Domingo, 20 Agosto 2017 00:00 Séptimo día

El nuevo modelo de parejas: juntos pero nunca revueltos

El nuevo modelo de parejas: juntos pero nunca revueltos

Aunque se aman, cada quien vive en su casa. Al no vivir bajo el mismo techo, no hay monotonía.

Redacción Séptimo Día

Menos monótonas, más intensas y alejadas de la convivencia cotidiana y las discusiones permanentes. Este es el nuevo modelo de relaciones de pareja LAT (Living Apart Together) que plantea mantener una relación monógama, pero sin la obligación de compartir el mismo techo.

La consigna es: cerca pero lejos; juntos pero no revueltos. Es así que la figura del hombre “encarcelado” y el ama de casa abnegada vendrían a ser hoy una caricatura del matrimonio.

Bajo esta lógica, a todas luces legítima y novedosa, se evita la clásica y cansina rutina y, al mismo tiempo, se garantiza cierta individualidad e independencia. Al vivir cada uno en su casa no existen las clásicas disputas que se generan por la división de roles ni tampoco las acostumbradas peleas a causa de las tareas domésticas.

Es así que el término LAT se convirtió en lo que muchos psicólogos llaman una declaración de intenciones sobre el buen amor y los hábitos que todo matrimonio exitoso debería tener.

A decir de la psicóloga Marina Castro, para que este modelo de pareja funcione es necesario estar de acuerdo en ciertos aspectos, como definir las reglas del juego para que no surjan celos o inquietudes sobre la falta de compromiso.

Como señala Castro, esta forma de concebir la pareja es bastante saludable, aunque muchos opinen lo contrario.

“El vivir distanciados aunque se mantenga una relación estable, es una suerte de refugio, una forma de recogerse y tener tiempo para uno mismo”.

Además, ser pareja LAT no significa en ningún momento renunciar a la fidelidad ni compartir su vida con alguien.

La costumbre también pesa a la hora de vivir juntos

Aunque hay parejas que deciden vivir en casas diferentes, a otras les cuesta separarse físicamente porque ese alejamiento es doloroso por sí mismo, aunque sea solo temporal (el tiempo que dura dormir separados).

El psicólogo Enrique Gutiérrez explica que hay personas a las que les molesta “el qué dirán”.

“Creen que al enterarse de que viven separados sus familiares y amigos estarán en desacuerdo y supondrán que algo anda mal en la relación. En nuestras sociedades nos han educado para estar junto a la pareja cuando son marido y mujer o unión libre, pero en este siglo la concepción de matrimonio, de amor y pareja ha cambiado y se han abierto nuevos caminos”.

Aunque en América Latina este fenómeno no es frecuente, en Europa y Norteamérica las parejas LAT son una realidad.

De acuerdo a datos revelados por un estudio de The Economic and Social Research Council, en Estados Unidos e Inglaterra esta tendencia va en aumento.

Un estudio publicado en Science of relationships señaló que este método hace que estas uniones no caigan en la rutina.

“Muchas veces el hecho de ver tan seguido a tu esposo o esposa hace que la relación sea aburrida. Al tener una convivencia así,  hace que se puedan buscar nuevas actividades para no perder la diversión y la pasión entre ambos”.

Amanda Pérez, terapeuta de pareja, explica que hay hombres y mujeres que deciden no compartir techo. “En su mayoría son  personas de más de 50 años que han tenido matrimonios e hijos. Es frecuente que en este momento de la vida lo importante sea disfrutar la relación sin necesidad de compartir gastos, educar hijos o adaptarse a los hábitos del otro”.

Según Pérez, en la mayoría de parejas, sean casadas o no, tienen lugar conflictos de todo tipo; sin importar si son casados, separados, divorciados o solteros.

Como es evidente, vivir en esa unión es una elección, pero, al mismo tiempo, un compromiso. Por este motivo, para tomar la decisión de compartir la vida es importante elegir con racionalidad sin tomar en cuenta solo la posición económica y social.

Pérez advierte, además, que quienes están en desacuerdo con este tipo de formas de convivencia sostienen que la monotonía se puede contrarrestar.

De hecho, como emoción negativa, el aburrimiento lleva a las personas a percibir la vida vacía y sin sentido, pero como actitud personal conduce al bloqueo mental y paraliza la posibilidad de emprender iniciativas para salir de una situación que parece rutinaria.

Aunque hay personas con tendencia a convertir el aburrimiento en un estado de ánimo permanente, por lo general es una sensación esporádica, relacionada con la apatía y la pobreza de vida afectiva y social en un determinado momento.

