Los parches de Moreno

- 11 de agosto de 2017 - 00:00

Dejando de lado los intercambios con su predecesor, el presidente Moreno se ha caracterizado por mostrar solo a cuentagotas cuál será su plan de gobierno para los próximos años. Un plan que, si los reclamos de ciertos miembros de Alianza PAIS sirven de indicio, no estará completamente alineado a lo que se planteaba en campaña. Algo que se explica, en parte, por esa promesa de diálogo del Presidente, que si quiere ganar en credibilidad no puede estar proponiendo muchos cambios por encima de a quienes se propuso escuchar. Por otro lado está esa denuncia que, desde temprano, hizo Moreno sobre el estado de le economía y sobre las cifras, y que cambiaron el panorama de la ‘mesa servida’ a la ‘crisis’ con un solo brochazo retórico.

Si bien el Presidente sostiene que la gran propuesta para navegar la crisis vendrá en septiembre, la manera en que ha manejado el discurso político, la manera en que está preparando el campo para introducir las medidas, todo apunta a que el ajuste no será más que eso, un ajuste. Y para que no resulte esto en verdad de Perogrullo, lo que parece proponer Moreno es seguir navegando el modelo de los últimos diez años, pero con un rostro más amable, con un discurso más conciliador, y concesiones hacia las élites económicas, pero a lo mejor a distintas élites económicas.

Es decir, Rafael Correa impulsó un modelo desarrollista de mercado aupado en inversiones estatales y gasto público como mecanismo para mejorar las condiciones en que se redistribuía el capital, pero sobre todo, para mejorar las condiciones en que se acumulaba el capital. Más allá de sus críticas sobre la manera en que se llevó a cabo el gasto en el gobierno anterior del cual -y esto siempre genera la primera duda- él fue parte, el presidente Moreno no ha propuesto un cambio radical en el modelo. Ha propuesto un ajuste a los diferentes sectores, continuar con el modelo anterior, pero hacerlo de ‘mejor manera’.

Por ejemplo, no ha propuesto una reforma especial al sistema educativo. Ha propuesto enmendar ciertas fallas técnicas, a su criterio. No ha propuesto repensar el sistema cambiario. Ha propuesto darle el manejo del dinero electrónico a la banca (lo cual tiene todavía mucha tela que cortar, pero que significaría darle al sector privado la última herramienta para revitalizar al Banco Central y una alternativa creativa para tener más rango de maniobra en una economía dolarizada). Y a pesar de manifestar, como parte del mensaje principal de su distanciamiento político con Correa, la necesidad de austeridad y mayor responsabilidad en el manejo de los dineros públicos, la proforma para 2017 representa un incremento respecto al presupuesto del año anterior.

Es ahí donde el discurso de Moreno pierde coherencia. Porque si el gobierno anterior fue irresponsable en el manejo de los recursos del Estado, y si este gobierno lo que tiene que hacer, como medida de ajuste a esa irresponsabilidad, es ser austero, es difícil comprender cómo funciona eso gastando, de hecho, más. Lo cual sugiere que lo que se está planteando desde el gobierno es parchar algo que no les parece tan malo.

Pero lo que no se ha planteado, en ninguno de los foros y desde ninguna de las voces, es una crítica, un apoyo o un debate al modelo de desarrollo (o una alternativa al ‘modelo del desarrollo’). Y con base en este modelo, plantearse los cambios necesarios, no solo a nuestro modelo extractivista, sino a cómo y quiénes desarrollan las políticas públicas, cómo y quiénes las planifican, y cómo en este proceso se involucra a la comunidad, a la ciudadanía, si acaso eso sigue siendo importante. (O)