Jueves, 23 Marzo 2017 00:00 Columnistas

"Para el mundo que haremos"

Tatiana Hidrovo Quiñónez

“Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.        
La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,        
de nuestra joven sangre venida de tu sangre.        
Saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos”. (Neruda)

América Latina es un milagro balcanizado que ha sobrevivido desde el siglo XIX, en medio de los avatares del capitalismo y el constante acecho de las fuerzas imperialistas. Más allá de los grandes líderes que han conducido los procesos, ha sido la cultura popular, la literatura comprometida y la permanente lucha de sus pueblos, desplegada a lo largo de doscientos años, la que ha logrado mantener este espacio social, contrapesando a las oligarquías serviles al sistema.

La lucha del pueblo latinoamericano, a veces en armas, otra veces en las calles y espacios de nuestras débiles democracias, no ha sido motivada históricamente por una conciencia de clase social, sino por factores concretos relacionados con la pobreza y la exclusión, resortes de grandes gestas, casi siempre conducidas por líderes carismáticos surgidos de segmentos medios, quienes han tomado partido por las causas de la emancipación, la soberanía, la igualdad, la paz y la unidad latinoamericana, basada en la existencia de una gran nación de naciones. En el propósito de construir el edén hemos soñado también en una suerte de felicidad barroca y colectiva, plagada de colores, forma y música.

En ningún rincón de Latinoamérica, desde que cayó el Imperio español, la acción popular ha estado ausente y ha dejado de bregar para concretar la igualdad, la soberanía y derechos políticos y sociales. En realidad, más allá del forcejeo y la correlación de fuerzas para controlar el Estado, la batalla política y aun cultural, de una u otra forma, ha sido relativamente ganada, aunque la guerra mayor, relacionada con los poderes fácticos y la concentración de la riqueza, sigue pendiente. No obstante, Latinoamérica existe.

El mundo está a las puertas de nuevos tiempos, tiempos sin salidas, tiempos en los que las crisis periódicas o parciales, por medio de las cuales se reacomodaban las condiciones y se producía el escape de la energía acumulada, ya no serán suficientes. El grado de la contradicción mayor entre el capital y el trabajo ha llegado a punto insostenible, y la tensión traspasa ahora las grandes fuerzas geopolíticas que tienen solo dos salidas: la guerra a escala mundial o los acuerdos, lo cual parece imposible por los intereses contrapuestos.

La población latinoamericana y ecuatoriana mantiene destrezas manuales y una vida relativamente sencilla ligada a espacios sociales, todo lo cual se despliega en una gran biodiversidad que permite la producción de bienes básicos para la subsistencia y para la producción de energía. Por ello y más, América Latina es quizás el único espacio geopolítico del mundo, que venciendo definitivamente a las fuerzas de derecha, tiene las condiciones para construir una red de Estados populares, capaces de materializar la democracia participativa, sin el peso excesivo de una tecnoburocracia; y por otra parte, una economía basada en la producción con alto componente de mano de obra, cuya activación esté destinada a crear trabajo digno y a la redistribución de bienes para la vida, encuadrada en una ética social y ambiental y en profundos valores de solidaridad, todos ellos principios que forman parte de los proyectos de izquierda.

Los poetas no se equivocan, porque describen la realidad hecha metáfora, canción y forma, pero al fin la realidad premonitoria. Por ello Neruda anticipó un mundo que haremos. (O)

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