Los neoliberales son peligrosos

- 14 de Julio de 2017 - 00:00

Cada día que pasa, el usurpador Michel Temer tiene mayores dificultades para sostenerse en el poder. En efecto, los mismos grupos fácticos que lo llevaron a la presidencia, planean ahora quitarlo del camino para que el régimen pueda reciclarse y no haya necesidad de convocar a elecciones populares anticipadas. La cadena Globo -una vez más- aparece como parte de la vanguardia que maneja esta operación.

La última acción neoliberal del desgobierno de Temer fue la aprobación en el Senado de reformas a varias leyes con el fin de ‘flexibilizar’ las relaciones laborales. La Cámara de Diputados las había aprobado en abril 2017; en tanto que el Senado lo hizo el 11 del presente mes con 50 votos a favor, 26 en contra y 1 abstención. Según varias encuestadoras, el 80% de los brasileños se opone a tales cambios.

El nuevo marco legal da valor a los acuerdos negociados por sector o empresas, aunque no se ajusten a la normativa vigente. Según el Gobierno, esto permitirá que las vacaciones anuales sean divididas hasta en tres partes y que se pueda negociar la jornada de trabajo. Además, introduce la posibilidad de una ‘jornada intermitente’ con el pago de salarios sobre una base horaria o por jornada, y no mensual; regula el trabajo desde el hogar y abre la posibilidad de negociar hasta el horario de almuerzo. Con descaro, Temer y su ministro de Hacienda, Henrique Mirelles, sostienen que las medidas tienen como objetivo generar mayor empleo.

En estos días Michel Temer fue denunciado por el procurador general, Rodrigo Janot, luego de la delación del empresario Joesley Batista -propietario de una multinacional de carnes- quien grabó al presidente avalando el pago de sobornos. Las élites políticas y empresariales brasileñas están conformes con el reemplazo de Temer: se trata del conservador Rodrigo Maia, del Partido Demócrata, quien actualmente ocupa el cargo de presidente de la Cámara de Diputados.

Es un secreto a voces que Maia ya está negociando la composición de su futuro gabinete, en donde continuaría Meirelles, garantizando la política económica neoliberal para tranquilizar a los poderosos ‘mercados’. Hay dos cosas que interesan a la derecha brasileña: la continuidad de las políticas neoliberales, y el alcanzar un ‘gran acuerdo’ para obstaculizar o parar el avance de la operación Lava Jato y así salvar a los políticos acusados de corrupción que aún no están presos.

Los poderes fácticos brasileños no quieren arriesgarse a resolver el problema de la sucesión a Temer en las urnas. Es mejor -y más seguro para sus propósitos- el juicio y posterior destitución de Temer y el reemplazo por Maia vía Parlamento.

Para no dejar ninguna pieza suelta en el tablero, el juez federal de primera instancia, Sergio Moro, encontró a Luiz Inácio Lula culpable de los delitos de corrupción pasiva y lavado de dinero y lo condenó a 9 años y 6 meses de prisión. Lula apelará y su caso pasará a una segunda instancia que deberá pronunciarse a mediados o hasta finales de 2018. La intención es clara: impedir un nuevo triunfo del PT para que el pueblo brasileño no pueda recuperar lo que los neoliberales le arrebataron. La derecha -en todos los países del planeta- no descansa un solo minuto. (O)

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