Guayaquileños en el 10 de agosto de 1809

- 10 de agosto de 2017 - 00:00

Hubo varios guayaquileños que participaron en la Revolución Quiteña de 1809, destacándose el doctor Juan Pablo Arenas y Lavayen, nacido en Guayaquil el 24 de junio de 1768. Fue hijo legítimo de la dama guayaquileña Manuela de Lavayen y Santistevan, hermano menor del coronel Jacinto Bejarano y tío de Vicente Rocafuerte.

Los diputados de los barrios de Quito lo nombraron “Auditor General de Guerra, con honores de Teniente Coronel, tratamiento de Señoría y mil quinientos pesos de sueldo”.

Más tarde, al disolverse la Junta Soberana de Quito, fue apresado por las autoridades coloniales y finalmente fue uno de los prisioneros asesinados el 2 de agosto de 1810. Pero también hubo quienes reivindicaron las acciones de sus protagonistas, como el doctor José Joaquín Olmedo, quien defendió políticamente a los insurgentes quiteños en las Cortes de Cádiz, en 1812, y luego cantó a los héroes de agosto en un sentido poema que dice:

CORO

Saludemos la aurora del día / para Quito de gloria inmortal, / en que osado Pichincha el primero / proclamó Libertad, Libertad.

El Pichincha indignado del yugo / lo sacude de su noble frente, / dio un bramido y se vio de repente / el rugido del león acallar: / infundiole el pavor nueva saña / y se lanza feroz y violento / ¡Santo Dios! destrozado y sangriento / de la Patria se mira el Altar. // Saludemos, etc.

Mas la Patria de tantos horrores / al fin triunfa de constancia llena, / como nave que burla serena  / los embates de la tempestad: / el destinó ordenó ya el sepulcro / del tirano en su loca fortuna: / fue este monte do se alzó la cuna / Primitiva de la Libertad. // Saludemos, etc.

¿Quiénes son esos genios gloriosos / que asomados desde el firmamento / mezclan gratos su armónico acento / a ese coro de canto triunfal? / Son los héroes que osados y fuertes, / con su sangre, cadenas y llanto / propagaron la verdad del santo / Evangelio de la Libertad. // Saludemos, etc.

Conservemos ilesa esta gloria / que los cielos nos dieron propicios, / no se pierdan al fin sacrificios / que festiva coronó la paz: / No profanen jamás este suelo / el error y nefanda discordia / y los pueblos en dulce concordia / vivan siempre en amor fraternal.

Saludemos la aurora del día / para Quito de gloria inmortal, / en que osado Pichincha el primero / proclamó Libertad, Libertad.

Así, queda evidenciado que el movimiento quiteño de 1809 no fue una simple conspiración de marqueses fidelistas. Fue mucho más que eso: una causa compartida por varias regiones de la Patria naciente, expresada en un plan de autogobierno criollo, lo que dio inicio al proceso de emancipación hispanoamericana.

Por ello, fue el necesario antecedente de la independencia de Guayaquil y de toda Sudamérica, como lo señaló Simón Bolívar, al afirmar que “en los muros sangrientos de Quito fue ahogado en sangre el pacto político entre España y América y ese crimen armó nuestros brazos con el arma de la represalia”. Y esa misma razón hizo que el Libertador bautizara a Quito con el sugestivo nombre de ‘Primogénita de la libertad’.

En 1909, al celebrarse el primer centenario del inicio de las luchas por la emancipación de España, el notable historiador guayaquileño Camilo Destruge publicó un opúsculo titulado Controversia histórica sobre la iniciativa de la Independencia Americana, en el que dejó consignada una verdadera lección de patriotismo acerca de los sucesos del 10 de agosto de 1809. (O)

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