Cirugía, cuando la dieta y los ejercicios no dan resultados

- 01 de octubre de 2017 - 00:00
Foto: diabetesaldia.com

Las intervenciones quirúrgicas para bajar de peso no reemplazan la buena alimentación ni los ejercicios diarios.

“Siempre intenté hacer dietas, pero enseguida me desanimaba. Hacía ejercicios, me compraba muchas máquinas, pero pronto me cansaba o me lesionaba. Ya llega un punto en el que se siente que hasta el agua te engorda”, dice una mujer de 54 años, quien prefiere no dar su nombre.

Recuerda que hacía de todo para bajar de peso, aunque siempre sin un especialista. Llegó a pesar 190 libras y dice ser consciente de que la comida en exceso y el estilo sedentario son los que le hacían ganar peso.

Siempre pensó en hacerse una cirugía que le ayude a bajar kilos. Pero hace 10 años la operaron para extraerle un tumor benigno que tenía comprometido el 70% del estómago y parte del duodeno. Entonces  empezó a bajar de peso. 

Aunque la intervención fue por su salud, reconoce que esa fue la única solución a su problema de sobrepeso.

Al ver su piel colgando, comprendió el laberinto en el que estuvo, uno en el que la mente le acercaba a las grasas y la paralizaba en el sillón.

Algo similar le sucedió a Nancy Criollo, una mujer de 41 años que actualmente sufre de obesidad mórbida.

Hace tres años dio a luz a unas gemelas, desde entonces empezó a ganar peso rápidamente. Los gimnasios y las dietas nunca dieron el resultado esperado.

Durante un año la trató una nutrióloga del hospital de Chillogallo, sur de Quito. Pero al no tener mejoría, la llevaron al  Eugenio Espejo, al norte.

Recuerda que el dolor en las rodillas era insoportable; incluso, en una ocasión, le dio una trombosis en los pies.

Criollo quería que le hicieran  una cirugía que le ayude a reducir peso rápidamente. Sin embargo, en una endoscopía previa a la intervención le detectaron un tumor cancerígeno en el estómago. El procedimiento quirúrgico le ayudó, no solo a extraer el tumor, sino que también le permitirá bajar de peso.

Dice estar con todas las ganas de seguir adelante, hacer lo posible por llegar a un peso normal. Su inspiración son sus hijas. La operación era su última opción para bajar de peso.

Antes se creía que la obesidad solo era el exceso de tejido graso. Pero, según Mayra Ger, especialista en diabetes y nutrición. Ahora la obesidad es una enfermedad considerada la madre de todas las enfermedades. La persona con esta afección puede desarrollar hipertensión; dislipidemia, que son las alteraciones del colesterol; diabetes, ovario poliquístico, hígado graso, entre otros malestares.  

“Todas las personas deben saber que si ya empiezan a ver un abdomen protuberante tienen que ir a un centro de salud para que empiecen a investigar si ese sobrepeso u obesidad ya produjo daño en algún órgano”, dice Ger.

El IMC es la medida que indica si una persona tiene sobrepeso u obesidad. Esta se la obtiene dividiendo el  peso en kilogramos para la estatura en metros al cuadrado.

El índice de un peso normal va de 20 a 24,9, en sobrepeso va de 25 a 29,9 y de 30 o más ya es considerado obesidad. Esta última se clasifica en grados de obesidad: el grado uno va de 30 a 34,9, el grado dos va de 35 a 39,9 y el grado tres va de 40 en adelante. Este último tiene otra subclasificación: obesidad mórbida, súper obesidad, súper súper obesidad y la obesidad extrema.

Según Ger, aunque en Ecuador no existen cifras sobre obesidad y sobrepeso, datos internacionales aseguran que más del 35% de la población mundial ya tiene sobrepeso, y de estos el 25% es obesa. La considera una pandemia.  

Incrementar la actividad física, hacer ejercicio y cambiarse a una alimentación saludable son los principales tratamientos para las personas con sobrepeso u obesidad grado uno.

Si se trata de obesidades superiores al grado uno, el tratamiento depende de las comorbilidades que la persona haya desarrollado. Las recomendaciones se basan en los mismos cambios en el estilo de vida de los grados anteriores, más los tratamientos específicos para cada enfermedad adicional.

