Lunes, 25 Septiembre 2017 00:00 Cartas al director

Parque Victoria

Cartas al Director

El 24-09-1860 las tropas de los expresidentes Gabriel García Moreno y Juan José Flores vencieron en la batalla de Guayaquil al general Guillermo Franco, quien se había autoproclamado Jefe Supremo de la ciudad, con el respaldo del presidente de Perú, el mariscal Ramón Castilla. La batalla se dio en la planicie donde hoy se ubica el parque que desde 1968 tomó el nombre de La Victoria.

Realizada en síntesis la historia del lugar. Relato las vivencias de dos sujetos.

Toro Padre: Un afro de 1,70 de estatura, contextura fornida, almorzaba diariamente en las fondas de los alrededores, dejando a la entrada el charol que contenía la caña que vendía. Al salir de la fonda, escuchaba el grito “ahí viene toro padre”. Se enfurecía, encolerizaba el rostro, y emprendía la carrera para agarrar al que presumía había emitido el grito.

Luego de unos 15 minutos de jolgorio, todo jadeante miraba hacia el infinito y gritando con todas sus fuerzas exclamaba “y tu vaca madre”. Se alzaba el charol y partía.

“Se quema el mundo”. Persona que solo deambulaba por las noches de menudo porte, raudo al caminar daba a  notar que en todo su cuerpo estaban en intensa actividad las células nerviosas, con timbre de voz chillona, de constantes tartamudeos. De él se decía, que encontrándose en un programa de la emisora El Mundo hubo un conato de incendio, como era nervioso eso lo asustó tanto que despavorido salió corriendo gritando “se quema radio El Mundo”. Por esa falsa alarma y por la apariencia del personaje, el pueblo ni corto ni perezoso lo marcó con el apodo de “se quema radio el mundo”.

Cuánto extrañamos lo lindo que era el parque sin cerramiento, con su pileta y glorieta al centro y sus frondosos arboles de almendra. Al salir de misa era tradicional un paseo por el parque y servirse en la heladería Fortuna un rico y barato helado. (O)

César Antonio Jijón Sánchez

ERRATA

El análisis “Sonría, le estamos filmando: del fisgoneo a la indefensión social” (sep. 19, pág. 3) registra un serio error de edición. Se anota: “Durante la gran revolución francesa y la posterior reinstauración napoleónica, por citar un ejemplo, el célebre cardenal Richeliu escaló hasta los cielos para convertirse en emblema depurado del fisgoneo...”. Lo correcto es el célebre José Fouché. Mil disculpas por este lamentable error. (O)

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