Una sola lucha

- 21 de febrero de 2017 - 00:00

Luego de una campaña electoral tan siniestra y unos resultados que mapean la respuesta ciudadana como una gelatina blanda y móvil, hay que pensar muy en serio cómo la derecha ecuatoriana y sus apéndices de la pseudoizquierda montaron una estrategia -exclusivamente mediática- para denigrar un proyecto político y económico, liderado por Rafael Correa, que alteró la historia de exclusión social de Ecuador.

Al margen de si Lenín Moreno gana o no en una sola vuelta, es preciso advertir que los sectores más recalcitrantes de la política nacional presentaron opciones electorales para diseñar, con frialdad, un desequilibrio de los sufragios válidos y así catapultar la candidatura del banquero Guillermo Lasso. Y lo hicieron tan fríamente que usaron todas las herramientas que brindan las investigaciones para este tipo de eventos de reacción (condicionada), es decir, de poblaciones no formadas ideológicamente y/o de un país con mínima práctica de partidos políticos fuertes y orgánicos.

Además, la naturaleza local y externa de la estrategia electoral -no política- de la oposición del banquero, rechazada de manera hipócrita por Cynthia Viteri y otros chimbadores, redondea la otra cara de la campaña: la sucia. No en vano los últimos días arreciaron los embustes y el nuevo escenario de disputa de sentidos, aunque estos sean subjetivos y maleables, como es el de las redes sociales, se comieron la carne de unos usuarios intoxicados que creen que una elección es un tema de coyuntura y no una decisión que marca el futuro de una nación.

Pero nuestra alegría es que en lugares como Guayaquil o en Manabí toda, la propuesta de la Revolución Ciudadana fue acogida en su verdadero valor: es una opción para los excluidos, los que saben que nuestro proyecto siempre ha estado dedicado y comprometido con el pueblo; pueblo con esperanza y futuro.

Así también por fin los chimbadores se sacaron la careta, y remachando lo asimilado por las derechas de la región, acudieron a la parcial despolitización de la sociedad para injertar el miedo y la ingratitud. En vez de subir los decibeles del debate político, o sea, entre un modelo de Estado y sociedad, fijaron los tiros en la infamia, dejando a la gente con lo peor de la campaña: los trapos sucios de todos y de nadie.

No obstante, los votos que saca Lenín y la Revolución Ciudadana son los votos del corazón, de aquellos que han visto cómo el país es otro y que ninguna conquista social llega sin lucha política. Si se gana en primera vuelta hay que defender el triunfo en las calles; porque las calles del país le pertenecen a la gente, no a los que se proclaman voluntarios de un banquero que ha saqueado, sin recato, la conciencia de quienes solo creen en la especulación del dinero y el alma.

Y, por último, no olvidar que la alianza política de los medios -tradicionales y virtuales- ha jugado un rol capital para desinformar y falsear lo que ocurre en Ecuador. La cooperación electorera de sus líneas editoriales, informativas y de su bien distribuido anonimato influyó en quienes ya olvidaron cómo era este país hace diez años.
Sea cual sea el resultado final, la lucha es luchando, y el enemigo de hoy no está a la altura de toda nuestra historia social. La pelea es peleando. (O)

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