El deseo y el interés por el otro no tienen por qué desaparecer

Según un artículo publicado en el diario La Vanguardia de México, todas las parejas deben propender a recrear los inicios de la relación, eso significa que no porque los años hayan transcurrido, los deseos y el interés por el otro vayan a desaparecer.

Uno de los consejos que brinda el especialista Enrique Gutiérrez es que cuando surjan las discusiones se intente siempre terminarlas de manera amable y ligera.

Eso no significa que tengan que alejarse o no tomar en cuenta los verdaderos problemas que ocurren, pero sí de darles una terminación diferente.

Para muchos convivir es uno de los pasos más importantes de la relación, de hecho es el último paso que afianza o destruye el amor.

Sin embargo, en estos últimos años esa perspectiva comenzó a cambiar lentamente con este nuevo modelo de pareja. Esta nueva forma de vivenciar el amor se basa precisamente en la no convivencia, es decir, el amor persiste, pero sin la necesidad de vivir bajo el mismo techo.

¿Es una relación a distancia?

La escritora española Carmen Alborch, autora del libro Solas y Solos, definió a estas parejas como los neosolteros.

Son profesionales calificados y exitosos en sus carreras. No están preocupados por su estabilidad económica, ya que han alcanzado un buen estatus que les permite viajar, salir a comer afuera, ir al cine, al teatro, consumir todo tipo de nuevas tecnologías y darse los gustos que quieran.

Los neosolteros son aquellos que llevan años promoviendo su estilo de vida y que dejaron de ver a la soltería como un estigma. En otras palabras, casarse o buscar a alguien no es una prioridad.

La página web Seis grados llega incluso a describirlos: “Son hombres y mujeres entre los 27 y 60 años, por lo general, profesionales exitosos, siempre preocupados por su bienestar, salud y belleza. La mayoría está más interesado en viajar, consumir tecnología y salir a cenar con amigos que por comprometerse o planificar una familia”.

Frecuentan restaurantes de moda, acuden al gimnasio, adquieren su vestuario en tiendas de diseño, practican deportes extremos; están al tanto del lanzamiento de los nuevos dispositivos electrónicos y nunca se pierden los estrenos del cine.

Según Paula Vernimmen Aguirre, médica especialista en psiquiatría, este es un tema cultural. “En los países más industrializados el matrimonio no constituye una meta. En las naciones del primer mundo, las mujeres se suelen casar a edades avanzadas o simplemente no lo hacen, porque no es una prioridad”.

 La especialista puntualiza, además, que a inicios del siglo XX, la mayoría de mujeres estaban destinadas a casarse y dejaban a un lado cualquier aspiración personal, como estudiar, viajar o trabajar.

Hoy cada persona decide si se compromete en una relación de largo plazo o no.

Aunque son elecciones personales, hay quienes cuestionan este estilo de vida, al señalar que esta sociedad es cada vez más individualista. Otros argumentan que hoy en día las relaciones son más livianas y cuesta menos romperlas.

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman, en su obra Amor líquido, habla de los riesgos de vivir juntos en este mundo, al que él califica de ‘líquido’ y donde es poco probable que las relaciones ‘cuajen’. La idea surge a partir del modernismo, cuyas características han cambiado hasta la forma en cómo nos relacionamos. En cierto sentido, los vínculos son cada vez menos fuertes.

Por lo general, los neosolteros no tienen como prioridad la vida en pareja ni casarse. Además, no se trata de una posición transitoria, como señala Marina Castro, psicóloga, sino de la reivindicación de la soltería como un nuevo modelo.

 Eso sí, mientras más tiempo pasan solos, se vuelven más exigentes para aceptar a otra persona en su vida.

Gracia Franco indica que este segmento de la sociedad “prioriza sus propios deseos; eligen vivir solos, no como un acto de egoísmo, sino un canto al individualismo, independencia y autonomía. Se enfocan en metas personales y les interesa viajar, consumir tecnología y relaciones sociales, entre otras actividades. Al mismo tiempo los neosolteros “no tienen como prioridad la vida en pareja y peor aún casarse”.

Eso sí, según Franco, mientras más tiempo pasan solos, más exigentes son.

Mejor de lejos

- En Inglaterra y Estados Unidos crece la tendencia de las parejas que optan por vivir en casas separadas; son los llamados ‘LAT’.

- Hay que tener en cuenta que acoger este modelo no significa renunciar a la fidelidad sino a la obligatoriedad de compartir cada mínimo detalle.

- Algunas personalidades conocidas han adoptado este tipo de modelo, entre ellas, los escritores Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir plantaron precedente en el pasado. (I)

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