Viernes, 03 Febrero 2017 00:00 Columnistas

Ni bobos ni tontos; no al baratillo de ofertas

Pablo Salgado Jácome

Escuchar a un gran número de candidatos a la Asamblea Nacional es de horror. No solo que dicen cualquier cosa, sino que ni siquiera se han tomado la molestia de leer la Constitución y conocer las responsabilidades de las funciones que ocuparán en caso de ser elegidos.  

La selección en los partidos y movimientos no se realiza de acuerdo a los méritos de cada uno de los candidatos y sus capacidades para ocupar tan alta responsabilidad; dictar las leyes que normarán la vida de los ecuatorianos. Por el contrario, seleccionan a sus candidatos en relación a las encuestas; a su popularidad, a que sean conocidos, aunque sea a través de una pantalla de televisión; a sus relaciones personales con determinados líderes del movimiento o simplemente en función de su capacidad económica. Y en esto, sin excepciones, los partidos y movimientos nos quedan debiendo.  

Al escucharlos, en ocasiones, lo único que queremos es apagar la luz e irnos. Y olvidarnos que las elecciones son eso: la posibilidad de elegir entre los mejores para que nos representen. En la práctica ocurre lo contrario, los mejores no quieren estar en esas listas. Prefieren mirar de lejos; no contaminarse. Y debemos conformarnos con las poquísimas excepciones. Y con los de siempre, los que más mal que bien han estado en la política, en la Asamblea, y quieren seguir estándolo. Hay una gran irresponsabilidad en las listas que nos presentan como opción a los electores. Y por ello, no queda más que aceptar de mala gana que votaremos por la lista del candidato presidencial favorito. Y en plancha. Es decir, no hemos logrado dar ese salto cualitativo tan necesario para profundizar y mejorar la calidad de nuestra democracia. Si la anterior Asamblea Nacional nos quedó debiendo, seguro la que viene, por la calidad de los candidatos que integran las listas, será peor.

La campaña electoral es una gran oportunidad para confrontar propuestas, planes y proyectos de país. Es -además- un espacio para debatir ideas, reflexionar en torno al presente y futuro que queremos. Y es también un espacio para los nuevos líderes, aquellos jóvenes que, con propuestas frescas e innovadoras, puedan renovar el ejercicio de la política. Pero no, nada de esto forma parte de la campaña electoral que ahora mismo vivimos.

Los candidatos de oposición han cimentado su campaña en atacar y atacar al Gobierno y sus candidatos, desconociendo todo. Y nos pintan un país al borde del despeñadero. Todo está mal y nada se ha hecho. Ciegos por la amargura de haber perdido sus privilegios. Pero su mayor equivocación está en creer que los electores somos bobos y tontos, y que no somos conscientes de los cambios realizados en los últimos diez años. Y quizá esa sea la mayor ventaja para el binomio de Alianza PAIS: la ceguera de la oposición.

Y también creen que los ecuatorianos olvidamos pronto y nuestra memoria es corta. Pues, no. Todavía recordamos, porque lo vivimos en carne propia, la represión y el estado de sitio del gobierno socialcristiano de Febres-Cordero, en el cual -además- se repartieron el país del modo más grosero e infame. Y tampoco olvidamos el feriado bancario, del cual fue parte el banquero candidato. Y no lo olvidamos porque afectó de modo directo a millones de ecuatorianos pobres, mientras los banqueros, a hurtadillas, sacaron los dineros mal habidos a paraísos fiscales.  

Por ello, que no nos engañen con el gran baratillo de ofertas. Que la mediocridad de la campaña no nos ciegue. Que seamos lo suficientemente inteligentes para discernir y elegir con responsabilidad. (O)

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