió que la causa por la que fue internado en una clínica de rehabilitación no fue precisamente por su adicción a las drogas o el alcohol, sino al sexo.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, realizó escáneres cerebrales a 19 hombres adultos mientras visualizaban imágenes pornográficas.

Esa investigación mostró que se activaron los mismos centros de recompensa que en el caso del cerebro de los adictos a las drogas cuando veían su sustancia predilecta.

Si la adicción sexual la padecen las mujeres se conoce como ninfomanía y, si es el caso de los hombres, satiriasis. Ahora, el término que se usa para definir de manera general esta conducta es hipersexualidad.

En este sentido, la psicóloga clínica Rosa Cepeda indica que el uso de estos términos a veces suele ser peyorativo y se lo hace con la finalidad de dañar, de señalar, de decirle a esa persona que tiene un problema, pero no le dan una solución.

Menciona que algunos casos de adicción al sexo tienen su origen en el abuso sexual infantil y eso conlleva a que esos niños despierten tempranamente a la sexualidad y, entonces, pierden los límites, el respeto, los valores y todo se centra en la satisfacción a nivel corporal, de sentir un orgasmo.

Asimismo, menciona que hay varones y mujeres que sienten que su único atractivo es solo a nivel sexual y lo intensifican.

Este tipo de conducta, según Cepeda, también se observa cuando el hombre llega a la andropausia, que es la desaparición progresiva de la actividad de las glándulas sexuales.

En esta fase el varón presenta eyaculación precoz o tiene problemas con la erección y es cuando la parte sexual se vuelve una obsesión. “Es un deseo de reafirmación masculina”.

También hay casos en los que el hombre siente dudas acerca de su identidad sexual y, para reconfirmarla, busca satisfacción de manera compulsiva.

Susi Hidalgo, coach emocional, dice, en cambio, que este tipo de adicción es como la que tienen muchas personas a las drogas. Cuenta que a sus consultas llegan pacientes que sufren mucho por la hipersexualidad de sus parejas, lo que las ha llevado a ser infieles.

“Estas personas van a pagar para tener sexo porque su testosterona está muy elevada y eso es algo que se puede controlar, pero en lo demás hay que buscar ayuda, como en cualquier otra adicción”. Destaca que quienes padecen este problema generalmente tienen “un vacío en el alma que les falta llenar”.

El acto compulsivo

Esa compulsividad por satisfacer ese apetito sexual incontrolable hace que tanto los hombres como las mujeres que la padecen recurran no solo al contacto sexual con parejas que conocen en el momento sino también a internet.

Paula Hall, de la Asociación para el Tratamiento de la Adicción Sexual, indica que este servicio es una fuente de constante novedad sexual.

“Lo que se ve cada vez es un mayor número de hombres jóvenes que no pueden mantener una erección porque han destruido su apetito con pornografía para excitarse, ya no les sirve simplemente hacerlo con otra persona de carne y hueso”.

Hall señala que en este caso, el daño a la pareja puede ser enorme debido a las mentiras y por no tener sexo con su compañero (a), y eso obedece al poco interés debido al tiempo que le dedican a páginas de pornografía en internet.

A este criterio se suma el de Cepeda, quien destaca que la adicción sexual puede estar acompañada de otras patologías, como la pedofilia, pornografía, fetichismo, voyerismo, incremento de la masturbación.

Ella indica que se debe hacer un buen diagnóstico a ese paciente porque, por lo general, este tipo de dependencia podría estar asociada a trastornos de la personalidad, como el caso de la bipolaridad.

“En el momento en que se da la etapa de la manía, la persona se vuelve incontrolable en el área sexual y tiene conductas impropias, autodestructivas. Por eso se requiere un buen diagnóstico psiquiátrico y tratamiento psicológico”.

Aprendiendo la monogamia

Según el extinto psiquiatra y psicólogo suizo Carl G. Jung, el cerebro de un adicto al sexo es muy parecido al de un dependiente de las drogas o el alcohol, aunque no exista una adicción química o fisiológica similar.

Él decía que la dirección que toma el pensamiento y comportamiento se relaciona directamente con un trastorno obsesivo-compulsivo que conduce a centrar los esfuerzos en conseguir más estímulos sexuales.

En la antigua Grecia se distinguía el acto psicosexual placentero (eros) del disfrute carnal (afrodisia) y de las relaciones amistosas (ágape).

Sin embargo, en la hipersexualidad únicamente se relaciona el deseo sexual material, esto es, el sexo físico o actividad meramente afrodisíaca.

De allí que la palabra ninfomanía proviene del término ninfa (divinidad femenina de la mitología) y manía, que en latín significa locura. En tanto que satiriasis proviene de la mitología griega, del término sátiro, que era un semidiós. Se considera que el hombre tiene adicción a lo sexual y no puede controlarlo.

El psiquiatra Héctor Cevallos tiene una visión distinta sobre lo que es la adicción sexual; aclara que el ser humano es muy sexuado porque pertenece al grupo de los primates y que por eso no somos de naturaleza monógama, pero lo aprendemos porque nos conviene.

“Los loros, los pericos, se juntan y no buscan otra pareja, solamente la propia, ya es de naturaleza, pero el ser humano no es así, es más bien un poco polígamo”.

Cevallos es enfático en aclarar que la adicción sexual no se  puede medir por la frecuencia que tiene una persona en cuanto al sexo, sino por las circunstancias.

Él se refiere a que un hombre y una mujer no pueden centrar su atención o tener en su mente como algo predominante el sexo anteponiéndolo a las responsabilidades de atender su hogar, los hijos, el trabajo, la salud.

