Una academia maltratada

- 08 de junio de 2017 - 00:00

El 24 de julio de 1909, un grupo de jóvenes intelectuales, tanto conservadores como liberales, encabezados por el sabio y patriota arzobispo Federico González Suárez, fundó la Sociedad de Estudios Históricos Americanos, con la finalidad de impulsar la investigación y difusión de la historia, vista con amplio espíritu de Patria Grande. Desde su fundación, la Sociedad se empeñó en superar la ‘historia partidista’ que había prevalecido hasta entonces, asentando su trabajo en la nueva metodología positivista, según la cual cada afirmación del historiador debía venir respaldada por la cita de un documento.

Ese empeño científico y la publicación de su sugestivo Boletín le dieron pronta fama, al punto de que, en 1920, el Congreso Nacional dictó una ley reconociendo a esta sociedad científica como Academia Nacional de Historia (ANH) y mandando que el Estado la sostuviera económicamente.

Desde entonces y hasta hoy, la ANH ha cumplido una formidable tarea al servicio de la nación, reconocida de variados modos por el Estado ecuatoriano, a través de condecoraciones e inclusive del Premio Nacional Eugenio Espejo. También ha merecido elogios y respaldos de notables entidades culturales y científicas del mundo, siendo las últimas la Universidad de Salamanca, en 2015, y la Academia de Ciencias de Francia, en 2016. Pese a lo dicho, nuestra Academia ha sido maltratada económicamente por el Estado ecuatoriano, que nunca le ha entregado recursos suficientes y oportunos para cumplir con sus tareas de investigación y difusión, tal como lo mandaba su ley original y lo han reiterado sucesivas reformas legales.

Esta situación cambió solo cuando el ministro de Educación Raúl Vallejo suscribió con el director Juan Cordero un convenio por cuatro años (2009-2013), fijando la pequeña cantidad de

$ 150.000 como aporte anual para la ANH. Empero, los burócratas de ese ministerio se daban modos para entregar la asignación siempre tardíamente. Después, el Ministerio de Educación se ha negado a suscribir otro convenio y nos ha entregado su ayuda mediante giros tardíos, luego de que el personal de la ANH ha pasado meses entregando papeles, recibos e insólitas justificaciones exigidas por los burócratas de turno. Y cuando les mostramos el mandato legal que nos ampara, responden que esa ley no indica cuánto, cómo o cuándo debe entregarse ese aporte.

Lo peor ha ocurrido el año pasado, cuando el aporte estatal nos fue acreditado el 26 de noviembre, con la indicación de que debíamos gastarlo obligatoriamente hasta el 31 de diciembre. Es decir que, después de matar de hambre a la Academia por casi todo el año, esos burócratas de tercer nivel nos imponían una acción imposible. ¡Habrase visto tamaña estupidez!

El resultado inevitable ha sido que pagamos deudas y gastamos al apuro el 75% del presupuesto recibido, y guardamos el resto para sostenernos en los meses siguientes, como hemos hecho siempre. Pero ahora la burocracia ministerial nos exige que devolvamos los $ 55.000 no gastados hasta diciembre, como condición clave para tramitar el aporte del presente año.

Denunciamos esta barbaridad al nuevo Ministro de Educación y a la opinión pública y anunciamos que nuestra Academia no está dispuesta a tolerar este nuevo maltrato. También exigimos que el Estado, cumpliendo con la ley, nos entregue recursos suficientes y oportunos, al comienzo de cada año, para que esta Academia pueda cumplir con las altas responsabilidades que le ha encargado la nación. (O)

 

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