Domingo, 05 Febrero 2017 00:00 Séptimo día

Huapante un frío pero acogedor rincón andino

Huapante un frío pero acogedor rincón andino
Fotos: Roberto Chávez / EL TELÉGRAFO

En este pueblito del cantón Píllaro, una tradición textil traída por ingleses en el siglo XVIII aún sustenta a las familias.

Carlos Novoa

Píllaro, Tungurahua.-

Las bajas temperaturas que rigen gran parte del año en la comunidad Huapante Grande, del cantón Píllaro (Tungurahua), no impiden su desarrollo productivo, económico y turístico.

Es más, la helada y densa neblina que cada mañana desciende y humedece los cultivos, viviendas, criaderos de ganado y bosques es uno de los principales encantos naturales del lugar.

Además de una importante zona agrícola, avícola y ganadera, Huapante es un importante nexo de los cantones Píllaro y Salcedo, este último de la vecina provincia de Cotopaxi.

Por ello cada día miles de comerciantes y turistas recorren el caserío y se enamoran de los coloridos y acogedores paisajes andinos, además de degustar de los platos típicos locales. Fritada, yahuarlocro, cuy asado y trucha al horno son algunas de las especialidades gastronómicas que se ofertan en comedores locales.

A Huapante se la puede definir en 2 palabras: vida rural. Pero a la vez se la puede resumir como el ejemplo perfecto de ‘rincón andino’, el concepto tradicional de cualquier pueblito de la Sierra ecuatoriana.

Se caracteriza por tener elementos propios de las regiones montañosas de Sudamérica, como árboles de eucalipto, pino, cedro y polylepis, entre otros, y huertos frutales.

Además allí crece sin restricción el pasto y gran diversidad de hierbas, lo cual favorece la actividad pecuaria. Tiene muchas fuentes hídricas, bosque primario y fauna doméstica.

En el caso particular de Huapante Grande, otro de sus atractivos turísticos es la tradicional manufactura de prendas de vestir de fibras animales, entre ellas el casimir, que se arraigó en el lugar a finales del siglo XVIII. Según ancianos pillareños esta materia fue traída por extranjeros, pero rápidamente desapareció por la ausencia de cabras en la región, animal de cuyo pelaje se obtiene la fibra.

Gran parte de los pocos talleres que aún quedan en Huapante Grande está en la salida norte.

Manufactura textil

Vicente Moranco, sastre huapanteño de 85 años, es propietario de uno de los pocos talleres textiles que aún quedan en Huapante Grande. Sus padres eran oriundos del barrio San Vicente de Huapante Chico, un pueblito vecino, en el cual abrieron hace 8 décadas un taller de elaboración de pantalones, camisas y ropa de niño.

Vicente lleva más de medio siglo en esta actividad, y cuando cumplió 25 años decidió trasladar el almacén a su comunidad natal, la cual pertenece a la parroquia rural San Andrés, al igual que Huapante Chico.

“Mis padres aceptaron que nos mudemos aquí porque este caserío está más cerca de Salcedo, y por ende la llegada de los capitalinos es más rápida. Esta actividad nació tras el arribo de 2 familias inglesas, en 1895, quienes trajeron los conocimientos sobre elaboración de casimir”.  

Del espeso y resistente pelaje de las cabras, chivos y otras especies caprinas que se trajeron en ese entonces a tierras de clima frío, los europeos empezaron a producir un casimir de mediana calidad. La fama y aprecio a esta fibra, pues era usada por figuras de la realeza y demás personajes influyentes, convirtieron a los sastres europeos en respetados maestros de la industria textil, cuyos clientes eran políticos y artistas.

“Debido a la gran demanda de obras que tenían los ingleses, empezaron a contratar ayudantes de la localidad. Ellos, a su vez, después de algunos años a su servicio, decidieron abrir sus propios talleres y aplicar las técnicas aprendidas y experimentar con nuevas materias primas”, explicó Salomón Miranda, anciano huapanteño.

Décadas más tarde los almacenes abundaban en Huapante Grande y Chico. Hasta 1968, según testimonios, existían al menos 20 establecimientos. Debido a las bajas temperaturas, la población de caprinos descendió significativamente y se optó por aprovechar el pelaje de camélidos andinos para obtener lana de buena calidad.

La migración a la ciudad de gran parte de la población dejó deshabitada a esta y otras comunidades de Píllaro, lo que hizo que muchos talleres cerraran. “La sequía de 1976 provocó que la población joven salga y el caserío quedó deshabitado. Hoy apenas quedan 4 talleres en ambos caseríos”, dijo Vicenta Loaiza. Los materiales en los que hoy se trabaja son tela, hilo, lana y poliéster, entre otros. El precio de un traje de talla mediana varía entre $ 50 y $ 120.

Desarrollo turístico

Además del sector textil, en Huapante existe variedad de encantos, por lo que cada fin de semana llegan cerca de 200 visitantes. Hay lagunas en las que se practica la pesca deportiva, senderos ecológicos y bosque primario.

“En las piscícolas de la parte baja existe la posibilidad de pescar truchas, tilapias y otras especies de agua fría y dulce. Tras esta actividad se puede hacer un paseo en bote por los canales artificiales y caminar por las reservas forestales del sector, las cuales son hogar de infinidad de aves pequeñas e insectos”, señaló Adrián Soria, ambientalista tungurahuense.

En los restaurantes y picanterías de la comunidad se puede disfrutar de zumos de tomate, taxo y mora, compotas de manzana y capulí; además de platos, como el conejo al horno y la trucha al vapor. (I)

DATOS

Entre las especies de aves que se puede apreciar en las reservas forestales de la parte alta del cantón están el colibrí pecho amarillo, el picaflor y el nectero.

También llamas y llamingos pastan a diario en las llanuras de la comunidad, así como ganado vacuno y porcino.

La piscicultura es una de las alternativas productivas para muchos huapanteños, lo cual va acompañado de oferta gastronómica y más actividades turísticas. (I)

La neblina que humedece cada mañana los cultivos es otro atractivo del lugar.

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