Viernes, 02 Diciembre 2016 00:00 Mundo

Solo el 34% de la ciudadanía confía en los diarios, según un informe de la Universidad de Oxford

El Partido Popular español acusa a la prensa de linchamiento mediático

La senadora fallecida, Rita Barberá, durante una rueda de prensa en la ciudad de Valencia.
La senadora fallecida, Rita Barberá, durante una rueda de prensa en la ciudad de Valencia. Foto: ecestaticos

El expresidente del Congreso cree que la fallecida Rita Barberá fue víctima de una cacería organizada por los medios de comunicación. Ella iba a ser imputada por un delito de blanqueo de capitales.

Gorka Castillo. Corresponsal en Madrid

La muerte inesperada causa extraños efectos en los políticos españoles. Uno de ellos perdió la compostura cuando al enterarse del fallecimiento repentino de la senadora y exalcaldesa de la ciudad de Valencia Rita Barberá el pasado miércoles acusó a ciertos medios de comunicación nacionales de ‘haber montado un aquelarre contra ella’ que prácticamente la empujó a la tumba.

El autor de la denuncia no era un político cualquiera sino el portavoz parlamentario del Partido Popular (PP) en el Congreso, Rafael Hernando, o en el que militó Barberá durante 40 años, hasta que el pasado mes de septiembre decidieron apartarla por sus vínculos con una trama de blanqueo de capitales. La apartaron para ‘protegerla’, explicó Hernando, pero ‘las hienas (refiriéndose a cierta prensa) siguieron mordiéndola’, exclamó.

Pero Hernando no fue el único político conservador que ese miércoles lluvioso y frío en Madrid lanzó epítetos cargados de pólvora contra el papel de los medios en el trágico desenlace de Rita Barberá. La exministra Celia Villalobos afirmó, por ejemplo, que la habían matado entre la prensa, los partidos políticos y las redes sociales. El expresidente del Congreso, Jesús Posada, se refirió a una cacería organizada. Y el ministro de Justicia, Rafael Catalá, arremetió contra aquellas conciencias que veían en Barberá uno de los rostros iluminados por la lacerante corrupción que en España ha campado por sus respetos durante las últimas décadas.

De hecho, la senadora estaba a punto de ser imputada por un delito de blanqueo de capitales. Pero tanta desagradable polémica, atizada por las televisiones que desde primera hora de la mañana compitieron en directo, al menos abrió una ventana para la esperanza en los diarios que intentan recuperar parte de la reputación perdida desde que la crisis los empujó a cambiar el rigor por unas monedas hasta situarlos en el último puesto de credibilidad social de la UE, según un informe reciente de la Universidad de Oxford.

Solo el 34% de la ciudadanía confía en ellos. Y así seguirá siendo a la vista de los titulares que aparecieron en sus portadas 24 horas más tarde del deceso de una política enfangada en los tribunales de justicia como Rita Barberá. Sirvan dos ejemplos representativos. Por una lado, El Diario Balear, el más importante de Mallorca, que optó por un ‘Muere de un infarto Rita Barberá ¿por el acoso de medios de comunicación y políticos populistas?’. Por el otro, el rotativo de referencia en España como El País, que calificó a la senadora fallecida de ‘referente del PP’ en su edición en castellano y de ‘vinculada con la corrupción’ en la versión en inglés. La historia no terminó ahí sino que en una cabriola más audaz si cabe, los grandes medios viraron el foco hasta equilibrar la importancia de la muerte de Barberá al hecho de que Unidos Podemos decidiera ausentarse del Congreso para no dedicarle un minuto de silencio. El propio Rafael Hernando aprovechó la congoja del duelo para acusar a la formación de Pablo Iglesias de comportarse de forma ‘repugnante’ y a su portavoz de ser ‘ignorante y mentirosa’.

No es la primera vez que ocurren este tipo de accidentes. En octubre, por ejemplo, días después de que el antiguo secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) fuera destituido por su acercamiento a Unidos Podemos y cientos de militantes estallaran de descontento se difundieron noticias sobre el apoyo de la base socialista a sus nuevos dirigentes que dejaron atónitos a muchos periodistas que habitualmente cubren la política nacional.

Entonces, ¿cuál es el criterio real de la información en España? La primera impresión es que la aparición de hombres de negocios al frente de los grandes diarios está creando un escenario donde la atracción por el espectáculo no deja de progresar. Y aquí nadie está libre de culpa. El populismo político y lamentables sucesos como el de Rita Barberá son estupendas alfombras a las que atizar siguiendo criterios de mimetismo corporativo. Ya no importan los datos reales porque si se verifican se corre el riesgo de perder la partida de la inmediatez haciendo noticioso lo que en realidad es un suceso delirante.

El director de ‘Le Monde Diplomatique’, Ignacio Ramonet, suele decir que los medios de comunicación y especialmente los diarios, viven una crisis de contenidos. En España quedan pocas dudas de que la causa de que solo el 66% de los ciudadanos considera ‘poco o nada fiables’ a los medios tiene su origen en el engranaje que ocupan dentro del sistema. En la producción de noticias que repiten, se copian y se ‘leen’ con la vista. ‘La información se ha separado de la cultura y se ha convertido en una máquina de hacer dinero’, dijo en una ocasión el reportero polaco Ryszard Kapuscinski. El tiempo le ha dado la razón. (I)

DATOS

La senadora Rita Barberá, histórica dirigente de la derecha española que llegó a ser cercana al presidente del gobierno, Mariano Rajoy, falleció el 23 de noviembre en Madrid justo cuando era investigada por presunto blanqueo de capitales de su partido.

Periodista profesional, Barberá ganó hasta seis elecciones en Valencia, cinco de ellas con mayoría absoluta, cimentando su estatura política y popularidad dentro del Partido Popular (PP).

El auditor del PP, Carlo Luca, afirmó ante el juez que instruye el caso Taula en Valencia que las donaciones realizadas por Rita Barberá y su grupo municipal para financiar la campaña de las elecciones locales de 2015 fueron ‘ilegales’. Según el testimonio, no usó las cuentas bancarias abiertas para financiar la campaña en los términos de la ley electoral. (I)

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