¿Por qué voy a votar por Lenín Moreno y Jorge Glas?

| 16 de Febrero de 2017 - 00:00

Mucha gente no está consciente de las injusticias sociales en su comunidad, por lo cual son muy complacientes con los mayores retos que enfrenta el país. Se muestran ignorantes, privilegiados y apáticos acerca de la pobreza, el desempleo y la insalubridad. Más aún, carecen de creencias políticas y algunos tal vez tienen unos pocos intereses y convicciones que hagan sentido.

A estos los podría llamar ‘inconscientes sociales’, que se muestran asombrados cuando dramáticos eventos, como los ‘Papeles de Panamá’, la corrupción en Petroecuador o el caso Odebrecht, los expone a realidades en las cuales ellos realmente viven. Cuando era muy pequeño, mi mamá me leyó el cuento de Hans Christian Andersen de 1837: ‘El traje nuevo del emperador’, que trae la célebre frase del niño: “El emperador no tiene ropa”, revelando lo que sucede cuando se usa el engaño, el temor y la corrupción para convencer a la gente y pone de manifiesto lo ineficientes que son nuestros gobiernos y lo corruptos que pueden llegar a ser nuestros líderes.

El cuento trata acerca de un par de truhanes que convencen a un emperador muy aficionado a los trajes finos y vistosos, de que podían tejer una prenda estupenda y que, además, solamente la podían ver los honestos y capaces. Solicitaron las más finas sedas y oro y se pusieron a la tarea de ‘tejer’ en telares que no tenían nada, mientras ellos se embolsicaban de todo. El emperador pidió a su gente de confianza que fuera a ver el trabajo y todos admiraban la inexistente tela producida para no ser catalogados como deshonestos e incapaces. Finalmente, la pareja de embaucadores pidió al emperador que se desvistiera y se probara el nuevo ‘traje’ con el cual se paseó por la ciudad y todos le aclamaban y elogiaban la supuesta delicada prenda, hasta que un ingenuo niño gritó con candidez: “¡El emperador no tiene ropa!”. Lo cual pasó de boca en boca y el pueblo se dio cuenta del engaño.

En las elecciones próximas tenemos siete embaucadores, que a base de engaños y triquiñuelas, verdades a medias, embustes y calumnias, han tratado de desprestigiar a Lenín Moreno y Jorge Glas, ofreciendo chismes políticos que no tienen ningún sustento legal, presentándolas como verdades incuestionables. Han usado a pillastres de larga trayectoria que ahora lucen victimizados. Las palomas disparando a las escopetas. Y no hay duda de que poderosos intereses financian y están detrás de este tinglado de embustes. Han tejido una maraña de ‘trajes’ inexistentes que desean que la gente los vea y acepte, so pena de ser catalogados de inmorales. No hay propuestas reales en estos siete candidatos, solamente un notorio anticorreísmo que se refleja en un odioso ataque a nuestros partidarios.

Pero la democracia requiere de cooperación y cercanía con el pueblo y, lo más importante, depende de que la gente esté bien informada. Los ciudadanos y sus líderes deben tener responsabilidad social para no caer en el ciego patriotismo que frecuentemente termina en un fundamentalismo fanático. No necesitamos un religioso banquero, que por la obra de Dios fue testigo y actor (se peca por acción y por omisión) del feriado bancario; tampoco de quien cree que con maternal arrullo nos va a solucionar nuestros problemas, que son regionales y mundiales; y mucho peor del héroe guerrero, prohombre del oportunismo político que ha pactado con todo aquello que combatimos en la Izquierda Democrática. Del resto mejor no hablar, pues son comparsas en un circo mal montado. Por eso necesitamos de la sabiduría, tranquilidad y cordura de Lenín, pues solamente quien ha sufrido puede entender el dolor ajeno.

Y no hay duda de que Jorge es un buen ingeniero y un efectivo administrador; lo ha probado desde su muy temprana juventud. Ahora pueden entender por qué yo voy a votar por ellos. (O)