Lunes, 05 Junio 2017 00:00 Columnistas

¿Quién pone la agenda política?

Werner Vásquez Von Schoettler

La pregunta está de más. En las pasadas elecciones, no solamente se eligió nuevo Presidente y Vicepresidente para Ecuador, nuevos asambleístas, de los cuales la mayoría absoluta fue para la Revolución Ciudadana.

Esta obtuvo una mayoría en el número de parlamentarios andinos, además de obtener una victoria contundente en la consulta popular contra los paraísos fiscales, sobre todo, fue aprobado un programa de gobierno. Sí, un programa de gobierno que propone continuidades y cambios en el modelo de organización social de Ecuador.

Continuidad en las políticas públicas más eficientes y efectivas para provocar mayor justicia, igualdad y equidad de oportunidades. Cambios para que el Estado se ajuste a las nuevas propuestas para generar más y mejor empleo, seguridad, salir de la recesión y que el país crezca a la par que la redistribución de la riqueza sea más efectiva para terminar con la extrema pobreza.

Junto a estos cambios se aprobó un plan integral de atención a los más necesitados, quienes aún padecen de necesidad y están en los márgenes de una sociedad que aún reclama mayor justicia social. Continuidad y cambio no son contradictorios. Lo que sí es claro es que la agenda política y económica no la ponen quienes perdieron varias veces en la pasadas elecciones. No la ponen los medios de comunicación privados, aquellos partidos mediáticos que atentaron contra la democracia, inventando un presidente a su imagen y semejanza.

No la ponen aquellos que hicieron grandes esfuerzos por incendiar las calles de Quito, provocando violencia de todo tipo, buscando su anhelado ‘muerto’ que terminase con el modelo de la Década Ganada. Nadie puede estar en contra del diálogo con todos los sectores, pero sí es claro que es muy, pero muy difícil dialogar con aquellos que desde 2006 se opusieron a todo. Que promovieron una feroz campaña contra la Constitución de Montecristi. Que han gritado a los cuatro vientos que en este país no hay libertad de expresión, precisamente, despotricando contra todos aquellos que no han pensado igual, sencillamente porque dejaron de ser los tribunales de justicia, de una justicia hecha a su medida.

Son aquellos que les ha dolido en lo más profundo que Ecuador tenga un Estado de derecho. Que prime la ley. Por supuesto que es sano el diálogo con ciertos sectores de la izquierda tradicional, superar tensiones e incluso sanar heridas que fueron innecesarias, pero el olvido social no puede convertirse en impunidad, nunca. El mayor descaro de querer imponer ‘agendas’ está en que el excandidato presidencial perdedor plantee su agenda de ‘10 medidas’, o que sectores empresariales, claramente posicionados con la oposición perdedora, recomiende, sugiera, exija, no el cumplimiento del programa de gobierno, sino sus propuestas sectoriales.

El futuro lo construimos todos. Todos debemos aportar para que el nuevo Gobierno sea exitoso. Pero es claro que algunos no quieren que esto suceda; quieren todo lo contrario para salir ganadores en las seccionales de 2019.

Con aquellos será difícil dialogar, valga siempre tener presente lo que le pasó a Dilma Rousseff, con los sectores más opositores: dialogando y dialogando, terminaron destituyéndola. Una revolución en democracia siempre enfrentará a sus peores enemigos: opositores, facciones internas y la cancerígena burocratización, incluidos los aduladores del momento. La agenda la ha puesto el pueblo ecuatoriano y su voz es la que se debe cumplir. Amén. (O)

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