Miércoles, 09 Noviembre 2016 00:00 Séptimo día

La consigna es: de la cintura para arriba, hombres; de la cintura para abajo, mujeres

El Olimpic Gym cuenta con un promedio de 200 usuarios por día, siendo, la mayoría de ellos, estudiantes de la universidad de Guayaquil, ubicada en las cercanías.
El Olimpic Gym cuenta con un promedio de 200 usuarios por día, siendo, la mayoría de ellos, estudiantes de la universidad de Guayaquil, ubicada en las cercanías. Foto: Miguel Castro / El Telégrafo

Instructores coinciden en que la mayoría de quienes acuden a los gimnasios lo hacen más por estética que por salud.

Jorge Ampuero

Probablemente, la piel de Silvia Vera no tiene un solo espacio sin sudor. Sus piernas se mueven a un ritmo de competencia de grandes ligas. Respira jadeante mientras Josué Veloz, su entrenador de planta, hace cálculos sobre su rendimiento en una libreta en la que sobresalen más números que letras.

La escena sucede en el Olimpic Gym, en las calles Los Ríos y Quisquís, lugar al cual asiste una media de 200 personas por día, en especial jóvenes y universitarios.

Veloz, ex-Mister Ecuador juvenil y licenciado en Cultura Física por la Universidad de Guayaquil, tiene una respuesta sobre por qué quienes más frecuentan el sitio tienen edades entre los 18 y 25 años.

“En realidad la mayoría de las personas vienen más por estética, por lucir bien, que por salud. Se trata de universitarios que se esfuerzan por verse mejor. Algunos de ellos vienen y trabajan duro de lunes a viernes para el fin de semana estar a punto y lucir bien su ropa”.

El entrenador asegura que sí hay quienes van por motivos de salud, pero son una minoría. Son personas con las cuales casi no se puede llevar un programa de aprendizaje y enseñanza corporal, pues no mantienen una regularidad, son inconstantes en la asistencia y en la disciplina.

De igual forma, asegura que los hombres se esfuerzan en cultivar su cuerpo de la cintura para arriba; en cambio, las mujeres son lo contrario, de la cintura para abajo, con especial atención en los muslos y los glúteos. Jeremy López confirma lo dicho por el entrenador.

“Tengo cuatro meses asistiendo al Olimpic y he visto progresos en mi cuerpo. Se empieza por lo más suave y luego el asunto es más complejo. A esto hay que añadirle una dieta apropiada y mucha fuerza de voluntad. Si uno quiere verse bien, tiene que trabajar duro”, cuenta López, un manabita oriundo de Chone quien, desde chico, imaginó verse en algún momento como Arnold Schwarzenegger.

Vera, quien llega desde Urdesa y solo sonríe cuando se le pregunta su edad, asiste todas las tardes hasta el Olimpic Gym y también señala que la mujer lo que más busca es tener un cuerpo agradable, aunque pide tener en cuenta aquello de “mente sana en cuerpo sano”.

“¿De qué sirve tener un cuerpo bonito si por dentro no tenemos nada de bueno?”.

Sebastián Piña es instructor desde hace 7 años en el Perfect Gym, ubicado en las calles 29, entre Maracaibo y Nicolás Augusto González, en el suburbio oeste de Guayaquil. Tiene a su cargo menos alumnos que Veloz, apenas 27, pero coincide en que la estética es la que manda a la hora de hacer máquinas.

“Nadie viene por salud y la mayoría de quienes asisten son hombres. Hay una especie de vanidad que hace que los hombres busquen fortalecer sus bíceps y tríceps, así como los abdominales. En las mujeres predomina el deseo de endurecer los glúteos”, afirma Piña.

¿Musculatura aguada?

Respecto a la creencia de que, con los años, la musculatura que alguna vez fue firme y esbelta se deforma, Ronny Cáceres, un exfisicoculturista aficionado, es enfático en manifestar que, ciertamente, la carne tiende a debilitarse y hacerse flácida, pero “es preferible que se cuelgue con forma, que con solo una masa aguada”.

Él, mecánico graduado en el Secap hace 30 años, ha creado sus propias máquinas y se ejercita de acuerdo a su ritmo porque, “a mis 50 años, ya no es lo mismo, pero me siento bien. Ya no estoy para impresionar a nadie, es una cuestión de convicción sobre lo que me conviene como ser humano y lo que no, es impresionarme yo mismo”.

Noralma Quimí, de 70 años, camina, todos los días, desde la 22 y Vacas Galindo, hasta el parque de Puerto Liza. Lo hace en busca de las máquinas que el Municipio instaló en el lugar y que son de libre disponibilidad.

“Vengo a ejercitar los brazos y las piernas. Sufro de diabetes y el doctor me dijo que hiciera ejercicio porque el sedentarismo es malo para todos”.

A ese parque, asimismo, acuden personas a hacer aeróbicos, la mayoría de 50 años para arriba y de sexo femenino. (I)  

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