Pero existen casos en los que ni un programa alimenticio adecuado ni diversas rutinas de ejercicios consiguen que la persona con obesidad disminuya su peso. La opción es una cirugía metabólica.

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren a nivel mundial, como mínimo, 2,8 millones de personas a causa de la obesidad o sobrepeso. Foto: ejerciciosencasa.es

De acuerdo con Antonio Torres, cirujano general laparoscópico, la cirugía metabólica, que se realiza en Ecuador desde el 2000, es una alternativa terapéutica dirigida a pacientes con obesidad mórbida, es decir con IMC mayor a 40 o con IMC mayor a 35 con morbilidades asociadas.

La cirugía metabólica consiste en hacer un reordenamiento de la anatomía gastrointestinal. Según Torres, hay 4 cirugías de este tipo para bajar de peso.

El procedimiento más común es el bypass gástrico. En esta opción, primero, se crea una bolsa gástrica a nivel del estómago. Se crea una restricción muy importante porque la bolsa tiene una capacidad de entre 30 y 50 centímetros cúbicos y se la coloca en el estómago que tiene una capacidad en volumen de hasta 3 litros. Después se excluye parte del estómago y alrededor de un metro o más del intestino delgado proximal. Finalmente se crean nuevas conexiones para que el alimento pase directamente a ese segmento del intestino.   

En esta intervención la pérdida del exceso de peso es superior del 80%.

Según Ger, la efectividad de la intervención es que se saca una parte del intestino donde se producen las hormonas que hacen que la persona sienta hambre, y se deja el espacio donde se producen las hormonas que hacen que se sienta saciedad.

Torres explica que las hormonas intestinales provocan un mejor control metabólico de los pacientes. La ansiedad, por ejemplo, disminuye de manera considerable.  

“La cirugía ofrece al paciente una pérdida de peso sostenida a corto y largo plazo. La cantidad de peso que se pierda depende del cambio de estilo de vida”, dice Torres.

El segundo procedimiento más común es la manga gástrica. En esta intervención se extrae de un 60% a 70% del estómago. Así se reduce el volumen gástrico con lo que se garantiza que se ingiera menos alimentos.  

La banda gástrica es una intervención que está  en desuso, consiste en colocar un dispositivo en forma de anillo a nivel de un segmento del estómago, eso impide que el paciente coma en grandes cantidades.

Finalmente, la derivación biliopancreática con switch duodenal es una cirugía mucho más agresiva que las anteriores. Esta se realiza en menos porcentaje y está destinada solo a pacientes con un IMC muy alto, como mayor a 60. Con esta intervención se alcanza más del 98% de pérdida del peso en exceso.

Se la considera agresiva porque genera importantes carencias nutricionales, pues el procedimiento consiste en hacer primero una manga gástrica y después extraer gran parte del intestino, se suele dejar un intestino hábil de tan solo un metro o menos, depende del paciente.  

Pero además del IMC, otro de los criterios para ser candidato a estas cirugías es el aspecto psicológico. Es necesario verificar que la persona se compromete a cambiar su estilo de vida para no volver a subir de peso.

La psicóloga Lenny Jaramillo, explica que existen diversos factores para que una persona padezca sobrepeso u obesidad.

Se suele  tener  episodios depresivos, que incluso pueden ser producto de su mismo aspecto físico.

“Hay personas que tienen problemas y se refugian en los alimentos, en consumir y consumir”, dice Jaramillo.

De ahí que antes de una intervención quirúrgica se deben analizar y tratar aspectos personales como trastornos alimenticios, estados depresivos o de ansiedad, conflictos personales, entre otros. Además, es fundamental trabajar con la familia para que sean un apoyo del paciente. 

Jaramillo destaca la importancia de que los pacientes comprendan en qué consiste el procedimiento quirúrgico y que se comprometan a cumplir los cuidados posteriores a la intervención.

De acuerdo con Ger, el Hospital Eugenio Espejo es el único sitio a nivel nacional en el que se hacen estas operaciones a pacientes que cumplen con los criterios médicos. Torres, Ger y Jaramillo forman parte del equipo multidisciplinario que trata estas afecciones.

