Domingo, 27 Diciembre 2015 00:00 CON-SENTIDO

Los fármacos no son inofensivos

Los fármacos no son inofensivos

Todos los medicamentos tienen efectos secundarios, pero aun así no podemos prescindir de ellos. Hay quienes creen necesario impulsar un nuevo paradigma en nuestra relación con la industria de la salud.

Andrea Rodríguez Burbano

Para cada mal hay un medicamento. Una pequeña cápsula promete devolvernos la salud. El problema es que ningún fármaco es totalmente inofensivo.

Los efectos secundarios pueden ser tan graves que podrían provocar la muerte, como lo aseguró Bernard Bégaud, catedrático de Farmacología y exdecano de la facultad de Medicina de Bordeaux, en Francia. Según él, los fármacos causan más muertes al año que “los accidentes de tráfico y los suicidios juntos”.

Aunque todo fármaco —incluso los de venta libre— tiene efectos adversos, son pocas las personas que prescinden de ellos.

Hay familias que tienen siempre a la mano pastillas para el dolor de cabeza, para las molestias estomacales, para reducir los síntomas de la gripe, para mitigar las inflamaciones musculares; recurren a los fármacos como el mejor medio para paliar cualquier molestia.

Aunque los medicamentos pueden salvar vidas, sus principios activos conllevan riesgos. La actividad de un principio activo varía debido a la naturaleza de estos, pero siempre está relacionada con la cantidad ingerida o absorbida por el organismo. Entre los principios activos más conocidos están los analgésicos y los antiinflamatorios, como el paracetamol, el ácido acetilsalicílico o el ibuprofeno, los relajantes musculares, entre otros.

En el caso de los antigripales, los principios activos, como el ácido acetil salicílico y los salicilatos pueden provocar náuseas, dolor de estómago, urticaria o zumbido de oídos en caso de consumo prolongado.

Con los que se componen de paracetamol es posible que surjan diarreas, aumento de la sudoración, pérdida de apetito, urticaria, entre otros síntomas.

Aunque cada vez surgen nuevas evidencias sobre los riesgos asociados a los fármacos, es complicado romper con el hábito de tomar medicinas. Una investigación divulgada por la revista New Scientist recoge la opinión de varios médicos que sugieren un cambio de paradigma en la salud pública y su relación con la industria farmacéutica.

“Estamos viendo un dramático incremento en la dependencia a medicamentos para resolver todos nuestros problemas”, aseguró Clare Gerada, directora de Médicos Generales del Royal College de Inglaterra. Según la especialista, hay una fuerte tendencia a buscar enfermedades antes de que ocurran, y las empezamos a tratarlas ‘solo por si acaso’.

Las consecuencias de tomar medicinas para males que aún no se manifiestan e intentar desterrar cualquier enfermedad a su primer asomo hace que muchas personas tomen varios medicamentos al día. “Me sorprende lo poco que las personas se quejan del número de medicamentos a los que están sometidos”, comenta Clare Gerada.

En algún momento todos deberíamos preguntarnos: ¿realmente necesito tomarnos esa pastilla?, ¿realmente mejorará mi vida? Es posible que solo la haga más fácil de forma temporal, pero no por un tiempo prolongado? Por otro lado, aunque parezca difícil, la mayoría de las personas descubre que está mejor cuando deja de tomar medicamentos y, además, recobra su estado de ánimo y su autoconfianza al notar que es capaz de curarse sin agentes externos. El ecuatoriano Eduardo Arízaga, médico neurólogo y catedrático de la Universidad San Francisco de Quito, indica que si la persona goza de buena salud no necesitará tomar medicinas, pero —aclara— que hay padecimientos que, por definición, son crónicos.

“La sociedad debe saber que hay cuadros como la depresión o la ansiedad que acompañarán por mucho tiempo a la persona. En esos casos, la ayuda de los medicamentos es extraordinaria”.

Según el especialista, el problema surge cuando después de uno o 2 meses de sentirse mejor, las personas quieren suspender los medicamentos prescritos. “A veces lo hacen por su cuenta y el resultado puede ser desastroso, porque tras pocas horas de suspensión aparecen de nuevo los síntomas”.

Cuando esto ocurre, muchas personas piensan que se volvieron adictas a un medicamento, pero —según Arízaga— ese es un razonamiento erróneo.

