Lunes, 19 Septiembre 2016 00:00 Mundo

Los medios de comunicación, controlados por 5 familias, se encargan de legitimar el proceso contra el expresidente

El mito de Lula da Silva está amenazado

El mito de Lula da Silva está amenazado
Foto: AFP

El exabogado del dirigente del Partido de los Trabajadores considera que el objetivo de la campaña de persecución judicial en contra del exmandatario de Brasil es impedir su candidatura en 2018.

Pablo Giuliano. Corresponsal desde Sao Paulo, Brasil

Lula, que estaba condenado a morir de hambre a los 5 años, en el semiárido territorio brasileño, sin agua potable y vacas desnutridas como la mayoría de los niños a su alrededor, es para muchos un mito de su país. Esa condición de mito del máximo líder popular de Brasil está en jaque, con la megainvestigación del ‘petrolao’ -como se conoce la red de corrupción de Petrobras- que involucra a partidos políticos, empresas de ingeniería y exfuncionarios.

Lula es tal vez el último líder popular brasileño. Su poder real aún radica en el pueblo, no en las grandes corporaciones. Por eso, todavía, está vivo políticamente. Solo por eso aún no ha sido llevado, del todo, hacia el cadalso. Acorralado por una suerte de Partido Judicial que tiene micrófono en las 5 grandes familias que dominan la prensa brasileña, Luiz Inácio Lula da Silva arriesga su condición de mito y de posible candidato en 2018.

La fiscalía de la Operación anticorrupción Lava Jato lo acusó de ser el “comandante máximo” del ‘petrolao’, ocurrido en el tercer escalón de Petrobras, supuestamente, con contratos con sobreprecios para desviar dinero a campañas políticas.

Lula denunció a los fiscales por abuso de poder. También al juez Sergio Moro, uno de los responsables por divulgar a la TV Globo, opositora, los audios entre él y Dilma Rousseff, que aceleraron la caída de la mandataria el pasado 31 de agosto.

“Tengo 70 años y 20 más de vida por delante”, manifestó el jueves Lula, llorando, respaldado por partidarios y aliados, al proclamar su inocencia.

Los próximos días son cruciales para el expresidente que gobernó de 2003 a 2010 y salió con 89% de aprobación. Incluso hoy las encuestas lo posicionan en el 35% de aceptación popular  como el mejor presidente de la historia, por delante del 13% de Fernando Henrique Cardoso y Getulio Vargas.

“El objetivo de toda esta campaña  es bloquear la candidatura de Lula a 2018 por parte de un juez que ha mostrado parcialidad, que es juez y parte y   participó de actos con antagonistas de Lula, como TV Globo y revista Veja, y Joao Doria, candidato a alcalde de Sao Paulo socialdemócrata”, dijo a EL TELÉGRAFO Cristiano Martins, abogado del expresidente.

A Lula lo acusó el fiscal Deltan Dallagnol de corrupción y lavado de dinero por un apartamento en el balneario de Guarujá que le atribuyen, pero es de la constructora OAS, acusada de sobornos en Petrobras. Su imputación fue criticada por la Orden de Abogados de Brasil que la repudió como “show mediático”, pues se dio en un hotel de Curitiba, con presentación power point y en ‘cadena nacional’.

La acusación vino apenas dos semanas después de la destitución de Rousseff, la primera presidenta electa del país y reelecta en 2014, víctima de un golpe parlamentario apoyado por los antiguos enemigos del Partido de los Trabajadores (PT).

Los investigadores de la Operación Lava Jato se convirtieron en héroes por los grupos juveniles neoconservadores que en 2015 mostraron muñecos de Lula con ropa de presidiario. Contra este tsunami lucha, ahora, el hombre que fue un mito.

Lula nació en 1947 en Garanhuns, en el semiárido estado de Pernambuco. Fue el octavo de ocho hermanos criados por una madre que sufría violencia por parte de un padre que se fugó de casa. La sequía y las lagartijas fueron alimentos del Lula niño, retratado en el filme que fue preseleccionado para el Oscar en 2009 ‘Lula, el hijo de Brasil’. Quince días duró el viaje de Lula y su familia desde Pernambuco para recorrer los 5.000 kilómetros hasta Sao Paulo, llamada tierra de oportunidades por el auge de la industria.

