Lunes, 10 Octubre 2016 00:00 Freddy Ehlers

Punto de vista

Citius, altius, fortius

Freddy Ehlers Zurita

Un lema olímpico muy conocido es Citius, altius, fortius, que traducido al español quiere decir ‘más rápido, más alto, más fuerte’. Esto conlleva premiar al ‘más más’, al mejor, al que se eleva más alto, al que muestra más fuerza y al que se moviliza más rápido. Es un concepto darwiniano en el sentido de que el más apto debe ser premiado. El creador de las olimpiadas modernas, quien adoptó este lema, fue el legendario dirigente olímpico Pierre de Coubertin. En la lógica de las olimpiadas, las medallas de oro, plata y bronce distinguen a los mejores y los diplomas olímpicos a quienes los siguen.

Sería conveniente reflexionar un poco sobre lo que pasa con todos los demás. ¿Son acaso perdedores todos aquellos que no llegan a tener medallas o diplomas? ¿No debería ser el real propósito de las olimpiadas el de competir, el de reconocerse en los otros, el de acompañarlos y no únicamente el de buscar la victoria a cualquier precio?

El propio Pierre de Coubertin manifestó algo que es menos conocido. Dijo que lo más importante en los Juegos Olímpicos no es ganar sino participar, al igual que la cosa más importante en la vida no es el triunfo sino la lucha; y que lo esencial no es haber vencido sino haber luchado bien.

Estas magníficas y profundas reflexiones no son sin embargo lo que el marketing impone, o lo que se divulga insistentemente en los medios de comunicación. Nos han enseñado a buscar el triunfo personal y no tanto a ser solidarios. Por eso, cabe recordar una frase ancestral del pueblo aymara, en lo que hoy es Perú y Bolivia, que dice:  

“Que todos vayamos juntos,
Que nadie se quede atrás,
Que todo alcance para todos,
Y que a nadie le falta nada”.

Esta maravillosa síntesis de lo que debería ser el vivir bien no es practicada en el mundo ferozmente competitivo en el que vivimos actualmente. Principalmente se busca la eficacia y la eficiencia, dejando a un lado la cooperación, la amistad, la solidaridad y tantos otros valores que nos hablan de lo más importante del ser humano, valores que tienen que ver con su esencia y no solo con resultados exitosos.

Está bien reconocer el triunfo, hacer que suban al pedestal “los mejores”. Nos alegramos por todos aquellos compatriotas que han competido y compiten en eventos internacionales. Poder participar en unas olimpiadas es un enorme éxito personal y nacional, pero los deportistas deberían ser conocidos como personas dignas de admiración, aquellas que más sirven a los demás, las que se alegran por el triunfo de otras tanto como por el de sí mismas, las más humildes de verdad, las más compasivas, las que sepan perdonar o las que expresen gratitud con las simples cosas de la vida.

En el mundo de hoy, qué bueno sería que existieran unas olimpiadas sobre los valores humanos, sobre las virtudes y sobre las responsabilidades. Eso revelaría que estamos en buen camino para poder construir la nueva civilización humana, la del Buen Vivir. (O)

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