Las cirugías estéticas no curan la obesidad

De acuerdo con los especialistas, las cirugías estéticas, como la abdominoplastia, la liposucción o la lipoescultura no son efectivas en casos de obesidad superiores a grado dos. En casos de sobrepeso u obesidad grado uno, su realización depende de cada persona, pero los resultados son los mismos que se podrían obtener con ejercicios y una buena alimentación.

Si la persona no se compromete a llevar hábitos de vida saludables no es una candidata ideal ni para las cirugías metabólicas ni para las estéticas, pues en un tiempo volverá a subir de peso.

Según Torres, la primera alternativa siempre debe ser cambiar el estilo de vida: mejorar la alimentación y dejar la vida sedentaria.

“Las personas con sobrepeso u obesidad grado uno no son pacientes que requieren cirugías estéticas ni metabólicas. Primero deben agotar alternativas médicas, luego pueden ver una alternativa quirúrgica”, dice Torres.  

Las cirugías no son una solución definitiva para la obesidad o el sobrepeso, ni un sustituto a una buena alimentación o a ejercitarse. Se necesita, sobre todo, que la persona decida cambiar sus hábitos por un estilo de vida saludable.  

Ger sostiene que las personas que padecen alguna de estas afecciones deben reconocer cuáles son los alimentos que hacen daño y concienciar sobre las consecuencias de la inactividad física.

“Muchos pueden recuperarse sin llegar a una cirugía”, comenta Ger.

Todos los planes alimenticios para las personas que deben bajar de peso tienen carbohidratos, proteínas y grasas. Las dietas milagrosas que se promocionan en internet, como la de comer por 10 días solo manzanas, no son saludables.

Lo más importante es quitar lo que hace daño que es la comida procesada, como el pan y los embutidos. Asimismo, todo lo que viene en botella, en frasco o conserva son productos malos. Solo eliminando el alimento tóxico -dice Ger- ya se empieza a bajar de peso rápidamente.

Es muy importante el consumo de vegetales en grandes cantidades, pues se ha comprobado que disminuyen la mortalidad y la aparición de cáncer.

En cuanto a ejercitarse, las personas con sobrepeso u obesidad no deben empezar a entrenar sin antes haberse hecho un estudio de cuál es su condición física y de recibir la guía de un especialista. De no hacerlo, podrían sufrir lesiones o otro tipo de afección.

“Es muy difícil hacer ejercicio, no lo niego, pero al principio. Después las cosas van fluyendo”, comenta Esteban Arroyo, deportólogo.

Arroyo marca la diferencia entre ejercitarse y hacer actividad física. El ejercicio es toda actividad física que es planificada, estructurada y repetitiva, que tiene por objetivo mejorar el rendimiento de una persona. Mientras que la actividad física es todo lo que se realiza cotidianamente en el día, como ir al trabajo. Ambas son necesarias para tener una vida saludable.

Según el deportólogo, los ejercicios se prescriben de acuerdo con cada paciente. Primero, por ejemplo, se calcula el consumo máximo de oxígeno al ejercitarse y se hacen valoraciones cardiológicas. Además, todo depende de las enfermedades que tenga debido a su obesidad.  

Por ejemplo, dice Arroyo, una persona con obesidad no es sometida en primera instancia a trote porque no lo pueden hacer, pues toda la carga del cúmulo de grasa se localiza en la cadera, las rodillas y en los pies.

Arroyo estructura los ejercicios de acuerdo con las frecuencias cardíacas de cada persona. Estos parámetros le indican al especialista cuándo el paciente debe quemar; por ejemplo, hidratos de carbono, cuándo quemar grasas y cuándo ya puede empezar a entrenar desde un entrenamiento bajo, medio y alto.

Sentir pereza los primeros días de ejercitarse es normal. A partir de los 15 días, el propio cuerpo pedirá ejercicios. Después esto se volverá una rutina. Foto: toofattorun.co.uk

Datos

- Según la Organización Mundial de la Salud, en 2014,  más de 1.900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales más de 600 millones eran obesos.

- En 2015, 42 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso en todo el mundo.

- Los niños con sobrepeso poseen muchas probabilidades de convertirse en adultos obesos y de sufrir a edades tempranas de diabetes y enfermedades cardiovasculares. (I)

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