"Todos los del Gobierno son corruptos, no soporto que sigan una década más, me voy del país"

- 25 de febrero de 2017 - 00:00

Mientras hacía cola para pagar unos víveres en un supermercado, una señora blanca, alta y muy bien vestida, de unos 35 años, con una expresión histérica, vociferó a una amiga por celular el titular de mi colaboración al diario EL TELÉGRAFO, agregando que se iría a vivir al extranjero al dia siguiente. Un profesor amigo me contó que en el colegio donde trabaja, de los más exclusivos y caros de la ciudad de Guayaquil, algunos estudiantes se expresan con términos parecidos frente a la posibilidad de que Lenín Moreno ganara las elecciones para presidente.

Menos la última parte de la frase aludida, es una expresión muy frecuente en las mal utilizadas redes sociales, que en gran parte se han convertido en una cloaca de las más viles pasiones, que en forma irresponsable pretenden salpicar de inmundicias a personas honestas, de parte de quienes descienden de su condición humana y se esconden en el anonimato, para no responder a los delitos penales. La expresión: “Todos los del Gobierno son corruptos, ladrones, etc.”, es una generalización falaz del pensar que extiende un calificativo a toda una población, como si todos participaran de esa condición.

Es una expresión que nunca ha existido, no existe ni existirá en ninguna sociedad, porque en todo grupo humano, en toda comunidad, existe diversidad de personas; aun en las cárceles y en la Alemania nazi no puede ponerse en un mismo saco a todas las personas. Porque en cualquier gobierno existen personas honradas y corruptas. Ni en un gobierno donde se encuentra institucionalizada la corrupción desde hace más de medio siglo, como es México, no debemos hacer generalizaciones diciendo que “todos los del Gobierno mexicano junto con su pueblo son corruptos”. Las personas honradas de cualquier gobierno tienen el derecho de demandar penalmente a quienes realizan tales temerarias generalizaciones.

En la misma categoría de generalización falaz deformada de la realidad, violatoria de la condición humana, se encuentran las expresiones: “Todos los hombres son mujeriegos”, “todas las mujeres son coquetas”, “todos los negros son vagos”, “todos los blancos son racistas”, “todos los de la oposición son deshonestos”, etc. Las expresiones mencionadas, además de ser generalizaciones, también son maniqueístas, forma de pensar nacida en Irak hace varios miles de años, aun antes del principio del tercero excluido de la lógica aristotélica. Esta forma de pensar nos lleva a las exclusiones, a los odios y las guerras, al rechazo al diálogo, excluye la unidad de los contrarios, el tomar lo mejor de cada persona y grupo humano, a la unidad nacional de los países. Por eso es que las élites explotadoras postergadas “no soportan que sigan una década más”. Contrarios a que se profundicen políticas sociales al servicio de los más necesitados, de los que todavía se encuentran excluidos, marginados.

Los grupos económicos y sociales que gobernaban el país y ponían la mayor parte del presupuesto y las leyes al servicio de los más ricos, poderosos, los arribistas y renegados de sus orígenes sociales. Quieren, exigen y utilizan todos los recursos, los democráticos y dictatoriales, de la guerra sucia, el lenguaje soez, la mentira y la difamación, antiéticos e inmorales, con tal de alcanzar sus protervos, egoístas y mezquinos objetivos de los grupos de explotación del que forman parte. Los grupos privilegiados hablan entre ellos con desprecio de “los longos”, “las sirvientes”, “los indios” y “el pueblucho”, ahora los adulan para ganar las elecciones; de no conseguirlo, amenazan con incendiar el país y en último recurso se irán con sus familias a algún paraíso fiscal, donde harán con su dinero “lo que les dé la regalada gana” y no pagar impuestos para políticas sociales inclusivas. Cambien su forma de ser y de pensar y colaboren en beneficio del buen vivir de todos, y no de rancios grupos de explotadores. (O)