Jueves, 06 Octubre 2016 00:00 Columnistas

Análisis

¿Por qué Nebot no pudo seducir a Rodas, Moncayo y Carrasco?

¿Por qué Nebot no pudo seducir a Rodas, Moncayo y Carrasco?
Orlando Pérez, Director de El Telégrafo

El alcalde de Guayaquil no oculta su decepción. Y por si fuese poco: pedir la renuncia de Paco Moncayo, Guillermo Lasso y Cynthia Viteri suena a un grito desesperado, quizá, por la evidencia de las encuestas y el clima político a favor de las candidaturas de Lenín Moreno y Jorge Glas.

Pero hay algo más: su “Unidad” (aquella forjada en Guaranda) la imaginó con dos autoridades, aparentemente, potentes en ese momento: Paúl Carrasco y Mauricio Rodas. Osea: con columnas territoriales y supuesto apoyo local para que su candidata (Viteri) solo sirviera de eslabón nacional.

En su sabiduría, además, ayer Nebot soltó una de sus perlas: “Los políticos leen al revés los periódicos”. ¿Es decir que en esos medios estaba su estrategia (gracias a la generosidad de sus seguidores en la prensa, desde directores, editores y reporteros) y los demás no fueron capaces de entenderlo? ¿Ha sido suficientemente claro o sus palabras no revelan sus propósitos de fondo?

Entonces el “gran estratega” de la derecha perdió el olfato porque no consideró las realidades “reales” del alcalde quiteño (cada vez menos popular) y del poco peso nacional de Carrasco. Y ahora, frente a su propio fracaso, quiere meter segunda cuando el carro de su propio proyecto ya caminaba en cuarta. Eso -como dicen los consultores políticos- no es signo de solvencia y menos de sensatez.

Por lo pronto la dramaturgia de la política entra en escena: caras y gestos, palabras a medias y supuestas verdades, silencios y miradas de recelo solo indican que los cálculos fallaron. Por ejemplo: ¿Con qué cara puede Nebot hablar a sus seguidores de la Unidad si en esas filas aparecen personas como Ramiro González o César Montúfar? ¿No fue el mismísimo Carlos Vera quien denunció la traición y un séquito de socialcristianos prefirió el silencio a la hora de comentar la presencia de esos dos actores políticos, uno de ellos ligado estrechamente al Gobierno actual y el otro hasta hace poco con Lasso?

Quizá Nebot cosecha lo que sembró: crear la expectativa (falsa) de que pudo ser él quien liderara la Unidad inscribiendo su nombre en la papeleta presidencial. Como ya no tuvo a Rodas como su alfil ni a Carrasco como su caballo, la reina de su tablero no tiene salidas, ni una luz al final de túnel para, por lo menos, aspirar a una segunda vuelta y tampoco jalar una votación considerable para copar el espacio legislativo.

Por más esfuerzos que hagan los analistas conversos para favorecer una derrota del “correísmo” las cifras de la realidad prueban que el peso de la partidocracia es todavía débil para generar un entusiasmo en un electorado que solo ve en Nebot, González y Montúfar lo mismo de siempre, ese pesaroso pasado que todavía no se aleja del imaginario político.

El arribo de Lenín Moreno al Ecuador y la sorpresiva candidatura presidencial de Paco Moncayo movió el piso a Nebot y a su estrategia de concentrarse en armar una mayoría en la Asamblea. Nunca imaginó que su amigo el exalcalde de Quito le dijera NO a la insinuación de ser el “Vice” de Cynthia.

Nebot ha perdido una de sus mayores batallas y tiene un mes para remontarla o refugiarse definitivamente en la isla Mocolí. (O)

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