Por quién votar

- 20 de Enero de 2017 - 00:00

Debo insistir que el título del presente artículo no intenta ser contrapunto, para otro que, con connotación negativa, se publicó en un diario de la ciudad, la semana anterior, que insistía en la disyuntiva de ‘por quién no votar’. El columnista, quizá afectado por la recurrente dificultad de convocatoria de adherentes de aquellos candidatos de oposición al presidente Rafael Correa y ante la alta presencia de indecisos, considera válido imitar lo realizado en la campaña de Donald Trump, y motivar a quienes aún no han decidido. Y establece como una expectativa de triunfo aplicar la estrategia eleccionaria llamada Voter, en castellano voto, seguramente para alimentar esperanzas a las alicaídas formaciones conservadoras. Aunque en verdad dicha maniobra sufragista se usó exitosamente por primera vez en 1945, en Inglaterra, por el partido laborista, al término de la Segunda Guerra Mundial. La pericia consistía en administrar un cuestionario en referencia a problemas concretos y de relevancia cotidiana, destinados a una nación victoriosa, pero agobiada por la costosa y larga contienda bélica. Los sufragios mostraron el repudio de los electores para Churchill en favor de Attlee, líder socialista, que se convirtió en primer ministro.

Obviamente, los lapsos, los países, son diferentes, ni siquiera extrapolando actos y situaciones comiciales pueden asemejarse, pero en todo caso, la imposición de los poderes fácticos de unas candidaturas para que compitan en el actual evento electoral son expresión diáfana del fiasco político en que flotan. Y es que esos postulantes, que son precisamente los mismos de ese ayer convulso y corrupto, donde la partidocracia gobernó sin control ni piedad por el pueblo ecuatoriano, son personajes difíciles de digerir.

La gestión a toda luz nefasta para la república, de regímenes de los tiempos perdidos en los ejercicios gubernamentales de la derecha, donde los paquetazos de alzas en servicios básicos y los combustibles, paros de médicos y maestros eran el recurrente suceso de inicio de cada año, y que desde hace dos lustros se han esfumado. Todo ello, laurel en pro de la paz social que el pueblo ecuatoriano ha aprendido a respetar y anhelar. En consecuencia, es evidente que tácticas electorales ancladas en el pasado no surten el efecto ni son el accionar triunfal que esperan promotores y ungidos por los viejos y nuevos partidos derechistas. De allí que acudan a la calumnia, a la descalificación anónima y a las ofertas sin sentido para intentar remontar la ventaja que de por sí esgrime el binomio Lenín Moreno y Jorge Glas.

El pasado domingo 15, Guayaquil fue el escenario de la conmemoración de los diez años de la Revolución Ciudadana. Decenas de miles de ecuatorianos marchamos y colmamos la principal arteria de la urbe porteña y sus calles adyacentes. Mostró la fuerza del movimiento PAIS y la satisfacción real por el progreso, que a millones de compatriotas les significó el cambio de época en sus vidas y en la de las grandes mayorías nacionales. La generación de bienestar para la población  debe continuar; las grandes obras de infraestructura energética, vial, de educación, salud son el comienzo de una era fundamental para nuestra patria, la vía hacia el desarrollo sustentable, la instauración de la democracia participativa, la continuación de la lucha contra la miseria generacional.

En cuanto a las preguntas de la encuesta insinuada en la columna del medio señalado, yo, a diferencia del autor, sugeriría aquellas que tengan que ver con la realidad y el diario vivir de la gente, de aquel conglomerado social que ahora no muere en las puertas de  hospitales ni tiene que escoger qué hijo mandar a la escuela; que tampoco está solo frente a desgracias naturales; que está harto de los que ignoran las leyes laborales, de los que no pagan impuestos. (O)

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