Viernes, 04 Noviembre 2016 00:00 Cartas al director

De ventanas y fantasmas sureños

Cartas al Director

Vivo en un rinconcito montañés carismático, adornado de coloridas leyendas y cuentos de fantasmas. Las ciudades por estos lados son de lo más antiguas e históricas, con decirles que a una hora de aquí está Jonesborough, la primera ciudad de Tennessee. Esa ciudad sí que desborda historias de apariciones y tengo pendiente hacer un tour donde llevan a los visitantes a recorrer la pequeña ciudad contando historias de sus antiguos y famosos residentes quienes, aparentemente, se niegan a abandonar su hogar incluso después de muertos. Les voy a contar acerca de los fantasmas que habitan las aulas de la universidad donde enseño español.

East Tennessee State University (ETSU) abrió sus puertas en 1911 en Johnson City, Tennessee, una ciudad sureña cobijada por los Montes Apalaches. Según lo que he escuchado, en esta universidad se han reportado más apariciones que en cualquier otra universidad del sur de Estados Unidos. Comencemos por el fantasma más importante, Sidney Gilbreath, presidente fundador de esta institución. Gilbreath Hall, el edificio en el cual recibí clases de Literatura Española y donde hoy en día enseño gramática a estudiantes de primer y segundo año, es uno de los edificios más antiguos de la universidad. Resulta que el fantasma de Sidney Gilbreath, al cual cariñosamente llaman Tío Sid, pena constantemente aquel lugar. Dicen que en vida, Gilbreath siempre estaba atento a cerrar las puertas y ventanas, sobre todo cuando una tormenta amenazaba. Parece que la muerte no alivió esta preocupación y algunas personas aseguran que al anochecer han escuchado claramente golpes secos, como cuando alguien lanza con fuerza una puerta o ventana.

Tenemos también el Burleson Hall, que en la actualidad aloja el Departamento de Inglés. Una de las primeras mujeres que fue profesora en ETSU, Christine Burleson, quien disfrutaba de enseñar las obras de Shakespeare y trabajó en la universidad por décadas, acabó suicidándose luego de ser atormentada por una enfermedad terrible. Al fantasma de esta académica se le han atribuido una variedad de incidentes extraños que han ocurrido en aquel edificio, tales como lamentos y susurros que proceden de una escalofriante voz femenina, así como otros sonidos extraños. Otros creen que su alma en pena habita un retrato de su padre, David Sinclair Burleson, alojado en uno de los pasillos.

Luego está uno de los edificios de dormitorios para estudiantes, llamado Lucille Clement Hall, mismo que al parecer es frecuentado por el fantasma de un niño que murió en el elevador. Este gasparín sureño es conocido como marble boy, el niño canicas, y hay muchísimos estudiantes y miembros del personal de la residencia que juran haber escuchado el retumbar de las canicas en los pasillos. Inclusive se han reportado televisores que se encienden y apagan de la nada, y llaves de agua que comienzan a borbotar por sí solas a mitad de la noche en los baños compartidos.

Por último, está el edificio que solía ser la biblioteca.  Hoy en día es utilizado exclusivamente como bodega y con mucha razón. Dicen que una bibliotecaria que trabajó allí durante veinte años, luego de jubilarse seguía yendo de vez en cuando para ayudar a organizar los libros. Pues resulta que murió ahí mismo, de un ataque al corazón en el medio de unas repisas en el sótano mientras apilaba libros. Luego de aquel lamentable incidente, casi todos a los que les tocaba trabajar en aquel rincón de la biblioteca, decían haber sentido que los observaban y que si sacaban algún material de las repisas y lo dejaban a un lado un minuto mientras iban al baño, cuando regresaban, encontraban todo de nuevo en su lugar, lo cual resultaba muy extraño cuando eran los únicos que estaban trabajando allí en ese momento. (O)

Melanie Márquez Adams  

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