Lula vivió en favelas, trabajó de repartidor, de vendedor de naranjas en la calle. Fue el único de sus hermanos que hizo la escuela primaria. Fue el primer presidente obrero del país, el único que no tenía estudios terciarios. Y fue el presidente que construyó más universidades en la historia de Brasil, creando también cupos para la mayoría negra en las facultades, haciendo trizas el destino marcado por la desigualdad del país continental, el último de Occidente que abolió la esclavitud en 1888.

“Después de ser tornero entré a una fábrica y en la fábrica conocí el sindicalismo, del sindicalismo vino el PT y del PT creamos el mayor partido de izquierdas de América Latina, estoy orgulloso de eso. Perdí tres elecciones y logré hacer la mayor revolución social sin disparar un solo tiro, con la conciliación de clases, dando más derechos a los trabajadores”, dijo Lula, al responderle al fiscal.

Lula perdió el dedo meñique izquierdo en un torno cuando intentaba hacer horas extras nocturnas en una fábrica de repuestos automotrices. Su licencia por esta enfermedad le permitió participar de la vida de la fábrica de una forma que ni siquiera imaginaba, ya que no era politizado a los 20 años. Uno de sus hermanos, comunista, lo llevó al debate político y Lula entonces creció en el sindicato de metalúrgicos hasta convertirse, en 1978, en el líder sindical más grande que con huelgas por aumentos de salarios desafiaba a la dictadura militar.

El régimen lo detuvo y lo catapultó en líder de masas. Sus asambleas sin micrófono deberían ser parte de un curso de oratoria, algo natural en este self-made man que fundó el PT en 1980 y la mayor central sindical, la CUT, dos años después. Perdió tres elecciones presidenciales como el ‘cuco’ de la izquierda. Se decía que Lula iba a obligar a los favelados a vivir en departamentos de las clases altas. Hasta que en 2002 con un proyecto aliado a un sector empresarial ganó la presidencia y fue un incluidor social al mayoreo, con 54 millones de miserables dentro del sistema. “Incluimos al pobre en el presupuesto y lo consideramos una solución para nuestra rueda de consumo interno y no más un problema, como hacían los que gobernaban para un tercio de la población”, recuerda habitualmente Lula.

Su figura ganó vuelo internacional. “Ellos no soportan que un metalúrgico haya tenido más éxito que ellos, por eso no soportan que Lula cobre dinero por sus seminarios”, dijo un colaborador del expresidente, que llegó a cobrar $ 200.000 por presentación ante empresas y entidades en el mundo.

Ahora se enfrentará, Lula, a la pelea más dura, la de intentar demostrar su inocencia en acciones de corrupción ante el juez que se ha convertido en el gran líder del país que vive en la anomalía de un vicepresidente que se pasó a la oposición y le dio un ‘golpe’ a la jefa de Estado.

“Lo que viene por delante es más serio que el juicio político de Dilma. Lo que se viene ahora es el intento de proscribir a Lula, lo que dará lugar a una batalla de proporciones épicas”, escribió en su columna de fin de semana André Singer, cientista político y exportavoz de la primera presidencia de Lula.

“Lula siempre va a ser candidato. Desde que dejó el gobierno que quiera o no quiera es tratado como candidato, por la estatura moral y política que tiene, amado por el pueblo y siendo execrado por las élites que no aceptan el ascenso social”, dijo a EL TELÉGRAFO Alfonso Florence, jefe del bloque de diputados del PT, hoy jefe opositor en el Congreso contra Temer.

Con Lula amenazado de ir a prisión en un proceso que ha dejado de ser jurídico, Brasil también se apresta a vivir momentos tal vez inéditos. “Ellos piensan que esta denuncia es el fin, pero es el comienzo”, dijo Lula, elevado a mito por sus seguidores, narrado como villano, por sus detractores, con la pala de la sepultura política en la mano. (I)

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