Sábado, 12 Agosto 2017 00:00 Columnistas

Lealtad: una palabra y nada más

Oswaldo Ávila Figueroa, ex docente universitario

Lealtad o fidelidad es un vocablo, constantemente usado  en su  significado dimensional, quizás por ello, se ha convertido en tema de actualidad frente a la crisis de valores. Entre otras acepciones constan: Leal, el que actúa conforme a la verdad. Creyente de alguna religión y que cumple con las normas. Encargado de que se hagan algunas cosas con  legalidad. Verídico y fiel en el desempeño de un oficio. Se vincula al compromiso contraído en el medio social y actividad política. Es un sentimiento personal concordante con sus ideas y principios, como base estructural del ser humano y su comportamiento social. Es la seriedad en el cumplimiento de los compromisos adquiridos con las personas, instituciones, el Estado y la patria. Es el modo de obrar en la realidad de acuerdo con principios e ideologías.

Todos coinciden en que rige en el mundo, la crisis de valores y que es obligación en el caso nuestro, contribuir para su rescate, mediante acciones proyectadas a mejorar el comportamiento de jóvenes, adultos y gobernantes. Causa asombro en nuestro medio, el crecimiento del índice de divorcios por diversas causales, lo que en el fondo significa el rompimiento de una promesa de amor y ayuda mutua de una pareja consagrada frente al altar de una iglesia y la bendición de un llamado santo padre. Califique usted esa ruptura a los dos o tres años de unión de un idilio conyugal. Lesiona el valor de la lealtad, el desvío de la Iglesia católica, de su misión, como guía espiritual, al participar en actividades políticas con mensajes acomodados para identificarse con una corriente partidista, en abierto irrespeto de la vigencia del Modus Vivendi entre la Santa sede y el Ecuador. A ello se agrega la conducta vergonzosa de ciertos curas que han atentado contra la inocencia de niños y niñas en el recinto sagrado. Ese quebranto a la lealtad se advierte en el alejamiento de la enseñanza de Cristo: predicar el amor a la humanidad, ayudar al prójimo y el sacrificio por los demás.

Un exmilitar que promete atender a los pobres y luchar por la justicia social, y ya en su posición de mandatario se olvida de esas ofertas y se entrega a la voracidad de sus adversarios en vergonzoso pacto, evidenciando así, su deslealtad. Otro mal ejemplo, la actividad de un político que se ha movilizado de derecha a izquierda, en diferentes agrupaciones partidistas, con el amparo de Avanza; logra efímeros lauros y al final cae derrotado, como aquellas personas que proclaman principios y prometen acciones nobles, pero al actuar en el medio, se contradicen, perturbados por la ambición e intereses.

El presidente de la República, Lenín Moreno, ha dicho en uno de sus discursos: “Ser leal, pero a la honestidad, al trabajo, puntualidad, amor  hacia los otros seres humanos”. En otro renglón: “No me gusta como se hace política en el país, es sucia, es mentirosa”. Y recomendó a los jóvenes inmiscuirse en política para que la adecenten. “La política la han hecho mala, es buena, porque es servir a los demás.” Los hombres y mujeres, según su modo de pensar y obrar, diseñan su ruta. Las acciones ceñidas a la moral orientan al éxito y las reñidas contra la ética, conducen al fracaso y repudio ciudadano. Los leales revelan, sinceridad, gratitud, valentía, amor al prójimo, honradez y firmeza en sus principios. Los desleales allí están: ambiciosos, traidores, abusivos, prometen y no cumplen, transitan de un partido a otra, oportunistas e interesados.

El rescate de la lealtad y otros valores es tarea de todos. La preparación del hombre y la mujer para una vida digna se inicia en el hogar, sigue en el aula de clase y se afianza en la vida profesional, en base a una educación en valores. El leal desde cualquier posición se desenvuelve con altivez a la luz y resplandor de la sociedad señalando con su ejemplo el camino a seguir a las nuevas generaciones. (O) 

 

 

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