Jueves, 11 Mayo 2017 00:00 Columnistas

¿Qué pasa con nuestra democracia?

Antonio Quezada Pavón

Parece que no nos gusta nuestra democracia ecuatoriana. Eso es lo que percibo antes, durante y después de las elecciones. Sin ningún empacho, periodistas y editorialistas de medios de comunicación se refieren al presidente constitucional de la República del Ecuador, Rafael Correa, como “el dictador” y aun así reclaman libertad de expresión. Y sin más ni más, calificaron al proceso electoral de fraudulento, restándole legitimidad a la clara elección de Lenín Moreno. Quizás nuestra democracia con toda su parafernalia: elecciones libres, gobiernos seccionales, debates interminables sobre el papel que debería ser adecuado del Gobierno, es demasiado complicado, impredecible, demasiado restrictivo para nuestro gusto.

Y definitivamente, la forma como nuestra democracia se une y alecciona a los demás sobre los derechos y libertades individuales nos molesta. No se me ocurre qué hacer. Siempre tenemos el recurso de apelar a la hipocresía del fracaso de las otras democracias andinas, latinoamericanas y mundiales y encontrar la forma de explicar que, de alguna manera, la nuestra es mejor.

Pero eso nunca funciona muy bien. ¿Qué tal si hacemos que la gente cuyo apoyo es la base misma de esta democracia comenzara a cuestionar el sistema? Que algunas ideas se propaguen por sus mentes: la democracia les está fallando, que la élite de nuestros gobiernos podrían ser titiriteros corruptos y que la base ética y moral del país que conocieron está en caída libre. Y mis queridos lectores, esto es lo que lamentablemente está sucediendo. Lo han logrado infiltrándose en los círculos de información de nuestra democracia para degradar el concepto de este sistema. Para esto han detectado que el activo más poderoso del ciudadano, que es su mente abierta, se convierta en su mayor vulnerabilidad logrando que la gente empiece a cuestionar la verdad.

Nuestra realidad se basa cada vez más en la información que consumimos en la palma de la mano, en las fuentes de noticias que consultamos, en las etiquetas e historias de las redes sociales que se hacen tendencia. Corruptos políticos se han dado cuenta de cómo esta evolución ha convertido las mentes de los ciudadanos en el dispositivo más vulnerable del planeta. Y la mente es particularmente vulnerable si está acostumbrada a un flujo de información sin trabas, ahora cada vez más personalizado en función de los gustos. Este panorama de información tan interesante para todos nosotros, le da a cualquier sicario de la comunicación un camino alternativo hacia la mente.

Es una nueva marca de información que es más exitosa, más traicionera y más difícil de descifrar y categorizar para el público objetivo y aun para la prensa. Si pueden hacer que una etiqueta sea tendencia en Twitter o agitar las aguas con noticias falsas dirigidas a un público preparado para recibirlas; o llevar a periodistas a diseccionar terabytes de e-mails motivados por la codicia y la indecencia. A esto se le llama ‘control reflexivo’, que sería la habilidad de utilizar la información en otra persona para que tome una decisión por su propia cuenta que le sea favorable. Es un control de imagen y gestión de percepción que se lleva a cabo por cualquier medio, con cualquier herramienta, online o no.

Estamos viviendo cada vez más en el ‘ciberespacio’ que no solo tiene un código binario, sino información y personas detrás de ellas. Es más que una red de computadoras y dispositivos. Es una red compuesta de mentes que quieren cambiar a otras mentes. Y para esta red no hay encriptación, ni cortafuegos ni contraseñas que valgan. La única defensa que es mucho más fuerte, más adaptable y siempre tiene la última versión es la capacidad de pensamiento crítico: destapar las mentiras, hacer presión por los hechos. Y por encima de todo, hay que tener la valentía de buscar la verdad. (O)

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