Domingo, 16 Octubre 2016 00:00 Séptimo día

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Interrail un viaje gratis para unir a Europa

Con un boleto de Interrail y una mochila los jóvenes europeos tienen la oportunidad de visitar Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Polonia, Austria e Italia, entre otros países.
Con un boleto de Interrail y una mochila los jóvenes europeos tienen la oportunidad de visitar Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Polonia, Austria e Italia, entre otros países. Foto: Gettyimages
Gorka Castillo. Corresponsal en Madrid

La Unión Europea (UE) considera que ha llegado la hora de activar un efectivo antídoto contra el racismo y el euroescepticismo, 2 de los males que hoy se expanden por el continente como la pólvora. Y la fórmula mágica, la primera de una serie de medidas que deberían implementarse durante 2017, es regalar el boleto de Interrail, la red de ferrocarriles europea que circula por 30 países, a los jóvenes que cumplan 18 años.

La propuesta, presentada en el Parlamento comunitario por el líder del Partido Popular de la UE (PPE), el alemán Manfred Weber, fue recibida con alborozo por la verdadera responsable de ponerla en marcha, la comisaria de transportes Violeta Bulc, quien con el paso de los días ha tenido que matizar su entusiasmo al comprobar el difícil encaje de su alto coste en una economía que no logra salir de la recesión. Los primeros cálculos indican que el desembolso superaría los 1.500 millones de euros, casi el 1% del PIB europeo, una losa excesiva para países como Portugal, Grecia e incluso España, cuyos gobiernos no han dejado de promover recortes presupuestarios.  

El Interrail es un medio de transporte con 44 años de historia que es utilizado anualmente por más de 300 mil personas de todas las edades y culturas quienes con su mochila al hombro recorren diferentes tramos de los 250 mil kilómetros de vía que atraviesan 30 países a un precio accesible, entre los 184 euros y los 442 euros, y un período que oscila entre los 5 días y el mes de validez del boleto. Consciente de su enorme popularidad alcanzada, la UE decidió relanzar en 2007 toda su infraestructura ferroviaria con una inversión escalonada de 23.400 millones de euros hasta 2013. Convertida entonces en una de sus joyas de la corona de la integración cultural y el intercambio juvenil de esta Babel política que es hoy Europa, sus responsables planificaron en 2014 una nueva inversión de 29.900 millones de euros hasta 2020 para mejorar aún más su excelente servicio pero que finalmente quedó suspendida por el impacto demoledor de la crisis financiera.

Para los promotores de la revolucionaria medida de obsequiar con un boleto gratuito en Interrail a todos los ciudadanos europeos que en 2017 cumplan 18 años, el proyecto no solo “reducirá los populismos y la desinformación que amenazan Europa sino que servirá para potenciar el rol clave que tienen los jóvenes para actuar como contrapeso, al descubrir quiénes son sus vecinos y qué oportunidades ofrecen otros Estados miembros”, apunta el texto tramitado por los conservadores en el Parlamento europeo, que también contempla transporte gratuito en autobús o ferry para los ciudadanos de Estonia, Letonia, Lituania, Chipre y Malta, que no forman parte de la red de Interrail, para incorporarse a los países que sí están integrados en el programa. En el otro lado de la balanza se encuentran socialistas, verdes y el grupo de izquierda de la eurocámara, que criticaron la iniciativa “por su desorbitada inversión, más de 1.500 millones a nada que la mitad de los beneficiarios potenciales acepten el regalo, que bien podrían destinarse a la educación y la creación de empleo que ahora sufren recortes muy duros por la política económica en vigor”.

En el debate han mediado sociólogos de diversas tendencias y procedencias, como Alberto Sampedro, de la Universidad de Barcelona, con el objetivo de calibrar hasta qué punto una medida de este tipo puede convertirse en rompeolas del proceloso avance experimentado por la extrema derecha, antieuropea y xenófoba en diversos países del continente. Para Sampedro de ninguna forma. En su opinión, la gratuidad del Interrail es una forma de “maquillar” la crisis de valores que vive Europa “y, por lo tanto, no va a servir para crear una identidad europea, tal y como lo venden”.

Julia Garay es una joven vasca de 19 años que el pasado mes de agosto partió de Bilbao junto a 3 amigos con un boleto para un mes dentro de su mochila. Visitaron Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Polonia, Austria e Italia, y asegura que la experiencia fue “fantástica”. No duda de que si saliera adelante la propuesta del PPE “aumentará el europeísmo entre los jóvenes porque viajar es la mejor manera de acabar con los extremismos y comprender otras culturas”. A su lado, su amigo Pedro Setién no lo ve tan claro. Él también ha utilizado la red ferroviaria europea “de forma económica y un tanto libertaria, es decir, a mi manera”. Hace 2 años estuvo en Rumanía, República Checa y Bulgaria y no duda de que volverá a repetir la operación “para descubrir los países nórdicos”. Sin embargo es escéptico respecto a los objetivos que se han marcado los promotores de este “regalazo” porque “aunque es verdad que viajar acerca la cultura de los países, fomentar el europeísmo en la actual coyuntura es más complicado que cruzar las fronteras. Me parece un poco simple”, añade.

Pero no solamente Interrail funciona para los jóvenes. En los últimos 5 años se ha incrementado en el 28% el número de pasajeros mayores de 26 años, la edad límite de la juventud fijada a partir de la cual se encarece el precio del boleto. Uno de ellos es Juan de Miguel, 39 años y que en dos semanas iniciará su segunda aventura europea en solitario de tren en tren. Desde Madrid hasta Atenas. Su primer viaje, hace 5 años, le sirvió para aprender y madurar. Le obligó a buscarse la vida. “Abrió mi mente y me enseñó que había más”. Su objetivo era Berlín. Al hablar de aquella aventura todavía le brillan los ojos. Tanto que ha decidido montarse de nuevo en el Interrail. Su motivo en esta vez es diferente, “voy a visitar a los padres de mi mujer a la que conocí en 2011 camino de Berlín”. Por delante tiene 3 mil kilómetros y 6 países que visitar en 7 días. “Los problemas que tiene Europa no se arreglan fomentando la gratuidad de Interrail porque son más profundos, económicos, de falta de perspectiva en un futuro incierto”, concluye Pedro, con una media sonrisa que revela preocupación. (I)

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