Astrid engríe y cuida las uñas de sus clientas en Quito

- 14 de febrero de 2018 - 00:00

Sus uñas son acrílicas; las luce cada vez que estira las manos para tomar los esmaltes de una estantería decorada con colores pasteles. Sus preferidos son los que crean texturas y tienen el efecto arena.

Astrid Cisneros experimenta con sus uñas casi a diario; las pinta, las despinta; se las corta; les adhiere extensiones. Con las suyas hace lo que quiere, pero con las de sus clientas, solo cuando ellas lo aprueban.

Esta venezolana, nacida en Maracaibo, es una pedicura experimentada que acicala las uñas casi con los ojos cerrados. Su habilidad es reconocida por sus compañeras. A solo 15 días de llegar a Quito, ya había encontrado trabajo. La oferta la encontró en la plataforma digital OLX.

Es viernes y tiene más clientas que otros días. En la tarde llegarán dos jóvenes que reservaron una cita. Ambas asistirán a un baby shower.

Cada vez que llega una clienta, Astrid la aborda de inmediato y se deshace en elogios. ¿Le ofrezco una taza de té o quizás un vaso de agua? ¿Qué guapa está?

Casi de inmediato la invita a tomar asiento e inicia la conversación para que la espera sea menos larga. Cuando llega el turno, otra pedicurista la invita a sentarse frente a una mesa y ubica con cuidado sus manos sobre una toalla; el primer paso es limpiar las uñas.

Luego, Astrid toma los implementos para iniciar su labor: el corta cutícula, la tiza, la lima, el taco, el brillo y el esmalte. Para las mujeres con uñas cortas sugiere colores como el azul oscuro, el vino tinto y el concho de vino. Domina las técnicas y conoce las tendencias. Hay uñas totalmente negras o blancas y cromadas.

“Las uñas tienen que trabajarse con delicadeza, porque, de lo contrario, se pueden lastimar y no queremos uñas feas”. Sus manos son pequeñas y gruesas, pero tan diestras que las mujeres que se atienden con ella lo notan casi de inmediato.

-”Mire cómo están ¿Le gusta?, termina. (I)

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