Venezuela: la hipótesis del doble gobierno y el conflicto prolongado

- 16 de Julio de 2017 - 00:00

El problema de la derecha venezolana es haberse propuesto un objetivo sin la correlación de fuerzas necesarias. Aunque en realidad la decisión no fue nacional sino norteamericana, donde reside el nivel estratégico y operacional de las acciones en curso. Falta de correlación porque, para decirlo de manera sintética, no se saca un gobierno por la fuerza si no se tiene el peso de las clases populares o de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Y hoy, a noventa días de iniciado este ciclo, siguen sin tener ninguna de esas dos variables.

No significa que hayan abandonado su política hacia esas dos dimensiones. En el caso de las clases populares, ya convencidos de que no las podrán sumar a su llamado político a sacar el gobierno, han decidido golpearlas aún más con la asfixia económica. En ese cuadro se explican las acciones como la quema de un depósito de comida -60 toneladas incendiadas- que iba destinado a los barrios populares, el ataque a camiones que transportan comida de gobierno, el aumento de precios. Buscan agudizar las condiciones materiales que abran las puertas a saqueos que ellos mismos -con sus grupos de choque- organizan.

Respecto a la FANB han optado por varios movimientos a la vez. Uno ha sido el ataque sistemático armado, tanto sobre la base principal de Caracas (La Carlota), como a cuarteles y batallones en diferentes puntos del país -el último registrado tuvo lugar el martes por la noche en Acarigua, donde se robaron las armas y mataron a un soldado. Otro ha sido el intento de desmoralización permanente a través de ataques por redes sociales. Un tercer elemento, que comenzó desde el inicio del ciclo, fue llamar públicamente a la FANB a desconocer las órdenes del gobierno y sumarse al Golpe -Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, volvió a hacerlo el miércoles, y ofreció el perdón que no tiene a los soldados que se sumen. Por último, y como siempre en el tiempo de la revolución, han trabajado en las sombras para lograr el quiebre de un sector.

El problema que tienen es que esta suma de tácticas no ha dado el resultado esperado. De no lograrse el apoyo de actores de peso de las FANB, entonces el escenario pasaría a prolongarse. Para eso parecen prepararse.

La hipótesis del conflicto prolongado tendría dos elementos centrales: el político y el armado. En lo político ya lo han anunciado, el plan es, además de desconocer el gobierno de Nicolás Maduro y la Asamblea Nacional Constituyente, avanzar en la creación de nuevos poderes públicos. Esto significa intentar poner en pie un gobierno paralelo. Para legitimar esa línea, que ya está en desarrollo, han convocado al plebiscito del 16 de julio -anticipándose a las elecciones del 30- donde, entre las preguntas, estará la de la conformación de nuevos poderes y de un gobierno de unidad. La cuestión no es si el plebiscito será legal o no, ni cuánta gente votará, de lo que se tratará será de anunciar/validar internacionalmente esa estrategia.

El problema en ese camino será lograr darles peso real a los poderes. No basta con anunciar las cosas para que sucedan -práctica recurrente en la derecha-. Tendrá importancia la respuesta de las alianzas internacionales, así como la profundización de la estrategia violenta. Para esto último cuentan con una ventaja y un problema. La ventaja es que han trabajado para legitimar su violencia, algo que en gran parte han logrado, en particular internacionalmente. Para eso cuentan con la participación activa de los grandes medios de comunicación, de la maquinaria del imperialismo. En Venezuela, según esa matriz, no existen paramilitares, grupos de choque entrenados, bandas de delincuentes financiadas para hacer destrozos, sino que se trata de estudiantes, pueblo hambreado, jóvenes que resisten contra la dictadura. Y justifican todos los actos violentos -el helicóptero que lanzó granadas sobre el Tribunal Supremo de Justicia, el incendio de alimentos etc.- como supuestos auto-golpes del propio gobierno.

El problema que tienen es que no basta con legitimar, también es necesario fuerza material en el terreno. Y si bien es cierto que han desplegado acciones de gran envergadura durante varios días en diferentes ciudades, no parecieran en condiciones de sostener esas posiciones en un esquema, por ejemplo, de “territorios liberados”. Poseen ventaja de los sentidos a nivel internacional, no tan clara a nivel nacional -su violencia los desgasta y expone al rechazo- y pareciera faltarles capacidad en la calle para un plan de esa dimensión.

Este escenario sería prolongado. Sus acciones violentas por el momento sin nombre podrían tomar identidad política, y desplegar su estructura armada de manera pública -incluso diferenciada de los partidos opositores, como ya esbozan a través de la diferencia entre Mesa de Unidad Democrática y resistencia-. Cuentan con dos retaguardias para alimentar esa estructura: el estado Táchira y Colombia.

Resulta difícil saber cómo podría terminar un cuadro de esas características. Algunos dirigentes de la derecha dejan entrever lo que proyectan. Como Juan Requesens, de Primero Justicia, quien afirmó en un foro: “Para llegar a una invasión extranjera tenemos que pasar esta etapa”.

Existen otros interrogantes que se resolverán con las semanas. Una de ellas es si la derecha -o una parte al menos- inscribirá a sus candidatos a principios de agosto para las elecciones a gobernadores que serán en diciembre. En caso de no hacerlo, sería una confirmación más del punto de no retorno, de imposibilidad de solucionar el conflicto a través de un diálogo entre partes. Se haría más clara la hipótesis del conflicto prolongado a la espera de un quiebre en la Fanb o una intervención extranjera de otro nivel. Si anotan a sus candidatos sería un indicativo de que la resolución final tendría una parte electoral.

El escenario también tendrá cambios en función del resultado del 30 de julio: una alta participación le daría legitimidad y base política al chavismo. Un escenario contrario agudizaría la confrontación. La derecha hará todo lo posible para no llegar hasta esa fecha, y ese día montarán -es lo más probable- un esquema de asedio a los centros de votación, las carreteras, los transporte, con el despliegue de su estructura armada y la pantalla pública de su nueva herramienta en construcción: los Comités de Rescate de la Democracia. El Consejo Nacional Electoral ya anunció que protegerán cada lugar de votación.

Planteado así el escenario, el ciclo que se abrió a principios de abril no parece tener una resolución cercana. Los Estados Unidos han decidido empujar a Venezuela hasta sus límites políticos, sociales, culturales, comunicacionales, armados. Quieren retomar -a través de la derecha en el gobierno- el poder político, subordinar la economía a sus intereses, y desplegar una revancha masiva sobre un movimiento histórico. El chavismo está enfrentado a una guerra compleja, integral, a la cual debe responder con inteligencia y una apuesta plena, como supo hacerlo Hugo Chávez, a los poderes creadores del pueblo. (O)