Viernes, 07 Octubre 2016 00:00 Columnistas

No a la discriminación, el racismo y la guerra

Pablo Salgado Jácome

A pesar de que en las redes sociales tratamos de mantenernos alejados de tanta grosería, insulto y procacidad inútil y  mal intencionada. A pesar que tratamos, cada tanto, de limpiar nuestros muros y desprendernos de todos aquellos que se colaron para insultar y agredir. Y a pesar de que intentamos mantener diálogos y discusiones inteligentes, al final casi siempre terminamos decepcionados. Y más aún, si se trata de personajes públicos, de autoridades o periodistas con ciertos niveles de credibilidad.

Por ejemplo, encontrarnos con el pedido de Juan Carlos Solines de un certificado -neutral- de salud para el candidato Lenín Moreno, indigna y revela la condición humana del solicitante.

O aquella afirmación del presentador Pinoargote, quien empeñado en atacar al presidente Correa, afirma que la dictadura de Pinochet tenía “estabilidad”. Ignorando que esa “estabilidad” generó uno de los países más inequitativos del Continente, cuyas consecuencias los chilenos las sufren hasta el día de hoy.  Y lo que es peor, sin importarle  ofender a miles de familiares de las víctimas de los perseguidos, torturados o desaparecidos. Cuando se le exigió disculpas, se negó con prepotencia y arrogancia, propias de los serviles a las dictaduras  y no de un periodista responsable.

O como las declaraciones, sin duda discriminatorias y racistas, de Álex de la Torre, quien preside la Comisión de Disciplina de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. El año pasado, el DT de Aucas, Carlos Ischia, insultó a un árbitro llamándolo “negro bobo”, por lo que la Comisión de Disciplina le impuso  6 fechas de sanción. Ischia siempre lo negó y pidió disculpas.

Ahora, el jugador de Barcelona, Damián Díaz, insulta al árbitro llamándolo “árbitro concha tu madre; ladrón hijo de puta”. Y le imponen solo 4 fechas de sanción. Y el señor De la Torre lo explica afirmando que “no es insulto racista porque el árbitro es negro”. ¿En dónde estamos?. Es de locos. Y lo más grave es que la propia Asociación Ecuatoriana de Futbolistas emite un comunicado respaldando no al ofendido -el árbitro- sino al agresor, al jugador Díaz. Insólito. Pero es más, el propio presidente Correa lo justifica asegurando, en un tuit, que “es fruto de la calentura”.

La propia FIFA es muy drástica en sancionar expresiones discriminatorias en los estadios y pide a todas sus federaciones que también lo sean. Este episodio no es aislado.

Por el contrario, es la confirmación de ese racismo solapado que existe en nuestro país. Discriminación y racismo que se oculta cuando la selección gana y florece cuando pierde. Pero además hay de nuevo brotes de regionalismo que es necesario extirpar de raíz. Y que ojalá no sean parte de la próxima campaña electoral, a pesar de que las redes sociales ya están llenas de esas expresiones de violencia y odio.

Y de otro lado, nos duele el No de Colombia. La paz es una imperiosa necesidad luego de 52 años de guerra, violencia y muerte. Por ello, estamos seguros de que la paz es un proceso irreversible y que nos corresponde a todos construirla. (O)

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