Martes, 22 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Trapicheos tras las elecciones en EE.UU.

Rodolfo Bueno

Trump ha logrado lo imposible, derrotar a los neocon, una transnacional oligárquica que pretende imponer el nuevo orden mundial mediante la globalización. Su triunfo sobre el establishment de Wall Street es meritorio porque abre las puertas para que EE.UU. no utilice la guerra como salida a la crisis económica y genere una política interna que cree fuentes de trabajo y permita a la real economía de mercado crecer, y no solo a las finanzas especulativas, como hasta ahora.

Trump es un hombre de negocios que pisa tierra firme y sabe alcanzar sus objetivos, uno de ellos, tal vez el más importante, sacar a EE.UU. del berenjenal al que lo han traído los neocon. Además de una voluntad inquebrantable, tiene un formidable equipo de trabajo con el que ha conquistado una victoria que asombra al mundo. Sin embargo, ¿podría Hillary Clinton ganar a Donald Trump?, ¿podría el Colegio Electoral el 19 de diciembre votar por Clinton y elegirla Presidenta de EE.UU.? Muy difícil, pero no imposible, ya hay millones de firmas que piden votar por ella. Ojalá triunfe el sentido común y elijan presidente a Trump, si no, nada bueno espera a EE.UU.

Es innegable que el imperialismo mundial se ha globalizado e intenta controlar el destino de todos; cómo lo hace es harina de otro costal. A veces es sutil, a veces  es grosero e incluso temible, todo depende de a quién enfrenta. Pero siempre lo hace sobre la base de los firmes pilares en que sustenta su poderío global. En los últimos años lo ha hecho por medio de los neocon, pero la política y el tiempo de este grupo se agotó, llegó a su límite; de seguir la ruta por donde iban les restaba tan solo dar el último paso, iniciar la tercera guerra mundial aunque eso significase cavar su propia sepultura, junto con la del resto del género humano.

Esto fue lo que previó el sector de la élite de EE.UU. que acompaña a Trump, gente pragmática con sentido común que comprende que no se trata de mantener una supuesta hegemonía a cualquier precio, incluida la ruina social, sino de recuperar el real poderío americano. Son conservadores inteligentes.

Ahora le toca a Trump hacer la tarea más difícil, plasmar en realidad sus propuestas. Por lo pronto, es esperanzador que Vladimir Putin y Donald Trump coincidan en la necesidad de trabajar de manera conjunta para mejorar las relaciones diplomáticas, económicas y comerciales entre sus países, actualmente poco satisfactorias, y también en unificar esfuerzos para combatir a los principales enemigos del género humano, el terrorismo internacional y el extremismo.

El futuro gobierno de Trump asusta a los neocon del mundo, en particular, la perspectiva de que fuerzas políticas semejantes a las que sustentan a Trump lleguen al poder.

El presidente de la Comisión Europea, Juncker, ha declarado que su elección “es una amenaza a la seguridad mundial”. Por eso se dan movilizaciones en las principales ciudades de EE.UU., por eso tratan de que no asuma la presidencia y, si la asume, intentarán domesticarlo o derrocarlo a como dé lugar, por eso presiona la OTAN, organismo que, según Trump: “Es una institución obsoleta… que nos cuesta mucho”. Por eso la gran prensa no cesa de atacarlo.

Los vientos de cambio soplan por todo el planeta, ojalá despleguemos nuestras velas. (O)

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