Sábado, 21 Enero 2017 00:00 Columnistas

Los que gobiernan el mundo

Melania Mora Witt

Tres mil personas participan en la asamblea # 46 del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Los asistentes- rigurosamente escogidos- son 40 jefes de Estado y Gobierno; dirigentes de organismos de carácter mundial como la ONU, el FMI y una nutrida delegación de  ONG, políticos, millonarios y banqueros. Por primera vez asiste el presidente de  China Xi Jinping, mientras es clara la ausencia del mandatario norteamericano Donald Trump, en vísperas de su asunción al poder.

La Asamblea se propone abordar en 400 sesiones, desafíos clave como el fortalecimiento de la colaboración mundial- nombre que se da a la globalización-; revitalizar el crecimiento económico; reformar el Capitalismo de mercado y prepararse masivamente para la denominada cuarta revolución industrial. Ello en momentos en que se produjo el primer cisma con el abandono de la Unión Europea por parte de Gran Bretaña y Trump lanza lemas proteccionistas que le dieron la victoria. Al tiempo, frente a problemas relacionados con la imparable ola de inmigrantes que buscan asilo en Europa reaparecen los fantasmas del neofascismo que amenazan con tomar el poder en países como Francia.

Aún a las altas esferas en que se mueven los privilegiados asistentes, llega la frustración y descontento de gran parte de la población mundial, derivados de la ya inocultable  disparidad  entre el crecimiento y la distribución de la riqueza. Oxfam Internacional presentó al Foro un documento en el cual explica cómo únicamente 8 personas en todo el planeta poseen tanta riqueza como la mitad más pobre de la población mundial. En la lista están Bill Gates, Amancio Ortega, Warren Buffet, Carlos Slim, entre otros, cuya riqueza alcanza la bonita suma de 427.200 millones de dólares. Un supermillonario, resultado de la concentración creciente de la riqueza, necesitaría  según la entidad,  2.738 años para gastar un millón de dólares anuales, ‘mientras una de cada 10 personas vive con menos de dos dólares diarios’.

El orden internacional nacido de la segunda guerra mundial se resquebraja y en lugar del idílico mundo unipolar que la desaparición del régimen  socialista en Europa auguraba, hay una clara tendencia al multilateralismo en el cual China se perfila como la nueva potencia guía. Xi Jinping habló de un plan para liderar esfuerzos globales a fin de reencauzar la globalización, eliminando sus impactos negativos y tornándola inclusiva socialmente. Condenó el proteccionismo en alusión a los planes de Trump y manifestó su interés en la Zona de Libre Comercio Asia- Pacífico, en la que –sin decirlo- China tendría el papel dirigente.

Es paradójico el entusiasmo con que las palabras del presidente chino fueron acogidas. Ante el temor suscitado por el proyecto Trump y los ‘populismos’ opuestos a la globalización, los dirigentes elogiaron la ‘madurez’ del líder asiático y recobraron el optimismo acerca de su propio futuro. Eso demuestra que el idílico escenario imaginado al ‘fin de la historia’ tiene los días contados y nuevas perspectivas deben ser admitidas, si esa élite se propone seguir gobernando al mundo. (O)

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