La familia Jarrín Jarrín al país

- 03 de febrero de 2017 - 00:00

Ante la noticia del fallecimiento del general de Policía (sp) Édgar Vaca Vinueza, principal acusado de dirigir los casos más graves de violación de derechos humanos en Ecuador, la familia Jarrín Jarrín entiende que la muerte de un ser querido siempre golpea las fibras más íntimas del ser humano y sería propio de un crápula alegrarse ante su llegada.

Nosotros lamentamos esta muerte porque Édgar Vaca deja esta tierra sin enfrentar a la justicia por los actos deplorables que cometió. La muerte no lo borra todo, quedan las cicatrices y el dolor de cientos de familias en Ecuador que sintieron con impotencia sobre sus cabezas la cobarde bota del fallecido general.

Nuestra búsqueda nunca ha sido la venganza, sino la verdad y la justicia. La primera, la hemos conseguido al evidenciar con creces, en un juicio público, el grado de responsabilidad de Édgar Vaca en la detención, traslado ilegal y forzoso, tortura y asesinato de nuestro hermano Ricardo Arturo Jarrín Jarrín, hace ya treinta años. La segunda, es decir, la justicia terrenal, no la conseguimos en vida de su principal asesino.

No queremos pisotear su tumba ni celebrar su muerte, como él lo hizo años atrás con nuestro hermano, a quien aun después de muerto continuó vejando y humillando. Tratando de justificar desde la sinrazón y el odio sus graves violaciones a los derechos humanos, acciones que nos recuerdan los versos de Benedetti:

“Los canallas viven mucho, pero a veces se/mueren./ a no llorar de vicio/ que lloren sus iguales/ y se traguen sus lágrimas/ se acabó el monstruo...”.

Repetimos que con la muerte nada se borra ni se olvida. La justicia ha dejado su marca indeleble sobre el nombre de Édgar Vaca, quien pasará a ese borroso cesto de la historia como el mayor perpetrador de delitos de lesa humanidad en Ecuador. Lamentamos que esa misma supuesta valentía que lo llevó a torturar, asesinar y ordenar crímenes se le haya terminado cuando tenía que dar la cara ante la justicia.

Lamentamos también la actitud de ciertos abogados, que por engordar sus billeteras han falseado la verdad, han hecho caso omiso de las leyes y han dado todas las dilaciones posibles a este proceso para que la justicia no llegue. Ellos también cargan con un peso moral que no es menor.

Nuestro deseo es que esta muerte no borre los rastros sobre los hechos ocurridos hace treinta años y permita destrabar el proceso, lejos del miedo que Vaca inspiraba aún en sus exsubalternos. Confiamos en que la justicia brillará más allá de la muerte. (O)

Familia de Ricardo Arturo Jarrín Jarrín