Sábado, 10 Junio 2017 00:00 Columnistas

Negritud o afrodescendencia

Juan Montaño Escobar

“Yo no soy afrodescendiente, soy negro”, este molesto ‘oscurecimiento’ ha sido estampado en el rostro negro de este jazzman, acá y allá, por hermanos y hermanas que suponen una definición engañosa, para esconder el racismo. Algunas amistades caritas blancas creen que me hacen un favor devolviéndome al inicio de la modernidad (finales del siglo XV). “Pero tú no eres africano, tú eres negro ecuatoriano”, me explican casi dibujando el mapamundi. Hay quienes secan tinteros para demostrar mediante historia, antropología, geografía y “bio-melanina” que son eso, ‘negros’ y no ‘afrodescendientes’. Unas izquierdas y derechas, ambas reaccionarias y racistas, declaradas “amigas del Pueblo Negro (mayúsculas de JME)” concluyen que es esnobismo, melanofobia e imposición del imperialismo del norte.

    Mediante Resolución 68/237 aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 23 de diciembre de 2013, se proclamó el Decenio Internacional de los Afrodescendientes. Aquella palabra compuesta descompuso foros y reuniones, más tiempo se dedicó a entender la descendencia africana que a los objetivos del Programa de Actividades del Decenio. Oshum dale paciencia a este cimarrón barriobajero, porque ha escuchado burlas originadas en los cómics de Tarzán, ironías teoréticas o doctorales explicaciones forradas de eurocentrismos. Muchos de nosotros no tenemos problemas shakesperianos (¿ser o no ser?) con la raíz africana o con la abundancia de melanina; tampoco el racismo opresor los tiene. Mala suerte.

    Pero el falso dilema (afrodescendencia o negritud) ocupa tiempo y espacio en conversatorios, su persistencia corresponde al sentido común, que fue y aún es asediado por siglos para justificar y legitimar despojos tanto de la voluntad de vida como de bienes materiales. Las razas humanas fueron creaciones de los reinos europeos para la inicial acumulación de riquezas (capitalismo originario) y colonizar naciones, se escribieron tratados defendidos como certezas científicas y se determinó una estética para re-humanizarse ellos y deshumanizar al otro, por lo que fuera, por tonalidad de piel, forma del cabello, sistema civilizatorio, religiosidad e idioma. Antes de aquello, las referencias a la gente africana cuando se ocupaban del color de la piel tenían motivos geográficos, eso fue por miles de años. El cambio ocurrió en los últimos quinientos y por derivación hegemónica social y política continúa.

    Esta discutida dicotomía nos lleva a lidiar con y por el sentido común de mujeres y hombres, afrodescendientes; no es incomodidad superficial o complejidades mal procesadas por nuestro imaginario, de ninguna manera. Desde lo negro es bonito (black is beautiful) pasando por el llamado político al poder negro (black power) llegando a la vida de la gente negra importa (black lives matter) en Estados Unidos hasta las constituciones de 1998 y 2008 de nuestro país hay una constante revolucionaria de afirmación personal y colectiva.  (O)

 

ENLACE CORTO

Google Adsense

Google Adsense