Petroamazonas perforará 741 pozos en los bloques 31 y 43-ITT

- 23 de octubre de 2017 - 00:00
Sobrevuelo desarrollado al bloque 31 de producción petrolera ubicado en la provincia amazónica de Orellana. Aquí han sido intervenidas 37 hectáreas.
Foto: Vanessa Silva / El Telégrafo

La explotación de crudo se efectúa bajo críticas de agrupaciones que piden detener la producción, para así evitar que el medioambiente se vea afectado.

Ríos caudalosos, espesa vegetación, insectos con características y colores tan intensos que deslumbran a todos los visitantes; aves que con su cantar y aleteo esparcen melodías por todo el lugar.

Así es el Yasuní, lugar que desde 2016 también aporta a la producción petrolera de Ecuador, en medio de cuestionamientos de grupos ambientalistas, que a propósito de la Consulta Popular reactivaron el debate sobre la posibilidad de mantener el crudo bajo tierra.

 Una ruta de acceso de seis metros de ancho conecta Puerto Miranda con la Central de Procesos Tiputini, en el Bloque 43, ubicada en la provincia amazónica de Orellana.

Desde ahí, el ministro de Hidrocarburos Carlos Pérez, aseguró que las actividades se desarrollan con el menor impacto posible al ecosistema, en apego al Estudio de Impacto Ambiental.

Al ser consultado por la propuesta de detener la explotación en los campos Ishpingo, Tambococha y Tiputini (ITT), admitió que es un tema delicado y luego de pensar unos minutos planteó a quienes abogan por aquello, a encontrar una alternativa que en este momento genere la misma cantidad de recursos para el país.

El paso de acceso que atraviesa el Yasuní, en el sector del bloque 31, donde se desarrollan las operaciones de Petroamazonas,es ecológico y puede ser removido. Foto: Vanessa Silva / El Telégrafo

Renta anual de $ 2.334 millones

Los cálculos oficiales apuntan un promedio de renta petrolera anual de $ 2.334 millones. Pero colectivos como Yasunidos advierte que la actividad extractiva causa serios riesgos al ambiente y a las comunidades aledañas, en especial a los pueblos indígenas no contactados que residen en este sector.

En respuesta, las autoridades señalan cumplir con el Estudio de Impacto Ambiental tanto en el Bloque 43 como en el Bloque 31, ambos tienen certificaciones ISO 9000 e ISO 14000, señaló Álex Galárraga, gerente de Petroamazonas, la semana pasada a los periodistas.

Ocho comunidades indígenas, con 2.746 habitantes, conviven en la zona de influencia de los bloques: kichwas, waorani y colonos. 

En medio del ritmo propio de la Amazonía, Petroamazonas tiene planificado para el Bloque 43-ITT intervenir en 26 plataformas con un total de 651 pozos perforados. Mientras que en el Bloque 31 serán 90 pozos dentro de 9 plataformas.

Cada año, el Bloque 31 aporta con $ 100 millones. Lo atraviesa un acceso ecológico también de seis metros de largo, aunque podría ser de 10 metros (rango permitido). En ciertos tramos el espacio se reduce a solo 4 metros.

Los pasos están hechos de Medagadeck y Geoterra, materiales especiales para minimizar el impacto ambiental, que serán removidos cuando termine la actividad petrolera dando paso a la revegetación, indicó Jonathan Masson, técnico de Petroamazonas.

Pese a que las autoridades manifiestan hacer su trabajo tomando las salvaguardias ambientales correspondientes, la situación divide la opinión de la ciudadanía.

De ganar el ‘sí’ en la Consulta Popular, la zona intangible del Parque Nacional Yasuní aumentará en más de 62.000 hectáreas, sin que aquello detenga la extracción de crudo.

“Eso nos pone en 820.000 hectáreas en que no podemos hacer nada. La zona de amortiguamiento está fuera de la zona intangible”, dijo el ministro de Hidrocarburos.

Los bloques en cuestión cuentan con reservas probadas y recursos estimados por 2.175 millones de barriles. El pronóstico de producción para el ITT hasta el año 2022 es llegar a 209.750 barriles, mientras que para el Bloque 31 es de 21.842 millones de barriles. (I)

Este es uno de los pozos petroleros en la plataforma Apaika-Nenke localizada en el bloque 31 y que espera producir 21.842 millones de barriles hasta 2022. Foto: Vanessa Silva / El Telégrafo

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