Asimismo, refiere que el hecho de mantener relaciones sexuales con diferentes parejas expone tanto al hombre como a la mujer a enfermedades de transmisión sexual, a hijos no deseados, a abortos, y al dolor que le ocasiona a la pareja la infidelidad.

Cevallos explica que a ese paciente adicto sexual se lo puede medicar para disminuir a nivel del sistema nervioso tanta impulsividad, es decir la libido, pero no solo basta la medicación, sino que debe ir acompañada de la psicoterapia.

“Él o ella debe aprender a razonar, porque existe la parte dorsolateral del lóbulo prefrontal del cerebro que es la que decide nuestra conducta, la que razona, la que puede prever a largo plazo lo que va a ocurrir. Entonces tenemos que enseñar a ese lóbulo prefrontal las consecuencias de los actos”.

¿Cómo es el cerebro de un adicto al sexo?

En efecto, el cerebro humano, tal y como lo detalla la psiquiatra Jacqueline Lamboglia, tiene un sistema de recompensa que está relacionado con ciertas áreas, como la tegmental, que se encuentra en la parte media anterior del mesencéfalo y libera la dopamina. Esta última es un neurotransmisor que activa el núcleo accumbens, muy importante porque tiene que ver con la motivación y el placer.

Lamboglia indica que cuando un individuo, sea mujer u hombre, está ante un placer, el área tegmental libera el neurotransmisor (dopamina) al núcleo accumbens y entonces se acostumbra a esa conducta, como por ejemplo el de la adicción al sexo, porque hay placeres ante cualquier cosa.  

“Es como el placer de tomar un helado, tener un rico orgasmo, a ciertas drogas, como la marihuana o heroína, que es lo común. Entonces el núcleo accumbens se va a acostumbrar a eso y deja a un lado ciertos estímulos comunes que para otras personas son normales, como estar con la familia, leer un libro, practicar algún deporte”.

En el caso del adolescente, ella dice que es normal que tenga actividad sexual recurrente “porque sus hormonas sexuales están alborotadas por la edad”. Sin embargo, resalta que si esta persona acostumbra al núcleo accumbens a la masturbación, que le generó placer, va a dejar de lado otras situaciones para seguir con esta.

Al igual que sus colegas, Lamboglia menciona que para curar la adicción al sexo se debe acudir al psiquiatra y psicólogo, porque esta conducta produce ansiedad, incluso hasta el punto de que el paciente se sienta culpable.

“El psiquiatra le da medicamentos que actúan a nivel del sistema nervioso central para disminuir la libido, que es el apetito sexual, y de esa manera decrece esa conducta. En los primero meses de tratamiento, el individuo entra en estado de abstinencia y dejar su anterior conducta le resultará difícil, por eso tendrá ansiedad”.

Detalla que los problemas de adicción al sexo también se pueden presentar por el trastorno bipolar. “En la fase maníaca se eleva la libido sexual, en ese momento la mujer u el hombre quieren estar con una pareja y otra, y otra, pero porque tienen ese problema mental”.

Esa compulsividad por satisfacerse sexualmente, según la psiquiatra, no afecta la parte fisiológica de la persona.

La especialista refiere que el hombre, luego de eyacular, debe esperar media hora para tener otra relación sexual; en cambio la mujer es multiorgásmica.

Ella desvirtúa las creencias del vulgo que dicen que si el hombre se masturba demasiado se puede volver loco o le puede caer cáncer de pulmón, al igual que si visita frecuentemente a las trabajadoras sexuales.

Asimismo, manifiesta que a aquellas personas que nunca han tenido sexo  tampoco les va a hacer daño. “Fisiológicamente, Dios hizo todo bien, ya que, cuando no hay relaciones, existen los sueños húmedos, con los cuales se libera esa secreción a través de la orina”. 

Finalmente, Lamboglia enfatiza que todos pueden tener  sexo, pero que hacer el amor es solo con la pareja que se ama.

Alteración de hipersexualidad

Para el sexólogo Germánico Zambrano, el término que académicamente se utiliza actualmente para renombrar a la ninfomanía o satiriasis es alteración de hipersexualidad, porque es más descriptiva.

El experto comenta que en su consultorio en los últimos tiempos ha tratado 10 casos de conducta compulsiva hacia el sexo, de personas que no pueden detenerse y sienten hasta desesperación por ejecutar este tipo de actos. “No es solo la promiscuidad, sino que puede haber adicción a la masturbación y a la pornografía que, en parte, producen placer, pero también alivian ciertas ansiedades. Muchos se sienten culpables o no tienen total noción de lo que hacen”.

Zambrano menciona a los famosos sexólogos estadounidenses Master y Johnson, quienes decían que las personas con este tipo de adicción se caracterizan por una actividad sexual insaciable, pero que es impersonal y carente de intimidad emocional y, a pesar de la frecuencia, el placer y los orgasmos no llegan a ser satisfactorios.

Para identificar a este tipo de personas, el especialista precisa que se les realiza un test y que el tratamiento es complejo, incluso conlleva a ser internado.

Dice que de 10 varones hay un caso de mujeres con esta adicción, que no suele tener un buen pronóstico y que, como los drogadictos, puede recaer.

Este sexólogo incluso hace referencia a que por la desesperación en la que cae la persona hipersexual acude a páginas de internet como ‘sexoadictos’, que ayudan de una manera similar a las que existen para alcohólicos anónimos (AA).

Argumenta que la mayoría de casos se desarrolla por la exposición a un ambiente promiscuo o machista y que, incluso, hay hombres que se vanaglorian de tener varias relaciones, pero que las consecuencias de esos actos no los conducen a nada.

Añade que la medicina y las creencias espirituales ayudan en la recuperación del individuo, quien debe aceptar que tiene un problema. (I)

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