Sábado, 10 Diciembre 2016 00:00 Palabra Mayor

Vejez, vivienda y cuidados, un nuevo enfoque de vida

La calidad de vida en España también se mide por las condiciones del entorno y la actividad de las personas.
La calidad de vida en España también se mide por las condiciones del entorno y la actividad de las personas. Foto AFP

Un proyecto en España vincula estos 3 aspectos y los retos que significan para las sociedades y los roles de género.

Palabra Mayor

¿Qué va a ser de nosotras cuando seamos mayores? ¿Nos cuidarán nuestros hijos? ¿Y si no quieren? ¿Y si no tienen tiempo? ¿Deberé ir a una residencia geriátrica? ¿Y si no puedo pagarla? ¿Y si no quiero? ¿Y si me quedo en casa sola? ¿Y si no puedo valerme por mi cuenta?

Son tantas las interrogantes que pasan por la mente a medida que envejecemos. Y la sociedad no tiene respuestas satisfactorias a estas preguntas, en un estado de bienestar en recesión y estructuras familiares agotadas.

En este marco, en enero de 2017, dos expertas -Irati Mogollón García y Ana Lucía Fernández Cubero, socióloga y arquitecta españolas- presentarán ‘Arquitecturas del cuidado’, que son los resultados de una investigación que indaga algunas de estas preguntas, desde el proceso de envejecimiento, la vivienda y los cuidados como algo a trabajar de manera colectiva.  

El proyecto ‘Arquitecturas del cuidado’, que cuenta con el apoyo del Colectivo de Economía Feminista madrileño Eje de Precariedad y Economía, buscó realidades que den respuestas colectivas a preguntas que hasta ahora se plantean de forma individual y que se concretan en las propuestas de las viviendas colaborativas.

A lo largo del proyecto de doce meses de duración se realizó un doble viaje en busca de proyectos que intentan plantear el proceso de envejecimiento, la vivienda y los cuidados como un tema prioritario desde la arquitectura y sociología. Igual se centró en el rastreo de posibles raíces culturales en el contexto, en este caso de España, y proyectos en funcionamiento por Europa (Dinamarca, Alemania, Suecia y Francia).

Otro aspecto interesante de la investigación trata sobre ‘los cuidados desde una perspectiva feminista, que reivindique, desde la práctica, que lo personal en la vejez también es político’.

La investigación ahondó la reflexión en torno a las siguientes preguntas: ¿cómo es envejecer en comunidad?, ¿qué pasa con los cuidados en las viviendas colaborativas?, ¿es extrapolable el modelo a nuestro contexto?, ¿por dónde empezamos?, ¿cómo lo hacemos?, ¿cuáles son los retos?

Las dos autoras consideran que otra vejez sí puede ser posible, que esta resultará feminista y para ello les parece importante animar el debate en torno a los cuidados, el género y otras opciones que se tienen durante la vida que merezcan la alegría de ser vividas.   

¿Por qué envejecimiento y género?

Las sociedades occidentales actuales asisten a un período de envejecimiento intenso de la población. Esta coyuntura resulta innegable y se caracteriza por dos factores generales. El primero es que cada vez son más extensos los grupos de personas mayores de 65 años en proporción con otros, como los jóvenes, adultos o niños.

El segundo es que, además de ser un grupo cada vez más amplio, también la esperanza de vida de las personas es mayor. Estos factores determinan que sea más numerosa la población con más de 65 años y más aún la población muy mayor (más de 80 años).

En las proyecciones que se realizan al respecto, Eustat (2014) se plantean siete posibles escenarios demográficos de futuro y en todos ellos se coincide en que el porcentaje de personas mayores aumentará, en especial el de los muy mayores y el de las mujeres mayores.

¿Por qué el género? Desde diferentes corrientes feministas se resalta que las sociedades están hechas a imagen y semejanza de un patrón masculino productivo. O, lo que viene a ser lo mismo, por y para un sujeto muy concreto: el llamado BBVAh (Burgués Blanco Varón Adulto y heterosexual), según Mogollón y Fernández.

Este modelo universal único sirve para diseñar prácticamente todos los ámbitos de la vida (la ciudad, las políticas públicas, el modelo de trabajo).

Se trata de un fenómeno también conocido como Androcentrismo (Hombre en el Centro), caracterizado por plantear los sistemas sociales desde un ciudadano universal autónomo, independiente, una persona hecha a sí misma, señalan Irati Mogollón García y Ana Lucía Fernández Cubero, autoras de la investigación.

Señalan  que “el resto de cuerpos que se alejan de este ciudadano tipo ya sea por edad, género, origen, poder adquisitivo o capacidades están relegados a los márgenes de la organización social, ya sean niñas y niños, adolescentes, mayores, migrantes, o personas con diversidad funciona1, relegadas por otorgar el lugar de los privilegios sociales al patrón del BBVAh”. (I)

Las arquitecturas del cuidado

Las sociedades -señala el proyecto ‘Arquitecturas del cuidado’-, en la actualidad, se encuentran constituidas como una especie de iceberg en el que, para sostener un pequeño número de actividades (las consideradas productivas, políticas, económicas...) y sujetos (BBVAh) visibles y públicos, hace falta que una masa ingente de actividades, cuerpos y territorios se encuentren invisibilizados, infravalorados y sumergidos en el entorno privado e informal.

Esta teoría del iceberg relata que para poder sostener la ficción de personas independientes, autónomas y sistemas económico-productivos capitalistas viables hace falta que haya todo un subsistema de cuidados, de mercados, economías y servicios sumergidos e informales que permitan atender a todo el cúmulo de necesidades sociales que no van a ser tenidas en cuenta en el panorama público y formal.

Se determinó a las viviendas colaborativas y arquitecturas del cuidado, después de situar a las personas del estudio y sus necesidades de cuidados.

En primer lugar se situó el creciente interés por este tipo de propuestas, especialmente entre las personas mayores.

Se determinó que las viviendas colaborativas responden y canalizan una preocupación y un deseo de estas personas mayores, a la hora de imaginar sus trayectorias vitales en la etapa final de sus vidas.

La vivienda es un recurso bastante costoso económicamente y muy regulado; sin embargo es también una parte importante del hábitat humano, lugar de la vida cotidiana donde se performan las estructuras y valores sociales, incluyendo los roles de género. (I)

ENLACE CORTO

Twitter

Epaper

Lea la edición impresa

Portada impresa