Para el nuevo gobierno

- 13 de Abril de 2017 - 00:00

No me gusta dar consejos, pero los viejos nos especializamos en darlos. Es por eso que me atrevo a usar la carta de despedida antes de su muerte de Gabriel García Márquez como tema para hacerle algunas recomendaciones a nuestro Presidente electo.

El Gabo inicia su adiós estableciendo su limitada naturaleza humana: “Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo”. Lo cual es válido tanto para el poeta como para el mandatario. Lenín no es Rafael. Y a pesar del mucho cariño y respeto que le tenemos a nuestro mashi Correa, no votamos por la continuidad de un estilo de gobierno, sino por la vigencia de nuestra Revolución Ciudadana.

Y continúa el Gabo: “Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan”. Y es necesario que este pensamiento lleve a los nuevos gobernantes y a su equipo a limitar conscientemente el uso del poder. Que sepan distinguir que lo que el pueblo les ha dado en las urnas es el poder, pero que ellos tienen que conseguir que dicho pueblo reconozca su autoridad. Y eso se hace con inteligencia, honradez y mucho trabajo apasionado, que son los fundamentos de nuestra revolución. No podemos permitir que en aras de la efectividad, que es el equilibrio entre la eficiencia de tener buenos procesos y la eficacia de cumplir con el objetivo, caigamos en manos de la corrupción.

Y aquí Lenín ya hizo un compromiso sagrado con la nación la noche del domingo 2 de abril, de luchar directa e intensamente contra todo tipo de corrupción. Y para eso el Gabo es muy taxativo: “Me apartaría de los necios, de los habladores, de las gentes con malas costumbres y actitudes”. Sobran mis palabras ante esta poderosa recomendación; sin embargo, el poeta añade: “Sería siempre honesto y mantendría llenas de amor y de atenciones a las personas a mi alrededor, siempre trataría de dar lo mejor”. Y es por una promesa igual que ganó Lenín esta dura campaña electoral.

“A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar”. Y es que todos los ecuatorianos somos casi unos niños, después de 45 años de petrolerismo, nos hemos vuelto muy cómodos y nos encantan los gobiernos paternalistas. Lenín debe entender que el pueblo necesita empleo, no dádivas. El resto viene por añadidura.  

Y por si acaso se pierda la humildad, el vate indica: “He aprendido que un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse”.

Francamente el poeta colombiano nos exhorta: “Nadie te recordará por tus nobles pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos”. Frente a una decadencia de principios y valores éticos, el nuevo gobierno debe rescatar aquello que fue nuestro ancestro moral.

“Finalmente, demuestra a tus amigos y seres queridos cuánto te importan”. Y estas palabras son el epitafio del laureado poeta. Y deberían ser las de un líder, a quien realmente le preocupa su gente y a la que ama entrañablemente. Pero sobre todo para que perduren nuestros sueños del Buen Vivir. (O)

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