Domingo, 02 Octubre 2016 00:00 Columnistas

Una reparación mediática urgente

Orlando Pérez, Director de El Telégrafo

Parecería exagerado pero no: cuánta tinta se derramó y cuánto odio se extendió para acusar a varios ecuatorianos, entre ellos al Presidente de la República, como miembros, simpatizantes, auspiciantes o colaboradores de las FARC.

No fuimos pocos (y perdonen que me incluya). Incluso metieron a Hugo Chávez. Si se revisa lo publicado en Ecuador y Colombia tras el ataque-invasión a Angostura, no habría espacio en esta columna para demostrar el sinnúmero de insinuaciones, supuestas conclusiones y hasta solemnes declaraciones de “personalidades” de prestigio político, académico e intelectual que sugirieron vinculaciones con el grupo armado colombiano.

Hubo, literal, un linchamiento mediático muy bien orquestado. El objetivo: desprestigiar, aniquilar y asesinar la imagen de toda aquella persona que, con una mínima expresión de izquierda real y consecuente, defendiera el derecho a levantarse en armas y a la vez buscar la paz.

Y para eso hubo periodistas agenciosos, medios supuestamente objetivos, investigaciones aparentemente propias (en realidad algunos datos salían de ciertas agencias de espionaje), libros y uno que otro personaje que iba y venía de Colombia, pero luego aparecía en Miami. Son los mismos, además, que fundan portales web con asiento en Panamá y reciben fondos de determinadas agencias extranjeras. Llegaron al colmo de brindar en cocteles, en embajadas y hoteles, por haber “revelado” la supuesta conexión narco-guerrillera con el gobierno y seguidores ecuatorianos.

¿En cuántas de esas reuniones se estrecharon en abrazos efusivos con Álvaro Uribe algunos de esos políticos, periodistas, asambleístas y banqueros? ¿Quiénes vilipendiaron a una asambleísta cuando la dibujaron y adjetivaron como “Comandante Pelos”? ¿Ya nos hemos olvidado del sinnúmero de caricaturas y editoriales, entrevistas y comentarios estigmatizando a todo aquel que se atrevía a mencionar a las FARC o por lo menos a pedir un trato político a esa organización por las causas reales y estructurales que originaron su aparecimiento en la disputa política de Colombia?

Ahora que se firmó la paz en Colombia y hoy domingo que se decide en las urnas ese acuerdo podemos mirar con distancia y reconocer que todo significó una bien montada y bien financiada operación política y mediática de la cual habrá que revisar cada paso para que la historia señale a cada uno de los responsables directos e indirectos.

Por eso creo que la firma de paz y su legitimación en el plebiscito de hoy debe asegurar lo que los colombianos han pedido: verdad, justicia, reparación y no repetición. Es lo más justo y lo más honorable si se quiere en serio vivir en armonía o, por lo menos, buscar el bienestar común para los colombianos y para los países fronterizos afectados por el conflicto de esa nación hermana.

1.- Verdad para que se sepa por qué hicieron todo aquello contra ciudadanos inocentes y ajenos a ese conflicto. No hay cómo asesinar la verdad ocultando por qué actuaron de ese modo los medios y periodistas para propagar falsas y falaces investigaciones con supuestos especialistas y documentos.

2.- Justicia para que la conciencia histórica no se lastime y se conozca a cabalidad todo lo que llevó a la esquizofrénica acción de parapolíticos, paraperiodistas y paraacadémicos.

3.- No repetición porque no es posible aceptar de nuevo una operación de esa naturaleza que solo ha contribuido a la violencia, la intolerancia y al hostigamiento público bajo el supuesto valor moral de sus convicciones, cuando en realidad eran acciones bien articuladas a una estrategia concreta.

4.- Y, voy a insistir varias veces: la reparación mediática es urgente, necesaria, justa e inaplazable para que retiren de todas sus publicaciones, grabaciones, audios y videos la basura montada para el linchamiento recurrente y violento que hicieron en estos diez años.

América Latina debe hacer una reparación mediática: la firma de la paz revela hasta dónde todos esos actores políticos minaron y torpedearon la paz colombiana a través de titulares y supuestas investigaciones (verdaderos misiles contra la verdad). En Ecuador estaría bien abrir el debate con los documentos en la mano, las ediciones de aquellos años y los testimonios de todos los que se coaligaron para exacerbar el supuesto terrorismo que invadía las estructuras del poder político nacional.

La reparación mediática pasa también por entender que solo hoy es posible hablar de paz porque fue precisamente el ministro de Defensa de Álvaro Uribe quien les dio las espaldas al militarismo y al financiamiento terrorista para sostener la guerra como una fuente de enriquecimiento. Las migajas de todo ese financiamiento (mucho dinero que salió del mal llamado Plan Colombia) cayeron en ciertos periodistas y medios, políticos y ONG. Deben ser todos ellos los que cuenten (para que queden en paz con su conciencia) de qué modo se dejaron llevar a una locura llamada guerra mediática.

Nadie puede asegurar que la firma de paz y el desarrollo del proceso acordado entre el gobierno y las FARC constituyan ya las bases de la entrada en el paraíso celestial. Pero si desde ahora no se cierran las heridas y se conoce toda la verdad, esos que se beneficiaron de la guerra bien pueden abrir de nuevo supuestas investigaciones para decir, por ejemplo, el narcoterrorismo se ha trasladado a Ecuador o para inducir a pensar que el dinero va a campañas electorales o a organizaciones políticas.

Si hay una reparación mediática, habrá muchos que deban dar la cara y pedir perdón. (O)

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