Columnista invitado

¿Qué debemos esperar?

- 09 de Mayo de 2017 - 00:00

Desde el instante que el binomio Moreno-Glas de AP salió a la luz pública, surgieron dos interrogantes. De una parte, cómo la oposición asumiría el reto de una campaña sin su principal referente político y, de otra, cómo la Revolución Ciudadana mantendría el proyecto sin Rafael Correa. La primera fue contestada en los hechos y, ciertamente, la oposición no logró superar la prueba. Jamás ‘descorreizaron’ el proceso y, en lugar de estructurar un proyecto político alternativo, únicamente pretendieron deslegitimar al trípode oficial con todas las armas que tuvieron a su alcance y sin límite alguno. La segunda pregunta fue parcialmente absuelta, en efecto, electoralmente fue un triunfo claro y contundente de AP y, ahora, el binomio triunfador se apresta a consolidar lo logrado, pero, ¿qué debemos esperar a futuro?

Si nos guiamos por lo dicho, en lo político el mensaje de Lenín Moreno siempre fue claro: diálogo y tolerancia hacia un gran acuerdo nacional. La mano oficial se encuentra extendida y algunos, aunque resignados, ya la estrecharon. Sin embargo, la confianza también en política es fundamental y esta se logra sobre la marcha, con voceros adecuados y cumpliendo lo ofrecido. Solo así los grupos sociales que se excluyeron y otros postergados del proyecto podrían retornar, no hay que olvidar que su ausencia fue notoriamente señalada por las cifras electorales.

La tolerancia, propia de la personalidad de Lenín Moreno, empezó a mostrarse en relación a un par de expedientes sancionadores, con una delicada sugerencia de perdón a los sujetos oficiales en beneficio de la contraparte. El estilo se muestra nítido, así como su deseo. Sin embargo, la frustración y el rencor de algunos sectores aún siguen su cauce. Los enemigos están al acecho tratando de minar la confianza en los nuevos mandatarios, basta leer y escuchar cierta prensa privada y redes sociales para percatarnos de ello. Entonces, ciertamente que la senda marcada por el nuevo gobernante es la adecuada en la coyuntura actual, pero no es menos cierto que si se mezcla apertura con ingenuidad o tolerancia con debilidad, surgiría un espacio que bien pudiera ser aprovechado para recrear conflictos y provocar inestabilidad.

Párrafo aparte merece el tema anticorrupción. El mandatario electo ha reiterado que atacará frontalmente la corrupción sin temor ni favor, para esto necesitará fortalecer las instancias de prevención, control y juzgamiento, cuyas competencias están asignadas constitucionalmente. Pero, más allá de garantizar la independencia de sus funciones, lo más importante es involucrarse en tal proceso desde su presidencia. Como decíamos en entrega anterior, la voluntad política es un factor fundamental en esta lucha. Es necesario, entonces, que sea él quien lidere el combate orgánico contra la corrupción. Para algunos, es preferible no involucrar al Presidente en esta lucha, ya que no se debe arriesgar su capital en algo tan riesgoso y expuesto. Discrepo, cuando el petardo denominado corrupción explota, igual contamina al Ejecutivo, el ruido y el humo lo envuelve y se crea una percepción de suciedad en todo el Gobierno, a pesar de no tener su titular facultades específicas de control o juzgamiento.

Y, de otra parte, en la coyuntura actual es fundamental la participación y conducción presidencial en este tema, es un factor coyunturalmente sensible y la confianza ciudadana lo exige. Hay que coger el toro por los cuernos. (O)

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