Sábado, 19 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Prensa privada y oposición disgregada en contubernio

Oswaldo Ávila Figueroa, ex docente universitario

No es apreciación reciente, es ya criterio generalizado, que la oligarquía, derecha o neoliberalismo, ha mantenido permanente y comprometida alianza con los medios, mal llamados ‘independientes’, prensa, radio y televisión, para proteger sus intereses, negocios y, consecuentemente, asegurar su poder político y económico.

Esos medios, en el pasado, se consideraron como un sumo poder, por su fácil manejo de las diversas áreas del periodismo, para engañar y confundir a la ciudadanía; en el fondo formar una acomodada corriente de opinión, de acuerdo con sus intereses y de sus aliados. En el transcurso de la era republicana, paulatinamente, se han ido alejando de su misión, servicio a la comunidad y, sobre la base de su influencia, crearon sus propias entidades de protección y contrataron dóciles periodistas para garantizar la consolidación del poder político-estatal.

Comprendiendo esa realidad, el régimen de la Revolución Ciudadana, con su guía Rafael Correa Delgado, instauró la era de los medios públicos con el fin de lograr un justo equilibrio en el proceso comunicacional. Ahora el tratamiento de los hechos y la versión de los columnistas se los puede apreciar y medir desde diversos ángulos en procura de formar una correcta opinión pública. Complementariamente, el Primer Mandatario inauguró las cadenas y enlaces sabatinos para rendir cuenta de su gestión administrativa, difundir las grandes obras sociales del régimen, que otros silencian; rechazar calumnias y clarificar hechos distorsionados de columnistas privados y alevosos dirigentes de la oposición política. El mensaje sabatino es transparente, no es campaña electoral.

La prensa privada, sorpresivamente, alienta a ridículos presidenciables, que a nadie representan, sin respaldo, ni siquiera del vecindario y condenados al vergonzoso fracaso electoral. Infla a los candidatos exhibicionistas y figurones, brindándoles espacios gratuitos, pero condicionados a fustigar al régimen del Buen Vivir, a su gran líder y al binomio de la victoria Lenín Moreno–Jorge Glas; pero sin darse cuenta, atiza, indirectamente, a la débil y quebrantada oposición política. Prácticamente esos medios ya asumieron la dirección de la campaña electoral con el apoyo desordenado a cualquier presidenciable de la oposición, especialmente concediendo coberturas a los candidatos alevosos y bravucones, especializados en vociferar, mentir y utilizar la calumnia, como recurso para atemorizar al rival.

Los grupos de oposición, sin excepción, para ganarse un espacio en la prensa privada, prometen derogar o echar al tacho de basura la Ley de Comunicación, como única medida para retener el disminuido poder mediático. El temor de esos medios es perder definitivamente influencia y privilegios. El documento en vigencia alerta a los comentaristas de la prensa ‘independiente’, a enderezar desvíos de comportamiento, caso contrario, deberán responder ante los tribunales.

Los grupos de oposición, ya en plena campaña, insisten en el absurdo de que en el país no se vive en democracia; de otro lado, el binomio de la victoria, Lenín-Jorge, exhibe su programa de acción, mantener y superar la política de cambio en la estructura socioeconómica, como alternativa para derrotar los males sociales que devienen del sistema neoliberal y hacer de Ecuador una nación de paz, solidaria y con justicia social. (O)

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