Para este médico, el mayor problema es la automedicación. “La gente acoge el consejo de la vecina o de algún familiar y se expone a los efectos de un medicamento que no es prescrito por un especialista. Como profesor, aconsejo a mis alumnos que es necesario ser cautelosos con los medicamentos, un tema que no todos los médicos modernos cumplen a raja tabla”. Cuando los padecimientos son leves, sugiere Arízaga, lo más conveniente es optar por remedios caseros y esa sugerencia se aplica, por ejemplo, a las personas que amanecen con dolor de cabeza.

“Lo más seguro es que el dolor desaparezca cuando retomemos las actividades o con la ayuda de una agüita de hierbas. El problema es usar a cada rato los medicamentos para aliviar molestias leves”.

Ciano Franco Almeida, médico ecuatoriano, es contrario al uso de fármacos por sus efectos colaterales. “En muchos casos, se puede producir una farmacodependencia. Hay que usar la medicina química con cierta precaución y siempre bajo la prescripción del facultativo”.

Franco es partidario de la medicina natural, como una opción válida y eficaz para evitar el uso de químicos. “Con esta medicina no solo conseguimos calmar los síntomas, sino también curar la enfermedad, sin efectos secundarios”.

El médico recuerda que muchos fármacos tienen su base en la medicina natural, es decir, que de las plantas medicinales se han extraído muchos productos químicos.

El problema surge al combinarlo con agentes químicos.

“La medicina natural es milenaria y es utilizada a escala mundial. Lo importante es que las personas tomen conciencia de que al ingerir medicamentos químicos, contribuimos a crear dependencia”.

El médico Diego Chiriboga Játiva indica que los medicamentos nos venden seguridad. “Las ventas de fármacos a escala mundial están enfocadas en proporcionar seguridad. Es como un seguro médico”.

“A las empresas farmacéuticas les conviene vender medicamentos. El principal objetivo es que la gente confíe en los fármacos”.

Chiriboga advierte que no es posible prescindir de un medicamento cuando este es extremadamente necesario.

“Si tenemos fiebre y nuestras amígdalas están con pus, hay que tomar el antibiótico prescrito por el especialista, porque, de lo contrario, no podremos mejorar. Igual, si tenemos un síndrome depresivo y corro el riesgo de suicidarme. En ese caso debo tomar pastillas”.

Aunque Chiriboga no desestima la eficacia de la medicina natural, cree que esta no se puede aplicar a todas las enfermedades. Hay especialistas que consideran que tomar medicamentos casi siempre es más riesgoso que no tomarlos, en especial, cuando se los utiliza para tratar los síntomas y no las causas de una enfermedad.

Hace algunos años, Philippe Even, profesor emérito en la Universidad París y antiguo miembro de la comisión científica del Ministerio de Sanidad galo, indicó que un tercio de los medicamentos comercializados son ineficaces, es decir, no tienen ningún efecto terapéutico. Otro tercio puede causar problemas secundarios al no ser bien tolerados por el paciente o se utilizan mal al prescribirlos a personas que no los necesitan.

Pastillas

El abuso de antibióticos podría ser el problema más serio de salud en las siguientes décadas. Incluso la inocua aspirina podría tener riesgos para la salud.

Un estudio realizado por Archives of Internal Medicine, el riesgo de sufrir una hemorragia interna es uno de los efectos secundarios de la aspirina, en quienes la toman a diario.

Una sobredosis de paracetamol puede provocar daños importantes en el hígado, incluso puede llegar a ser mortal.

En Europa, desde 1994, está prohibido anunciar medicinas que se venden con receta. Las compañías pueden promocionar sus productos entre los médicos, pero con límites

Además, los médicos tienen prohibido recibir a cambio regalos, primas y promesas de incentivos económicos.

Especialista

‘En el país, hay guías para diagnóstico y tratamiento’

Actualmente en Ecuador se manejan guías para diagnóstico y tratamiento también conocidos como protocolos. Para cada patología existe un protocolo de tratamiento. Al mismo tiempo, tenemos recetarios ordinarios y especiales Los primeros son recetados por médicos y controlados por el Ministerio de Salud. Los especiales, en cambio, son manejados por médicos calificados; es una medicación controlada.

En el área de la psiquiatría se impulsa la psicoeducación a fin de racionalizar el uso, abuso y dependencia de los psicofármacos. El objetivo es que estos se utilicen de acuerdo con el cuadro clínico. Dentro de los protocolos hay guías de tratamiento para atención primaria a pacientes depresivos, existen recomendaciones para promover el uso de técnicas alternativas, que sean coadyuvantes al tratamiento clínico. Hay que indicar que el tratamiento alternativo no se aplica a todas las enfermedades.

Armando Camino, médico.

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