Domingo, 20 Agosto 2017 00:00 Séptimo día

Costa de Marfil, en medio de una guerra... de cervezas

En las vías de Abiyán, las empresas cerveceras se pelean las preferencias ciudadanas. El grupo holandés Heineken entró en 2016 a romper el monopolio de la nacional Solibra.
En las vías de Abiyán, las empresas cerveceras se pelean las preferencias ciudadanas. El grupo holandés Heineken entró en 2016 a romper el monopolio de la nacional Solibra. Foto: AFP

Las calles son invadidas por gigantescos avisos con los que los 2 principales fabricantes buscan ganar el mercado.

AFP

En Costa de Marfil la competencia por hacerse con el mercado de la cerveza es feroz, una “guerra” declarada entre los 2 principales fabricantes que se refleja en los paneles publicitarios gigantes, pero también en otros medios menos legales.

Desde que en 2016 desembarcó en el país el grupo holandés Heineken, rompiendo un monopolio que ostentaba desde hacía 60 años la Sociedad de Fábrica de Limonadas y de Cerveza de África (Solibra), la publicidad invadió las calles.

“¡Para nosotros la cerveza es Blocks!”, es el lema publicitario que se opone a “Cerveza Marfil, la más apreciada por los marfileños”, un reclamo que busca conquistar a los consumidores en un país muy aficionado a la cerveza, utilizada en las libaciones de las ceremonias tribales, en los funerales y en las fiestas de los pueblos.

El sector está en pleno auge, de la mano del sólido crecimiento de la economía del país, que acumula años de bonanza y que en 2016 se expandió un 8%.

En los puntos de venta, en las calles o en las grandes intersecciones de Abiyán, la principal ciudad de Costa de Marfil, paneles gigantescos rivalizan en tamaño y en la potencia de los mensajes, siempre con imágenes sugerentes de cerveza bien fría.

“Cuando se dice ‘la guerra de la cerveza’, se habla de una verdadera guerra (...) Ha habido chantaje, presiones que alteran la libre competencia”, dijo Jean-Baptiste Koffi, presidente de la Unión Federal de Consumidores de Costa de Marfil, que agrupa a 125 asociaciones.

“No es sano ver por doquier vasos de cerveza expuestos a los menores, que son muy vulnerables”, reconoció Roger Adou, subdirector de Solibra, dueño de las marcas Bock, Flag y Castel, en el mercado desde 1955.

Solibra, propiedad de la vitícola francesa Castel, posee 2 tercios del mercado y en 2016 consiguió un volumen de negocio de 200.000 millones de francos CFA (moneda local), equivalentes a 305 millones de euros o $ 360 millones.

Su competidor Brassivoire, que agrupa a las marcas Heineken e Ivoire, logró hacerse con un tercio del mercado en un año, señala los puntos de ventas con paneles gigantes. La empresa admitió que su desembarco en el país no ha generado solo alegría, pero no utiliza la palabra “guerra” para definir la competencia con su rival.

Heineken, tercer productor mundial de cerveza, después de InBev y SABMiller, es el propietario de un 51% de Brassivoire, el resto pertenece al grupo de distribución CFAO, perteneciente al grupo japonés Toyota.

“Descubrimos a fines de mayo que varios paneles de Brassivoire instalados en diferentes puntos de venta de la localidad turística de Grand Bassam (cerca de Abiyán) habían sido arrancados”, contó Bintou K. Appia, responsable de la comunicación de Brassivoire.

Para denunciar la situación, la Unión Federal de Consumidores anunció que lanzará próximamente una campaña contra la publicidad no regulada y contra los grandes paneles situados cerca de escuelas.

Por su parte, las cámaras asociativas que regulan los afiches callejeros y velan por el urbanismo en Abiyán, también llamaron la atención a ambos fabricantes. “Atención: ustedes venden alcohol. No es sano que la comunicación sea agresiva frente a personas frágiles, como los menores”, destacaron en una carta dirigida a ambas marcas.

En general, el costo de una cerveza ronda los 500 francos CFA (0,76 euros). La llegada de Brassivoire permitió equilibrar los precios que varían según la temporada del año, dependiendo de ocasiones como fiestas de final de año u otras efemérides. Sin embargo, los propietarios de los locales, que celebraron en un inicio la apertura del mercado, han cambiado de opinión debido a la precariedad de su situación.

“Estas cerveceras se enriquecen y hacen negocios sobre nuestras espaldas. Nuestros márgenes de beneficio son bajos. La botella cuesta más que el líquido”, se quejó Josué Gnahoua, líder del sindicato de propietarios de bares de Costa de Marfil. (I)

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