Miércoles, 05 Octubre 2016 14:25 Séptimo día

Ciudadanía

Las palmeras de coco más antiguas del Ecuador se levantan en Atocha

La palmera de coco chileno (jubeae chilensis)  es una de las más perennes en las quintas con cerca de 150 años. Constituye un rasgo de identidad de este lugar turístico.
La palmera de coco chileno (jubeae chilensis) es una de las más perennes en las quintas con cerca de 150 años. Constituye un rasgo de identidad de este lugar turístico. Fotos: Roberto Chávez/El Telégrafo

24 de ellas forman una avenida muy singular que está situadas entre las quintas La Liria y Atocha. Son visibles desde la calle Rodrigo Pachano por la que arriban cientos de turistas.

José Miguel Castillo

Aunque pueda sonar a cliché la paz que se experimenta en ese lugar es solo alterada por el viento que agita miles de hojas y ramas en una zona extensa.

La avenida de las palmeras no tiene par en las ciudades de la  Sierra centro. Tan pronto se cruza el puente colgante de unos 106 metros de longitud, que conecta las quintas La Liria y Atocha (Mera), se llega a ese calmo lugar que es parte del Jardín Botánico que ocupa una superficie de 14 hectáreas.

Las palmeras de coco chileno, como el resto de 400 especies de plantas que crecen en 10 zonas demarcadas, son parte del patrimonio histórico y cultural de la capital tungurahuense.

Las hay en cuatro variedades: jubeae chilensis, parajubea cocoides, phoenix canariensis y washingtonea sp.

Betty Miño, investigadora por 27 años de las familias Mera y Martínez, explica que “muchas de ellas fueron sembradas por el mismo Juan León Mera en 1874. Tienen entre 100 y 150 años. Empezaron a dar fruto ocho décadas después y se dice que el autor de la letra del Himno Nacional del Ecuador no los pudo disfrutar”.

Tranquilidad junto al trajín

La avenida está a un costado de la siempre transitada calzada Rodrigo Pachano. Está protegida por verjas y muros; 24 palmeras la enmarcan de más de 80 que se yerguen cerca de las casas históricas que pertenecieron a las ilustres familias ambateñas de los Mera y Martínez.

Dentro de estos grupos familiares se destacaron los escritores Juan León Mera por la novela Cumandá y Luis Alfredo Martínez por A la Costa.

La senda, de una cuadra, es de piedra y adoquín. En uno de los recodos y tras subir 10 gradas resalta el busto dedicado a Juan León Mera.

Muchos visitantes se detienen para lograr fotos y videos en perspectiva, mientras descansan en una de las cuatro bancas metálicas de color verde dispuestas en el trayecto.

Sandra Campos, turista quiteña, cuenta que ha leído los letreros con calma y acaba de enterarse que  estas palmas fueron sembradas 20 años antes de la muerte de Mera. “Es un sitio espectacular y es bueno que hayan guardias que cuiden el lugar y que se nos permita pasear por estos lugares  incomparables”.

A paso lento se cubre la avenida en unos 10 minutos hasta arribar a la Casa Museo Juan León Mera. El letrero que informa precisamente sobre este atractivo turístico fue colocado en el tronco de la palmera que fue plantada hace casi 150 años.

Un lugar muy especial

David Medina, guía botánico,  califica este sitio como excepcional. “El Jardín Botánico une los patrimonios cultural y natural con 167 años de historia. Fue impulsado por Nicolás Martínez Vásconez, padre de Luis A. Martínez”. Como parte del patrimonio botánico de la ciudad están también los primeros árboles de eucalipto que fueron sembrados allí hace 151 años.

Al otro lado de este sitio natural se halla el río Ambato. En las zonas bajas crecen también árboles de cepillo, sangre de drago, buganvillas, magnolias, orquídeas, yedras, azulinas, molles, nogales, pumamaquis, guabas, arrayanes, faros chinos, colcas y fresnos, entre otros.

Juan Pablo Toaza, guía de la casa museo Luis A. Martínez, indica que “la novela Cumandá fue escrita en 1879 y Mera se inspiró en la zona baja de la quinta situada cerca del río Ambato. Allí recreó la vegetación amazónica  con cubeas, sangre de drago ornamental y cedros”.

Las quintas y el jardín botánico se encuentran en la parroquia Atocha, una de las más antiguas de la ciudad, pues sus orígenes se remontan, según los historiadores, a 1661.

El nombre es europeo y se refiere a la virgen española de Atocha, en Madrid. Un galeón de la Flota de Indias adoptó también este nombre antes de hundirse en 1622 con un cargamento de oro y plata estimado en $ 400 millones.

Es también una zona turística importante. En medio centenar de locales se ofrece todo el año la colada morada, morocho, empanadas y fritadas.

Allí además se encuentra el remodelado parque infantil y la Av. Rodrigo Pachano que lleva a la Panamericana Norte. (I)  

DATOS

El Jardín Botánico Atocha-La Liria atiende de miércoles a domingo de 09:00 a 16:00. Al año arriban más de 38 mil visitantes.

El ingreso cuesta $ 0,50 para adultos y $ 1 para extranjeros. El costo cubre el servicio de un guía y el permiso para caminar por los senderos de las 14 ha.

La Municipalidad ambateña se encarga de proteger y administrar estos lugares. Hay guardias privados que controlan el área.

La quinta de Atocha ocupa 5 hectáreas y La Liria 9.

Laureles y eucaliptos también se yerguen en este jardín botánico y son tan antiguos como las palmeras de coco. Algunos superan los 15 metros de altura y tienen troncos gruesos.

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